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“Las de Comuneros e Irmandños fueron rebeliones muy análogas"

“No creo que la situación en Cataluña desemboque en la que tenía el País Vasco en los años 80; si fuese así, los independentistas cometerían la mayor de las estupideces, serían unos chiflados”

Lorenzo Silva, en Toledo, uno de los principales escenarios de su novela “Castellano”

Lorenzo Silva, en Toledo, uno de los principales escenarios de su novela “Castellano” E.D.

La épica revuelta de los comuneros de Castilla, encabezada por los capitanes Padilla, Bravo y Maldonado, protagoniza el argumento de Castellano (Destino) la última novela de Lorenzo Silva (Madrid, 1966), uno de los grandes referentes de la literatura contemporánea española cuyas obras policíacas e históricas suman ya más de dos millones de lectores. El escritor madrileño estará en el Club FARO el lunes, 14 de junio.

-Me ha dado la impresión de que, para usted, escribir esta novela era una especie de asignatura pendiente, un deber moral o algo así como una obligación autoimpuesta. ¿Por qué esta implicación tan personal con estos acontecimientos históricos?

-Ha sido una obligación apetecible, como ha ocurrido con la mayoría de libros que he escrito, puesto que yo nunca me he autoimpuesto nada que no me resultase estimulante. Sin embargo, es verdad que cuando tuve un conocimiento en profundidad sobre la historia de la revuelta de los comuneros de Castilla, me percaté de que tenía ante mí una buena novela que, además, contenía una serie de personajes y acontecimientos que me removían de una manera muy particular, tanto desde el punto de vista personal como emocional. De alguna forma, creí que contar esta historia representaba algo importante para mí, algo que me iba a dejar huella. Debió ser todo eso lo que me indujo a pensar que, como has percibido, yo tenía el deber de escribir Castellano.

Castellano, de Lorenzo Silva

Castellano, de Lorenzo Silva

-Una vez elegida la historia, viene el gran reto para el escritor: el cómo contarla. Y el modo en que usted ha escrito “Castellano” no es el de novela histórica sino más bien el de un viaje.

-Es que estamos ante unos acontecimientos sobre los que se ha escrito mucho, tanto en libros de Historia como en otras novelas, pero curiosamente la mayoría de los propios castellanos no la conocen bien. Y ya no digamos el resto de los españoles. Descartada la posibilidad de escribir una novela histórica al estilo de Dumas o Tolstoi, me planteé contar la historia trayéndola a la actualidad, al día de hoy, porque me parece que, 500 años después, todavía está muy viva en el presente, y pervive tanto lo que pasó como los personajes que la protagonizaron desde ambos bandos, porque son personajes muy modernos.

-En el primer capítulo ya comienza narrando en primera persona…

-Sí, y que conste que esa fue una decisión muy difícil para mí, por eso he procurado meterme discretamente. Pero entendí que esa voz, la mía en este caso, podía aportar algo a la historia, sobre todo más proximidad para que el lector se zambullera en el relato, para que se sintiera dentro de los personajes, de sus zozobras y desafíos, como yo mismo me he sentido. Por otra parte, esa voz es la que también me ha permitido trasladarme hacia adelante y hacia atrás tanto en el espacio como en el tiempo, lo cual convierte la novela en una suerte de libro de viajes, y ya se sabe que los viajes siempre se cuentan en primera persona.

-Menos de cien años antes de la revuelta de los comuneros, entre 1467 y 1469, en Galicia tuvo lugar la rebelión de los irmandiños, de la que se cuenta que Galicia aún hoy en día está pagando aquella derrota: ¿También la Castilla actual sufre las consecuencias históricas de la derrota de los comuneros?

-Tengo alguna referencia sobre la revuelta irmandiña, aunque poco profunda, lo reconozco. Pero, por lo que sé, son dos historias análogas en muchos sentidos, más moderna y menos medieval la de los comuneros si quieres pero, sí, y además hay que recordar que contra lo que se rebelaron los comuneros fue también contra los impuestos abusivos y, al igual que ocurrió en Galicia, después de rebanarles el cuello a los que se levantaron contra el rey, que eran las personas más emprendedoras y más inquietas de ambos reinos, aquello supuso todo un trauma histórico. Porque, claro, si te cargas a toda esa gente, condenas a todo el territorio al declive, al retraso y prácticamente a la ruina, que fue lo que, al cabo, ocurrió así en Castilla como en Galicia.

"Lo que planteaban los comuneros contenía una serie de reivindicaciones que efectivamente estaban adelantadas a su tiempo"

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Lorenzo Silva, escritor

-¿Podría afirmarse que el gran “error” de los comuneros fue adelantarse a la Historia?

