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Institutos separan a 15.000 alumnos en clases en función de sus capacidades

Galicia es la autonomía que menos segrega a los estudiantes por su nivel educativo | PISA considera este tipo de organización negativa para el rendimiento de los jóvenes

La obligación y el derecho a la educación transforma los colegios en verdaderos termómetros sociales, evidenciando la gran diversidad que existe entre la población. Luego, son las escuelas las que deciden cómo agrupar a sus alumnos en el aula. Una de las opciones es hacerlo en función de sus capacidades. En Galicia, cerca de 15.000 estudiantes son sometidos a este tipo de organización en Secundaria y Bachillerato. Suponen el 12% del total de matriculados, según un informe elaborado por PISA, que considera que este tipo de estructuración de las clases condiciona negativamente el rendimiento de los chavales. Los expertos también lo rechazan por su carácter discriminatorio, ya que aumenta el riesgo de exclusión social de los niños con peor nivel académico.

La tasa gallega, del 12%, es de las más bajas entre los países europeos

En PISA 2018, se preguntó a los directores de los centros por la forma de agrupar a los jóvenes. En este sentido, y con la finalidad de conseguir una enseñanza más homogénea, se señala que el 12% de los alumnos gallegos son segregados por sus capacidades. En concreto, el 2% en todas las asignaturas y el 10% en algunas materias, mientras que el 88% restante no es estructurado bajo estos parámetros. En cifras absolutas, esto quiere decir que de las más de 123.000 personas matriculadas en Secundaria y Bachillerato en el curso 2018-19, unas 2.500 fueron separadas en todas sus clases por su nivel de destreza. Asimismo, otras 12.500 también fueron diferenciadas en alguna disciplina.

“La segregación clara, digamos oficial, la de aquí van unos y allí van otros, a lo mejor no se ve tanto. Pero hay muchas formas de realizar estas orientaciones. Hay alumnos que eligen la optativa más fácil. Y, al final, esas son clases menos motivadas e intelectuales”, esgrime Hipólito Puente, profesor en la UVigo del área de Psicología Evolutiva y de la Educación.

  • "Hay alumnos que eligen la optativa más fácil. Y, al final, esas son clases menos motivadas e intelectuales”

    Hipólito Puente

En cualquier caso, con estos datos, Galicia es la comunidad que menos divide a los estudiantes por su nivel educativo. De hecho, en el conjunto de España, el porcentaje de chicos y chicas que son agrupados en clases bajo estas directrices alcanza el 38%, 26 puntos más que en la autonomía gallega. Sin ir más lejos, la diferencia con Cataluña es mayúscula, ya que esta es la región más separatista: el 70% de los niños van en aula u otra dependiendo de su rendimiento.

Si se comparan estos resultados con los de otros países, que también analiza PISA, Galicia se sitúa de nuevo entre los lugares con menor tasa. El puesto más bajo lo ocupa Grecia, con el 10%, solo dos puntos menos. Australia e Islandia son las otras dos naciones con datos más positivos (11%). Por su parte, Portugal empata con Galicia. En Reino Unido, por ejemplo, prácticamente la totalidad de estudiantes acuden a centros con este tipo de organización horizontal (eso sí, el 92% se ve afectado solo en algunas materias).

  • "Las circunstancias de cada uno enriquecen el desarrollo no solo en ámbitos académicos, también en emocionales y de socialización”

    Manuel Bragado

Con todo, los autores del informe observan que “la relación entre el rendimiento en lectura y la agrupación del alumnado por capacidades es negativa”. Los expertos no difieren y opinan que la razón de esta segregación “no se basa en hechos científicos, sino en suposiciones”. Los grupos heterogéneos son mucho “más positivos”. Así lo expresa Manuel Bragado, orientador educativo en dos centros: “El agrupamiento inclusivo es muy interesante. Las circunstancias de cada uno enriquecen el desarrollo no solo en ámbitos académicos, sino muy especialmente en emocionales y de socialización”.

“Agrupar por rendimiento tiene riesgos de discriminación”

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Cuenta Hipólito Puente que, cuando se segrega por rendimiento académico, son “varios” los argumentos que se suelen dar. El que más es el de que “el profesor adapta mejor las actividades a las capacidades del grupo”. También se dice que “los estudiantes pueden sentirse más cómodos al no tener compañeros que van a un compás más lento” y que, por lo tanto, “no se limita el ritmo de aprendizaje de los más avanzados”. Otra de las razones sería que los chavales “pueden sentir menos presión al no tener que ayudar a otros que tienen menos nivel educativo”. Estos son los juicios que apoyan una organización homogénea; no obstante, desde su punto de vista, “todo eso no justifica en absoluto la segregación”. Además de ser “falsas creencias” e impedir los efectos positivos de una clase heterogénea. “Mejora el rendimiento de todos. Entre otras cosas, porque se explican las cosas unos a otros, tienen que elaborar un mensaje para que el otro lo entienda... Todo eso conlleva ventajas para ambos”, empieza Puente. A mayor productividad, se ven más competentes, “y la competencia es la penicilina de la autoestima”. Por otro lado, “facilita la inclusión de alumnado con discapacidades”, ya que los jóvenes desarrollan habilidades como “el respeto, la solidaridad o la empatía”. Por su parte, Manuel Bragado concuerda con que agrupar por capacidades “tiene riesgos de discriminación”. “Nuestro sistema educativo, a pesar de sus carencias, tiene un espíritu más inclusivo”, destaca. “No creo en la diferenciación de aulas de hombres y mujeres y tampoco en la segregación por niveles competenciales”, recalca, pues piensa que hay que “preservar los principios de igualdad y equidad”, que son “básicos en la educación obligatoria”. “La educación no puede ser concebida como una carrera de velocidad. Al contrario: la educación es una conquista de los aprendizajes en un ámbito de socialización entre iguales”, insiste. Por último, lo diferencia de la atención individualizada, la cual es “fundamental”. Por ello justifica que un alumno con altas capacidades sí pueda flexibilizar “uno o dos cursos”.

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