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Ahogamientos infantiles en Galicia: entre las 3 y las 6 de la tarde por despistes familiares

La UVigo elabora el primer estudio exhaustivo en Galicia con datos del 061 de los últimos 16 años

Un bebé se baña en una piscina hinchable en su vivienda familiar. |   // FDV

Un bebé se baña en una piscina hinchable en su vivienda familiar. | // FDV

El ahogamiento es una de las principales causas de muerte no intencional y afecta especialmente a niños y jóvenes. Pero esta pandemia invisible está infravalorada. La UVigo ha elaborado un pionero y exhaustivo estudio en Galicia, a partir de los datos recogidos por el 061 durante los últimos 16 años, que revela su auténtica incidencia –más de un millar de personas fueron atendidas entre 2004 y 2020– y trata de “dibujar el mapa real” de su alcance.

La investigación está siendo desarrollada por el grupo Remoss (Rendimiento y Motricidad del Salvamento y Socorrismo) y la médico del 061 Patricia Sánchez Lloria. Sus resultados permitirán conocer la incidencia por franjas de edad, horas del día e incluso por cada concello de Galicia, además de determinar el coste de las asistencias, para que las administraciones puedan poner en marcha campañas de prevención específicas.

Las primeras conclusiones ya arrojan datos de gran interés. Obviamente, los meses de verano concentran el 80% de los ahogamientos. Y, durante este periodo, se producen tantas muertes durante los días de semana como los viernes, sábados y domingos. Las provincias con mayor número de casos son A Coruña, con el 44,1%, y Pontevedra, con el 34,6%.

Cadena de supervivencia FDV

Pero el principal dato a tener en cuenta es que la mayor parte de ahogamientos infantiles y juveniles en los últimos casi 20 años tuvieron lugar entre las 3 y las 6 de la tarde. “La hora de mayor incidencia coincide con las comidas y las siestas, cuando se produce una falta de supervisión directa. Hay que concienciar a los padres de que es un momento de especial atención”, subraya Roberto Barcala, doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y coordinador del grupo Remoss.

Seis de cada diez niños fallecidos de 0 a 4 años se ahogaron en piscinas; entre 5 y 9 años, el porcentaje es el mismo en albercas que en playas, ríos o embalses ; y de 10 a 15 años, el 70% murió en espacios naturales, sobre todo, en playas.

“Los ahogamientos se producen, principalmente, por falta de supervisión en playas donde no hay socorristas o en piscinas particulares por despistes de los padres. Esta información tiene que valer tanto a las familias como a las administraciones para concienciarse y hacer campañas focalizadas. La prevención, en la familia y el colegio, es la herramienta más importante”, insiste Barcala.

En este sentido, el experto aboga por enseñar a los más pequeños el significado del color de las banderas sobre las condiciones para el baño y también a respetarlas. Por su parte, los adultos no deben bajar la guardia en ningún momento: “Los niños nunca se deben bañar solos y la supervisión debe ser directa, es decir, no desde la arena sino a un brazo de distancia”.

No es recomendable usar manguitos y flotadores

También advierte sobre manguitos y flotadores: “Pueden aportar una falsa sensación de seguridad, hacer que relajemos la atención sobre nuestros hijos y que se desencadene un accidente, por ejemplo, que se deshinchen o que el niño se gire y quede boca abajo. El único dispositivo recomendable es el chaleco salvavidas e, incluso así, también se necesita supervisión”.

Estas recomendaciones resultan de vital importancia ante la tendencia, incrementada tras la pandemia, a instalar piscinas de plástico en balcones y fincas: “Un niño se ahoga en 20 centímetros. No somos conscientes del riesgo, pero cualquier pequeño espacio con agua es potencialmente peligroso. El kit completo de una piscina para casa debería incluir un cierre. Está demostrado que la mejor medida de prevención es una valla perimetral con algún tipo de cierre”.

La pandemia no ha afectado a los registros de ahogamientos en Galicia, puesto que el verano pasado se pudo ir a las playas. Y, sin embargo, sí ha llevado a los bañistas a buscar arenales más remotos, menos concurridos, pero también sin servicio de socorrismo.

Tabla de riesgo

Tabla de riesgo

“Las administraciones deben apostar por contratar a socorristas y la gente debe buscar lugares de baño seguros”, indica Barcala, cuyo grupo ha participado en la elaboración de una tabla que permite a cualquier persona determinar su nivel de riesgo en función de 5 niveles de competencia acuática y 3 ambientes (piscinas, playas sin olas ni corrientes y playas con olas y corrientes). “Saber nadar y flotar en vertical y sobre la espalda permite estar seguro en una piscina, pero en A Lanzada tu riesgo es alto”, ejemplifica.

Barcala destaca que los ahogamientos son rápidos y que en 90 segundos una persona puede quedar completamente sumergida. “Son sutiles y silenciosos. Es un mito que el ahogado grite pidiendo socorro como vemos en las películas. De ahí la importancia de bañarse en playas vigiladas. Los socorristas son profesionales entrenados para prevenir y reconocer cuándo una persona se ahoga”, recalca.

Tiempo y daño

El estudio también revela que la mayoría de ahogamientos son de hombres –cuatro por cada mujer–. Y que el consumo de alcohol y otras sustancias es un desencadenante con una alta incidencia, sobre todo, en jóvenes. “Las capacidades de natación y la percepción del riesgo se ven alteradas. Si bebes no conduzcas, pero tampoco te bañes”, advierte Barcala, que también incluye en su recomendación a quienes se meten en el agua tras comer de forma abundante.

“El corte de digestión no existe pero si después de una comida copiosa no correrías una carrera popular tampoco te pongas a nadar de una boya a otra. Es cuestión de sentido común”, apunta.

“Muerte por amor”

Y en caso de que se produzca un caso de ahogamiento, Barcala recuerda que los rescates deben hacerlos los socorristas. “Si no lo somos, lo mejor es lanzar algo para que la persona flote o recogerlo desde una embarcación. Cuando hay más de una víctima, normalmente la segunda es el padre, la pareja o un amigo que intentó ayudar. Los australianos lo llaman ‘muerte por amor’. El ejemplo lo tuvimos en la playa del Orzán hace unos años”, recuerda.

Para evitar llegar a esta situaciones, muchos municipios gallegos sancionan a las personas que se saltan la prohibición de bañarse con la bandera roja izada. En Vigo, la multa oscila entre los 751 y los 1.500 euros y puede alcanzar los 3.000 euros si el infractor es reincidente.

“Además de todas estas recomendaciones, la población en su conjunto debería conocer la reanimación cardiopulmonar básica. La rapidez es fundamental, lo acabamos de ver en la Eurocopa. Si la población en general sabe hacerla y ocurre un incidente es posible reanimar a la víctima y darle una segunda oportunidad”, remarca.

El grupo Remoss, integrado por investigadores de diferentes disciplinas, se sitúa en la élite internacional de la investigación sobre el ahogamiento y mantiene colaboraciones con los mejores expertos a nivel mundial en Brasil, EE UU, Australia y Portugal. “Nuestros protocolos y recomendaciones están basados en evidencias globales que adaptamos a la realidad local”, destaca Barcala.

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