-Lo que planteaban los comuneros contenía una serie de reivindicaciones que efectivamente estaban adelantadas a su tiempo. Pero la posibilidad de derrotar al rey Carlos existió, y de hecho los comuneros estuvieron muy cerca de conseguir la victoria. Pero ocurrió que, como en todo movimiento revolucionario, en el de los comuneros había gente con muy diferentes agendas, y el emperador, y eso hay que reconocérselo, tuvo el acierto de rodearse de asesores que conocían muy bien a quienes tenían enfrente y que, desde el primero momento, se aplicaron en fomentar las divisiones.

-El rey Carlos I fue cruel y represivo con los sublevados. ¿Usted cree que si reinase aún Isabel de Castilla también hubiese actuado así?

-Si reinase Isabel, yo creo que ni siquiera se hubiese planteado la revuelta, porque esta rebelión se realizó en el nombre del propio reino de Castilla. El problema fue que, en esa tesitura histórica precisa, y lo digo porque posteriormente evolucionaría, para Carlos I el reino castellano tenía un mero valor instrumental. No olvidemos que aquel Carlos veinteañero era, a fin de cuentas, un Habsburgo, y con lo que estaba comprometido era con los proyectos de su familia, es decir, con el Imperio, del que Castilla para él no era más que una herramienta. Por otra parte, Carlos llegaba a España con una formación en la que las relaciones entre el rey y sus posesiones obedecía a razones muy distintas a las que tenía Isabel con Castilla, un reino hecho a sí mismo cuya gente había dado su sangre por llegar hasta donde había llegado. Está claro que, de esto, en aquella altura de su vida, Carlos V no entendió absolutamente nada, por eso cuando se produjo la revuelta su reacción fue tan destemplada.

-¿Usted cree que en el resto de España, sobre todo desde las comunidades históricas de Cataluña, País Vasco o incluso Galicia, se percibe aún resentimiento hacia Castilla, porque se la señala como cuna de la nación española?

-Sí, y además aludo a ello en el libro. Es algo que he comprobado incluso en actos públicos en Cataluña donde se dan esas referencias muy cargadas de rencor hacia Castilla, como si Castilla hubiese privado de algo a catalanes, o a vascos, o a gallegos. Y eso me escandaliza, claro. Porque en Castilla abundan los pueblos dejados de la mano de Dios y sin embargo los gobernantes españoles han dedicado miles y miles de horas a pensar en Cataluña y ni un solo minuto al tremendo grado de subdesarrollo en que todavía viven ciertos lugares de esa Castilla vaciada más que ninguna otra región de España.

-Y se ha pasado del “Castilla nos roba” al “España nos roba”.

-Sería pertinente, para que se enterasen bien, que los que dicen eso visitasen lo más profundo de las provincias de Soria, de Valladolid o de Burgos a preguntar dónde carajo han escondido los lingotes de ese tal oro que han “robado”, porque si estás allí te darás cuenta de que en esos pueblos solo hay atraso, miseria, vacío y, por si fuera poco, olvido.

-Me constan sus discrepancias con el independentismo catalán, pero está claro que la actual clase política española no es capaz de solucionar el problema. ¿Cree que corremos el peligro de que la situación de Cataluña, aunque con otro “estilo”, desemboque en la de aquel País Vasco de los años 80?

-No, yo creo que no. A mí me gusta la disposición de la Constitución española que permite que el independentismo catalán o cualquier otro independentismo sea una ideología política no solo lícita sino con capacidad de representación institucional parlamentaria e incluso de gobierno, algo que por cierto no ocurre en otros países, donde esa ideología es ilegal y está prohibida constitucionalmente. Pero lo que a mí me ha situado en frente de los independentistas es que pretendan arrogarse la representación social y política de Cataluña y la potestad unilateral de desmantelar el ordenamiento constitucional de todos los españoles, y además por las bravas. Eso sí que es ilegal, inmoral y una forma de violencia que, de hecho, ha roto la convivencia en la sociedad catalana. Y lo digo porque yo lo he vivido y tengo familia allí. De todo esto, a mí no me cabe duda de que la gran responsabilidad ha sido del independentismo catalán, porque además lo ha fomentado con el desprecio a millones de catalanes que no piensan como ellos. Ese, para mí, es el problema principal, pero dicho esto resulta evidente que Cataluña es un problema de España ante el que los gobiernos y, en general, los políticos españoles, deberían buscar fórmulas más inteligentes de reconducir el conflicto, incluso, se falta hiciere, con la indulgencia pero, eso sí, una indulgencia que debería ser correspondida con lealtad por parte de un independentismo que, no sé por qué extraña razón, hace cuatro años decidió perder toda lealtad para con el resto de los españoles y los “otros” catalanes que no piensan como ellos. Y así, claro, no iremos a ningún lado.

