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Faro de Vigo

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La otra factura de las horas extra

Sindicatos de Vitrasa calculan que se podría incorporar a 30 trabajadores a jornada completa con el “exceso” de jornada que están realizando

Manifestación del pasado noviembre durante la huelga. P. HERNÁNDEZ

Los conductores de la empresa que tiene la concesión del transporte público de Vigo están “al límite de sus capacidades”. Según los datos que maneja el comité de empresa de Vitrasa, durante el año 2019, último en el que se desarrollaron los servicios de transporte con normalidad, el conjunto de los conductores realizó alrededor de 50.000 horas extra. El informe de horas, facilitado al comité por la dirección de la empresa revela casos en los que, en un periodo de tres meses, algunos conductores solamente han descansado diez días. Los datos los ratifican y suscriben absolutamente todos los delegados que conforman el comité, sin importar el color de la organización sindical en la que militan, que por orden de presencia son: CC OO (5), CIG (4), USO (2) y UGT (2).

Aunque el artículo 35 del Estatuto de los Trabajadores fija en ochenta el número máximo de horas extraordinarias que puede realizar un trabajador al año, existen conductores que, en apenas un trimestre, superan holgadamente la barrera de las 110. “La presión a la que estamos sometidos es brutal. Además, también es un riesgo para nuestra salud y para la de los propios pasajeros”, explica uno de los delegados del comité de empresa. “A Vitrasa le sale el negocio redondo. En nuestro convenio, la hora extra nos la pagan al precio de la ordinaria. ¿Para qué van a contratar más gente si pueden funcionar así?”, denuncia otro de los representantes sindicales. Los delegados de Vitrasa también están de acuerdo en que la empresa tiene, “al menos, sesenta conductores formados en su casa” y que ya han trabajado para ella como eventuales: “El truco que utilizan es jugar con la antigüedad. Los contratan unos meses, luego trabajan en otro lugar y, de nuevo, los vuelven a llamar”, añaden desde el comité. De esta forma, explican, la empresa sortea la antigüedad de las relaciones laborales que les obligaría a ejecutar contrataciones indefinidas: “Llevan desde 2019 sin firmar un solo contrato indefinido”. Además, también explican que, en sus dársenas, “guardan treinta autobuses que están listos para usar”.

Estas son algunas de las reivindicaciones que, a finales de año, llevaron al comité a convocar una huelga que duró 18 días y que han suspendido temporalmente con los votos en contra de la CIG. Durante ese periodo, los trabajadores también hicieron hincapié en que tal y cómo están configuradas las líneas, se ven “forzados a eliminar” sus descansos durante la jornada.

Desde finales de diciembre, colectivos vecinales de toda la ciudad se han hecho eco de reducciones severas de algunas de las líneas que comunica zonas rurales de la ciudad. Aunque Vitrasa lo etiquetó como un “servizo de Nadal”, tras la presión de los sindicatos explicó que la reducción se debía al “absentismo laboral” causado por bajas derivadas de la pandemia. El comité niega esa afección por COVID-19 y señala que la mayoría de las bajas que siguen activas a día de hoy vienen derivadas de “situaciones de estrés continuo”.

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