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Impresiones de Goya en Galicia

Los museos de Pontevedra, Bellas Artes de Coruña y del Grabado de Artes, en Ribeira, conservan colecciones de las series más representativas del pintor aragonés, una de ellas, de la primera edición de “Los Caprichos”, perteneciente a la colección de Alfonso Rodríguez Castelao. En la Catedral de Santiago se encuentran doce tapices realizados a partir de los diseños del genio de Fuendetodos

Imagen de fondo: Autorretrato de Francisco de Goya

Imagen de fondo: Autorretrato de Francisco de Goya Museo del Prado / FDV

Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) ocupa un lugar destacado en colecciones y bibliotecas de museos gallegos. Aunque no exista ningún óleo del pintor aragonés del que se conmemora el 175 aniversario de su nacimiento, tres espacios artísticos públicos disponen de cientos de grabados de sus series más emblemáticas -el Museo de Pontevedra, el de Bellas Artes de A Coruña y el de Grabado de Artes, en Ribeira- y la Catedral de Santiago exhibe doce tapices realizados a partir de diseños suyos entre 1777 y 1780.

Uno de los ejemplares más singulares, que perteneció a Alfonso Rodríguez Castelao y forma parte de la colección del intelectual gallego en el Museo de Pontevedra, es la serie completa de “Los Caprichos”, una de las primeras estampaciones de la edición, realizada en 1799 bajo la supervisión directa de Goya, “como lo muestra la gran calidad de las estampas y el hecho de que la nº 45, “Mucho hay que chupar”, se encuentre todavía limpia del arañazo que a mitad de esta primera tirada sufrió la lámina de cobre”, tal y como señala José Carlos Valle Pérez, exdirector del museo pontevedrés en su artículo “Patrimonio Aragonés en el Museo Pontevedra” editado por Anagrama en 2005 .

Encuadernado en pasta española, con bordura dorada en las tapas, el ejemplar que perteneció a Castelao es uno de los tres “rarísimos” de la primera edición con comentarios explicativos manuscritos “que demuestran el interés que suscitó ya entre sus contemporáneos la interpretación de estas complejas estampas de gran profundidad conceptual”, explica Valle. Es la segunda versión conocida, después de la de la Biblioteca Universitaria de Zaragoza, del Manuscrito del Museo del Prado, y “presenta como singularidad que los comentarios realizados, a tinta negra y roja, no se sitúan, como los otros, al pie de las estampas sino en la parte superior del reverso de cada una de las hojas de papel verjurado blanco que se intercalan entre ellas”.

Estampa 45 y autorretrato de portada, ambos en “Los Caprichos”

Otros ejemplares de “Los Caprichos” existentes en Galicia son uno de la edición realizada en 1929 con motivo de la Exposición de Sevilla, custodiado en los fondos del Museo do Gravado de Artes, y dos series de la edición realizada por la República en 1936-1937 con motivo del 20 aniversario del la Revolución de Octubre que dio origen a la Unión Soviética, una completa en el Museo de Bellas Artes de A Coruña, y una segunda, con 69 de las 80 estampas, en el Museo de Pontevedra. Esta tirada se declaró como la última que podía hacerse con las planchas originales dado su estado de conservación (más tarde se imprimieron láminas sueltas). Las estampas de “Caprichos”, de gran fuerza satírica y con un indiscutible componente crítico, siguen una estructura literaria y suponen el nacimiento del arte contemporáneo. En ellas Goya expresa su particular y decepcionada visión del mundo a través de la caricatura que refleja una sociedad enfermiza.

Quizás la serie más dramática de grabados elaborados por Goya sea la de “Los Desastres de la guerra”, donde el genial artista expresa los horrores de la Guerra de la Independencia no solo a través de escenas de enfrentamientos bélicos sino también de estampas que reflejan la angustia y la parte irracional del ser humano. De las siete ediciones que han visto la luz de esta colección, en Galicia podemos encontrar tres. El Museo de Pontevedra pose un ejemplar de la primera tirada, de 1863, que consta de ochenta estampas encuadernadas en diez entregas, con cubierta de papel fino, y otro ejemplar encuadernado de la tercera edición, hecha en 1903, que constó tan solo de cien unidades, una de las cuales se encuentra también en el Museo do Gravado de Artes (Ribeira). Una cuarta colección de esta serie, de la tirada de 1930, la podemos encontrar en el Museo de Bellas Artes de A Coruña y pertenece al depósito de la diputación de esta provincia.

