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¿Cómo se analiza la salud cardiovascular con las llamadas a las ambulancias?

El doctor Santiago Gestal, en la planta de Cardiología del Hospital Montecelo de Pontevedra.   | // RAFA VÁZQUEZ

El doctor Santiago Gestal, en la planta de Cardiología del Hospital Montecelo de Pontevedra. | // RAFA VÁZQUEZ

El cambio global afecta a nuestra salud y la ciencia ya ha ofrecido sobradas evidencias acerca de la relación entre la temperatura y la mortalidad en todo el mundo. Pero en España todavía son escasos los estudios que también incluyen los casos que no acaban con el fallecimiento del paciente y ni siquiera requieren un ingreso hospitalario. El doctor Santiago Gestal Romaní desarrolla un estudio pionero en el noroeste peninsular que se centra en evaluar el impacto de las variaciones térmicas en la enfermedad cardiovascular a partir de las llamadas a ambulancias.

Los primeros resultados referentes a las ciudades de Vigo y A Coruña revelan que los eventos cardiovasculares aumentan cuando las temperaturas máximas y mínimas diarias son “moderadamente bajas” en días fríos. No es necesario, por tanto, llegar a situaciones extremas para que se produzcan efectos en la salud de la población.

“La mayoría de estudios se centran en las olas de frío o calor, pero no evalúan realmente las temperaturas moderadas, que es lo que nosotros estamos valorando. Y hay una relación clara entre una temperatura máxima diaria baja y un aumento de los eventos cardiovasculares. También vemos un efecto de la temperatura mínima alta, pero no es tan significativo”, explica Gestal, que trabaja como cardiólogo en el Hospital Montecelo de Pontevedra.

El trabajo se basa en 70.537 llamadas al 061 –37.278 de ellas realizadas en Vigo– durante el periodo 2005-2017. La variabilidad estacional fue similar en ambas ciudades, el 59% de los pacientes eran mujeres y el 76,2% de todos ellos superaban los 64 años. Las enfermedades diagnosticadas con mayor frecuencia fueron accidente cerebrovascular, insuficiencia cardiaca y dolor de pecho de naturaleza isquémica.

Frente a otros estudios que relacionan temperatura ambiente y fallecimientos, centrándose en los casos más graves y, por tanto, en una “proporción limitada de pacientes”, este trabajo aporta “una mayor sensibilidad” porque cubre una mayor parte de la población.

Santiago Gestal: "Los resultados nos ayudan a definir qué recursos son necesarios y planes de prevención"

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“Los efectos de la temperatura sobre la morbilidad [cantidad de personas que enferman en un lugar y periodo determinados] no han sido tan estudiados. Y las llamadas a ambulancias nos permiten conocer pequeñas descompensaciones que se pueden resolver en el mismo lugar y que no precisan asistencia dentro del hospital”, explica.

Los resultados del estudio vinculan el número de llamadas a máximas y mínimas más bajas, lo que podría indicar que las bajas temperaturas se asocian con más avisos que las altas, al menos, en ciudades con un clima oceánico como son Vigo y A Coruña. Además, este mismo efecto también se detectó en investigaciones previas en Japón y Hamburgo.

Temperatura mínima de morbilidad

El doctor Gestal también determinó para ambas urbes la temperatura mínima de morbilidad (TMM), es decir, en la que se registran menos llamadas a los servicios de emergencia y a partir de la que se incrementa el riesgo de morbilidad. “En el caso de la temperatura máxima, la TMM en Vigo es de 15,4 ºC y en A Coruña, de 16,5 ºC. Y para temperaturas bajas sería de 28 y 28,3 ºC, respectivamente. No es que Vigo sea más frío, la diferencia se explicaría porque utilizamos los datos de la estación meteorológica ubicada en Peinador y en A Coruña, de la que está a nivel del mar”, puntualiza.

La aparición de efectos a bajas temperaturas se demora entre 3 y 6 días en Vigo y de 4 a 11 en A Coruña. Mientras que, a altas temperaturas, “son inmediatos y se producen en las primeras 24-48 horas”.

“En nuestro estudio no analizamos el ‘efecto cosecha’ pero en otras investigaciones se ve que durante los primeros días de bajada o incremento de temperaturas se suelen registrar más eventos cardiovasculares. La primera ola de calor del verano, por ejemplo, produce un impacto mayor que las siguientes porque hay unos pacientes susceptibles de no soportar esos cambios”, comenta el doctor Gestal.

Las poblaciones más vulnerables a las variaciones de temperatura son los niños, en el caso de las olas de calor, y los mayores, tanto en las de calor como en las de frío: “La gente de más edad tiene una mayor tendencia a sufrir descompensaciones. Pero también se pueden ver afectadas las personas de entre 0 y 40 años, por ejemplo, aquellos que trabajan en el exterior”.

Los efectos dependen asimismo de la región, tal y como apuntan investigaciones realizadas en EE UU. “Son más marcados en Chicago, con un clima más parecido al nuestro, que en Phoenix (Arizona), porque sus habitantes están menos acostumbrados a ciertas temperaturas. El impacto depende de la localización, el nivel de pobreza o lo adaptado que esté una ciudad o un país. A una persona de Sevilla, por ejemplo, no le va a afectar tanto la misma temperatura elevada que a otra de Vigo, porque allí tienen más formas de combatir el calor”, apunta.

El estudio forma parte de su tesis doctoral, que desarrolla en el grupo de Epidemiología y Salud Pública de la Universidad de Santiago y bajo la dirección de Dominic Royé, doctor en Geografía física, y Adolfo Figueiras, catedrático de Medicina Preventiva. Junto a ellos y Luis Sánchez Santos, de la Fundación Pública Urxencias Sanitarias de Galicia-06, acaba de firmar el primer artículo científico relacionado con estas investigaciones en la revista International Journal of Environmental Research and Public Health.

Mitigar efectos y optimizar servicios sanitarios

El impacto de las temperaturas moderadas altas y bajas que ratifica este estudio debería ser tenido en cuenta por los gestores sanitarios a la hora de atender y proteger a los ciudadanos. “Los resultados de esta investigación pueden ayudar a definir los recursos necesarios, por ejemplo, qué tipo de ambulancias o cuántas van a ser demandadas en determinados días, y también a elaborar planes de prevención para que la gente vulnerable esté preparada”, plantea Santiago Gestal. La ventaja de este tipo de estudios radica en que conocer los rangos de temperatura con mayor impacto facilita el diseño de intervenciones para mitigar la exposición de los ciudadanos, y permite optimizar los servicios sanitarios. “Debido al cambio climático se esperan más eventos relacionados con olas de calor y frío que repercutirán en la salud. Cuando empiezan las estaciones de frío, ya observamos ahora como un gran número de pacientes ingresan al cabo de unos días y que las guardias son muy malas. Esta percepctión que ya teníamos la ratifica el estudio”, añade el cardiólogo.

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