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“Todos tenemos un lado oscuro”

“No tiene sentido erradicarlo, hay que indagar en su origen, que creo que se corresponde con esa necesidad que tenemos de ser amados”, dice la autora de “La última paloma”, una novela negra ambientada en Rota

Men Marías

Men Marías

Licenciada en Derecho y abogada en ejercicio durante 23 años, la granadina Men Marías debutó como escritora con “Putaka pescados y mariscos”, galardonada con el Premio Martín Gaite en 2017. Ahora se estrena en la novela negra, género de la que es tutora en su ciudad, con “La última paloma” (Planeta), un thriller ubicado en la localidad gaditana de Rota en el que a partir de un brutal asesinato de una joven en el presente se ahonda en el pasado y el lado oscuro de la base militar americana que se instaló allí en los años 50 del siglo pasado.

– ¿Qué surgió antes, la historia o el lugar, y por qué escogió Rota?

– Tenía claro que quería escribir una novela negra encuadrada en Andalucía y buscando un escenario llegué a la historia de la base naval y la llegada de los americanos, algo que está en el imaginario común, junto a Torrejón de Ardoz, Morón y Zaragoza. Cuando me empecé a adentrar , descubrí una historia que a mí me dejó fascinada y decidí que ese sería el escenario.

– ¿Qué sabía del lado oscuro de esa base y qué descubrió cuando se documentó?

– No sabía nada, cuando me puse a documentarme me llevé la sorpresa de que solo encontré algún documental que hablaba de la música flamenca mezclada con el rock y poco más. Así que me fui a Rota y me entrevisté con gente maravillosa, con unas ganas de hablar tremendas. Las señoras de 80 e incluso de 90 años eran las jovencitas que estaban esperando a que llegaran los marines en la época. Me lo contaron todo, descubrí un lado negro. Y es que la base tajo cosas positivas -el influjo económico y cultural- pero también historias muy oscuras parte de las cuales narro en la novela.

– ¿Se refiere a la desaparición de mujeres?

– En aquella época, de impunidad absoluta, en Rota funcionaba una policía americana que se dedicaba a encubrir lo que hacían los marines. Se denunciaban desapariciones de mujeres y nunca se investigaban. Incluso varias personas me contaron como los americanos iban en camiones a plena luz del día, a las tres de la tarde, seleccionando mujeres y las que les gustaban se las llevaban.

– Muy conveniente para alimentar una novela negra.

– Al final, me planteo si fui yo la que eligió a Rota o Rota a mí. Cuando llego y me encuentro las cosas tan negras que me cuentan son casi increíbles. De hecho en la novela narro la historia de Inés, que es un personaje ficticio que representa a estas mujeres desaparecidas. Le planteé a una de las mujeres con las que me entrevisté qué le parecía, si era exagerada, y me dijo “eso aquí ha pasado seguro”.

– Dice que es un thriller de personas, no de personajes.

– Tiene los elementos del género: asesinato siniestro, investigación contrarreloj antes que el asesino vuelva a matar, una investigadora peculiar. Creo que la novela negra tiene que ir un paso más allá, es decir, que la narración nos cuente cómo una persona mata a otra pero que los protagonistas nos digan por qué la mata. La buena novela negra, para mí, es la que va a al porqué y no solo al quién y al cómo.

– Y escoge como rasgo común en los personajes el hecho de que sean adultos anclados en la infancia y tener un lado oscuro que les marca en el presente ¿Por qué?

– Eso les convierte en personas, de una forma u otra todos seguimos estando secuestrados por nuestra infancia y somos adultos viviendo en un mundo de adultos pero con las herramientas emocionales de un niño. También considero que todos tenemos un lado oscuro y no tiene sentido esa obsesión por intentar erradicarlo; hay que aprender a vivir con él, domarlo, que nos dé los menos problemas posibles y, sobre todo, indagar en su origen. Personalmente creo que siempre se corresponde con la necesidad de ser amados.

"En los años 50 en Rota se denunciaban desapariciones de chicas que no se investigaban porque la policía americana encubría a los marines"

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– El trío de protagonistas femeninas está formado por Diana, una feminista que aparece muerta y mutilada, Inés, que quería vivir como un hombre en los años 50, y Patria, la sargento que se autolesiona ¿Son todas víctimas del patriarcado y la violencia de género?

– Al final la violencia de género cuando te pones a trabajar sobre determinados problemas es un lugar al que desgraciadamente siempre llegas. Hay crímenes o tipos de violencias de los años 50 que siguen estando de completa actualidad, como son las violaciones. Las tres son personas que quieren ser ellas mismas y eso no es lo que se espera socialmente.

– ¿Por qué se ha decidido a probar con la novela negra?

– Me parece un buen lugar de estudio para toda la fenomenología criminal. En esta sociedad en la que la violencia está tan presente, la novela negra es un buen lugar para buscar una explicación. Como abogada he trabajado durante años con asuntos penales y este género literario puede no solo mostrar lo que hay sino profundizar e ir a las causas.

– ¿Ha colgado definitivamente la toga para dedicarse a la literatura?

– Sí, soy escritora. Ambas son profesiones que se retroalimentan. En la abogacía ves cosas crudas y duras que no te gustan, pero lo que ves es la realidad; cuando llegas a un calabozo a las tres de la mañana a ver un detenido, ese ser humano es real, no hay máscara ni papel, estás viendo a una persona completa y absolutamente desesperada. Eso en pocos lugares se ve como en la abogacía, sobre todo en el ámbito penal.

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