Grabado “Y son fieras” de “Los Desastres de la guerra” y Lámina de la serie “Desastres de la guerra” exhibida en la sala Goya del Museo de Bellas Artes de A Coruña / FDV / Carlos Pardellas

Grabado “Y son fieras” de “Los Desastres de la guerra” y Lámina de la serie “Desastres de la guerra” exhibida en la sala Goya del Museo de Bellas Artes de A Coruña / FDV / Carlos Pardellas FDV / Carlos Pardellas

Cuando Goya crea “Los Desastres de la guerra” graba ochenta y tres láminas de cobre, pero una vez concluida la serie el artista decide retirar tres de ellas, que se denominan “Desastres adicionales”, dado que todas las tiradas realizadas de la serie se han limitado a los ochenta primeras. Desde que en 1870 P. Lefort donó a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando las planchas correspondientes a la lámina 81, “Fiero monstruo” y 82, “Esto es lo verdadero”, se han editado varias estampaciones de ellas en la Calcografía Nacional. Los tres museos gallegos citados poseen ejemplares de ambas.

El extraordinario dominio de las posibilidades técnicas del grabado calcográfico y las composiciones con juegos de luces y sombras son constantes en las series existentes en los museos de Galicia

Estampa 37 de “Los Desastres de la guerra”, titulada “Esto es peor”

Estampa 37 de “Los Desastres de la guerra”, titulada “Esto es peor”

El extraordinario dominio de las posibilidades técnicas del grabado calcográfico y las magníficas composiciones con juegos de luces y sombras son una constante en las series del genio aragonés, que nos muestra su atormentado mundo interior en la serie “Disparates”, formada por 18 estampas y disponible en el Museo de Bellas Artes de A Coruña, fruto de una donación de José Manuel Pita Andrade en los años 80. El Museo do Gravado de Artes posee una edición facsímil impresa en Madrid en 1974.

La original visión de Goya sobre las corridas de toros de la época se plasma en la serie “Tauromaquia”, que el pintor realizó en 1816 con 33 grabados . El Museo de Pontevedra incorporó a su colección en 2002 una primera edición de esta serie, que destaca por la calidad de la estampación y el hecho de ser una de las escasas realizadas sobre papel Serra. Hasta 1876 las láminas estaban numeradas, pero a partir de ese año se imprimió una nueva serie de 40 láminas clasificadas con letras -añadiendo las siete pruebas de estado-, de la A a la G. El Museo de Bellas Artes de Coruña posee un ejemplar completo de la tirada de 1921 editada por el Círculo de Bellas Artes de Madrid y el Museo do Gravado d e Artes otra realizada también por el mismo círculo en 1929, grabados realizados por Pedraza y editados en fotocalcografía por A. Rupérez.

Grabado “Con razón o sin ella” de la serie “Los Desastres de la guerra” y “La desgraciada muerte de Pepe Illo” en la Plaza de Madrid, de la serie “Tauromaquia”

El pintor de Fuendetodos grabó también copias de pinturas de Velázquez, que en Galicia se pueden encontrar en el Museo de Bellas Artes de A Coruña y en el del Grabado de Ribeira. Es una colección de 16 estampas que incluye varias de las obras más representativas del autor de “Las Meninas”, como “Los borrachos”, “El filósofo” o “Felipe IV”. Fue el inicio de la carrera de Goya como grabador en 1778.

El Museo de Pontevedra adquirió también en 1998 una serie encuadernada en cartoné de lomo de piel de la primera edición de “Los Proverbios”, la publicada por la Litografía de J. Aragón en Madrid en 1864. De esta significativa serie de estampas se conserva igualmente una edición incompleta, con quince de los dieciocho aguafuertes correspondiente a la a la última tirada efectuada por la Calcografía Nacional en 1972.

Al margen de esas grandes series, el espacio museístico pontevedrés custodia también “El agarrotado”, una estampa de aguafuerte y aguatinta, grabada por Goya hacia 1778-1780, perteneciente a la última tirada de la plancha original realizada por la Calcografía Nacional en 1928. Varias fototipias editadas en 1928 de dibujos preparatorios de “Los Caprichos”, del “Álbum H de Burdeos” y de “Los últimos Caprichos de Burdeos” (1824-1828) completan la representación de obras de Goya en el museo Pontevedra, junto a un ejemplar de “Vieja columpiándose”, uno de los siete últimos grabados al aguafuerte realizados por el artista.

Por su parte, el Museo de Bellas Artes de A Coruña exhibe al público en su sala dedicada a Goya una selección de los más de doscientos grabados de las cinco series del artista que tiene en sus fondos, rotando los ejemplares por motivos de conservación. La sala, abierta al público estos días, será objeto de remodelación este año.

Asimismo, el Museo do Gravado de Artes en Ribeira selecciona en ocasiones las obras de Goya que posee para exponer en las tres salas abiertas al público con las que cuenta.