-Pero es que si no vamos a ningún lado, a la vuelta de la esquina podría acechar la violencia.

-No lo creo, repito, y por una razón: esa confrontación violenta exigiría sacrificios personales como los que algunos hicieron en el País Vasco, y una disposición y un sacrificio que no les veo yo a los independentistas que tengan intención de hacerlo. Y, por otra parte, a estas alturas el Estado español es lo suficientemente robusto para que ni se atrevan a intentarlo. Porque si así lo hicieran, y lo saben, cometerían la mayor de las estupideces posible, serían unos auténticos chiflados.

-Sin embargo la sociedad catalana huele no solo a enfrentamiento, sino también a odio, y si es cierto que el odio a secas tiene cura con un tratamiento adecuado, ante el odio histórico ¿no quedará más remedio que la intervención quirúrgica?

-Bueno, eso era lo que sucedía en la Edad Media, pero ahora estamos en sociedades mucho más complejas y, si te fijas, en los episodios insurreccionales más recientes de Cataluña no se ha producido ni una sola víctima mortal. Y es que a lo mejor resulta que el Estado español no es tan rudimentario como los independentistas dicen. Porque si es cierto que el problema catalán no se ha resuelto, también lo es que se ha logrado contenerlo y además con gran moderación y prudencia. Me preocupa, lógicamente, el enquistamiento del odio, pero creo que hay que encontrar maneras de atajar esas dinámicas. Y en esto sí que apelo a las dos partes: porque si es verdad que el independentismo no puede dedicarse a provocar el enfrentamiento interno de la sociedad catalana, también lo es que las fuerzas españolas no pueden seguir divididas. Ya se ha visto y se ha de ver más: lo de Rajoy no funcionó, pero lo de ahora está bien claro que tampoco lo va a hacer funcionar.

“La Guardia Civil me parece un tema interesante"

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Lorenzo Silva E.D.

-En “Castellano” no hay ficción, pero sigue siendo una novela: cuando hay un buen escritor detrás ¿se puede encontrar más verdad en una buena novela que en un buen libro de historia?

-Sería pretencioso que yo contestase a eso como novelista.

-Pues hágalo entonces sin sentirse aludido.

-Yo creo que cada uno tiene su lugar. Hay una parte fundamental de la Historia que solo se construye desde la historiografía, de la que yo mismo me he servido, pero sí que me parece que para cierta indagación histórica que busque la verdad, el aparato literario te ofrece unas posibilidades que la investigación historiográfica no te da. Sobre todo, a la hora de comunicar esa verdad y de hacerla llegar a más personas.

-¿Por qué es usted el escritor español que mejor se lleva con la Guardia Civil?

-No lo sé. Yo me he limitado hacer mi trabajo, que es el de buscar historias y personajes interesantes y, una vez que los encuentro, tratar de contarlo de la mejor manera posible desde el punto de vista literario y procurar poner en los libros la mayor cantidad posible de verdad, de esa verdad de la que hablábamos antes.

-No se me evada, que hasta ha sido nombrado Guardia Civil honorífico.

-Es que la Guardia Civil me parece interesante literariamente, por eso he escrito novelas con guardias civiles. Y, bueno, sinceramente ellos han sido muy generosos conmigo, es verdad, y eso que yo no siempre les he dejado en buen lugar. Eso sí, hay que reconocerles que contra ETA realizaron una labor extraordinaria, y consiguieron formar cuadros de investigación criminal que nada tienen que envidiar a los de ningún país de Europa. Yo nunca he pretendido lanzar un mensaje reivindicativo de la Benemérita, lo que he intentado, a través de la literatura, es mostrar una verdad oculta porque, eso sí, me parecía que la realidad de la Guardia Civil estaba oculta.

-¿Bevilacqua descansa, se ha jubilado o se ha vuelto a enredar con uno de sus casos?

-Bevilacqua, que como yo es un anciano de cincuenta y tantos, sigue en activo y el año que viene saldrá en una novela nueva, como corresponde a cada año par.

-¿Quién de los dos se jubilará antes?.

-Él, seguro. Primero porque yo soy un poquito más joven, pero es que, además, por mi condición de autónomo y creador, me temo que no me podré jubilar. Moriré con las botas puestas.

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