Los tapices goyescos del museo catedralicio de Santiago fueron encargados por Carlos III para el Palacio del Pardo y representan escenas costumbristas

La presencia de obra de Goya en Galicia se completa con la docena de tapices expuestos en el Museo de la Catedral de Santiago de Compostela, actualmente cerrado por cuestiones de la pandemia. La colección, legada a su muerte en 1814 por el canónigo de Salcedo (Pontevedra) Pedro Acuña Malvar junto a una biblioteca de 1.670 volúmenes y más de un centenar de tapices españoles y flamencos, se trata de un conjunto de piezas que Carlos III encargó a la Real Fábrica de Santa Bárbara entre 1776 y 17780 para la decoración de diferentes estancias de los Reales Sitios de El Pardo.

Tapices de Goya expuestos en una sala en la Catedral de Santiago, en estos momentos cerrada al púbico por la pandemia. Fundación Catedral de Santiago

Los materiales utilizados para estas obras decorativas hechas a partir de diseños de Goya son la lana, para los colores oscuros, y la fina estopa de seda, para los tonos claros. En siete de ellos se utilizó la técnica de bajo lizo, mientras que en los cinco restantes, la de alto lizo. En todos puede apreciarse la riqueza cromática de Goya, así como una utilización característica de la luz y una temática costumbrista muy personal.

Los más antiguos son “La maja y los embozados” y “Los jugadores de naipes”, realizados en 1777 y 1778 para el comedor de los Príncipes de Asturias en el Palacio del Pardo. El personaje embozado que contempla la escena del primer tapiz mencionado, protagonizada por una pareja de gitanos que da un paseo en una estampa poblada por cinco figuras, es identificado por el propio Goya. Se tejieron tres ejemplares, de los cuales el compostelano fue el primero y de mayor calidad.

Tapices de Goya expuestos en una sala en la Catedral de Santiago, en estos momentos cerrada al púbico por la pandemia. Fundación Catedral de Santiago

Los diez restantes fueron realizados ente 1778 y 1780. Tres se concibieron para el dormitorio de los Príncipes de Asturias, “Muchachos jugando a la soldadesca”, “Los niños del carretón” y “La acerolera”; y siete para la antecámara de los Príncipes de Asturias, “El columpio”, “La novillada”, “El muchacho del pájaro”, “La fuente”, “Los leñadores”, “El majo de la guitarra” y “El resguardo de tabacos”.

La quinta sala de la balconada, antigua sastrería catedralicia, alberga esta docena de tapices goyescos, colocados por temas. Las piezas fueron objeto de restauración en 2008 debido a su mal estado de conservación.

La mirada desafiante del marqués de Sargaledos

Goya realizó el retrato del fundador de la famosa fábrica de cerámica gallega, linchado en 1809 

Retrato del Marqués de Sargadelos realizado por Goya.

Retrato del Marqués de Sargadelos realizado por Goya. Museo de arte de Baltimore

Sobre fondo neutro se encuentra la figura de este personaje sentado, de medio perfil apoyando el brazo derecho en una mesa en la que vemos unos papeles y escondiendo la mano izquierda. Va vestido con casaca oscura, chaleco y camisa de cuello alto que le llega hasta la barbilla. Una condecoración le pende de la casaca. Mira de manera desafiante al espectador. Es la descripción del retrato que Goya realizó a Antonio Raimundo Ibáñez, marqués de Sargadelos (Santa Eulalia de Oscos, 1749 - Lugo, 1809), un noble e industrial conocido por crear la fábrica de cerámica de Sargadelos. Ibáñez falleció, linchado, el 2 de febrero de 1809. Supuestamente, la turba acabó con él por afrancesado, pero los historiadores apuntan a una venganza por sus logros: la creación del primer complejo industrial de Galicia, que supuso la introducción del capitalismo y la aparición de una clase obrera y de una burguesía

Filgueira Valverde explica que la Guerra de la Independencia y la caída de Godoy, su mejor apoyo, sorprendieron a Ibáñez en el apogeo de su actividad, pero su actitud fue, sin duda, la de los patriotas: formó parte de la Junta de Gobierno de Ribadeo, regaló los caballos de su berlina al Ejército, equipó soldados por su cuenta, dio subsidios para apoyar el levantamiento, buscó trigo para las tropas nacionales y evitó el trato con los franceses. Sin embargo, la guerra fue al mismo tiempo la revolución de España y él era el odiado señor de Ribadeo y el símbolo de una nueva etapa histórica. De ahí, explican los historiadores, su muerte y el especial ensañamiento con que ésta se produjo.

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