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Faro de Vigo

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Xesús Alonso Montero | Catedrático de Literatura, expresidente de la Real Academia Galega

"Hay un sector del nacionalismo gallego que me ve como el anticristo españolista"

"Si antes era anticapitalista, ahora lo soy más que antes porque el capitalismo es lo más inicuo y ha readoptado su faz más torva, cruel, sanguinaria y belicista"

En 1987, en con sus compañeros del Partido Comunista de España Carlos Barros (izquierda) y Manuel Peña Rey (derecha). // Magar

Se jubiló como catedrático de Literatura Galega en la Universidad de Santiago en 1999. Habían pasado 46 años de docencia y él cumplía 70 con la sensación de que le retiraban de la cátedra justo cuando más sabía, cuando su palabra había alcanzado las mayores cotas de solidez en una sabia mezcla de pasión y erudición. En los 70 años anteriores Xesús Alonso Montero había sido hijo de bodeguero nacido en la ciudad, niño de aldea, estudiante destacado de Bachillerato en Vigo y de Filología Románica en Madrid, profesor en Santiago, Palencia, Lugo y Vigo, militante del Partido Comunista€ Ya jubilado, con su intelectualidad en flor, siguió brillando como sociolinguista, ensayista, poeta, conferenciante€ y marxista irreductible que llegó a la presidencia de la Real Academia Galega. Entonces, su caudal de libros ya era impresionante: unos 40 sobre escritores gallegos pero también sobre otros españoles como Lorca, Unamuno o Machado, por no hablar de ensayos que marcaron paquete desde aquel "Informe dramático sobre la lengua gallega", que ya le leímos en los años 70, a "Intelectuais marxistas e comunistas en Galicia", o advenimientos poéticos últimos como "Versos dun fistor republicano, marxista, ateo e un poco epicúreo". A pesar de tantos atributos que le condecoran sigue siendo un placer escucharle, cálido y cercano, fresco en el verbo a sus casi 89 años. Ahora, recién liberado de la RAG, apura con brío asignaturas pendientes y en esta entrevista realizada en gallego pone el retrovisor sobre su vida, presta la grabadora.

"Los orígenes. "A mí me nacieron en Vigo el 28 de noviembre de 1928, y mis progenitores fueron Benito Alonso y Angelina Montero, ambos del Ribeiro de Miño, mi padre de San Paio de Ventosela y mi madre de Ventosela de San Paio. Tenían "El Recreo", una taberna en la calle Urzáiz, que aún existe con otro nombre, frente al convento de las Siervas de Jesús. Ahí emití yo mis primeros gemidos, palabras, tartamudeos, y mis padres me educaron en castellano porque ellos, que eran buenos padres, querían que el instrumento de comunicación que yo utilizase me sirviera para que, cuando yo llamara a una puerta, me la abrieran, no para que me la cerraran. Entre ellos hablaban en gallego pero con nosotros conversaban en castellano, el de mi padre bastante pintoresco porque sabía muy poco del idioma de los señoritos".

"Por circunstancias que serían largo de explicar, mi padre, que no era precisamente un hombre de izquierdas, junto con mi madre, ocultaron en su casa a un significado socialista y sindicalistade apellido Brunet cuando se produjo la sublevación. Alguien los delató y la policía y la Falange creyeron que era cómplice ideológico, pero no: sólo había sido humanitariamente solidario con aquel hombre que peligraba y al que alojó, lo que le costó ir a la cárcel de Vigo y luego a la isla de San Simón, hasta mayo de 1937, porque personas influyentes se movieron para hacer ver a las autoridades de entonces que , en efecto, el espíritu humanitario era lo que le había movido con aquel cliente. El hecho es que, después de esta experiencia, quiso volver al Ribeiro. Su intención, al poner esta taberna, había sido, como tantos en el Ribeiro entonces, ahorrar con mucho esfuerzo unas "cadelas", unas "perras chicas", y comprar más viñas para llegar a ser allí una persona más o menos boyante que no tuviera que trabajar para otros, que era lo que había hecho de soltero, sino más bien dar trabajo a otros en determinados momentos, contratando jornaleros".

"El 1 de enero de 1938 nos vamos mis padres y los cuatro hermanos a Ventosela, a cuatro kilómetros de Ribadavia. Vivimos, primero, en casa de mis abuelos maternos, y luego mis padres alquilaron una casa en el mismo Ventosela, mientras nos construían otra donde tenían una finca de cierta extensión, de quince mil metros cuadrados en un terreno soleado, "de terruxeira", que producía buen vino. Cosechaba entre 100 y 120 "moyos", que en la escala económica de aquel tiempo me convertía a mí en un "fillo de rico", lo que me daba cierto éxito con las mozas. "O fillo do señor Benito o Artilleiro era fillo dun labrador que collía mais de 100 moios de viño".Ahí tengo una experiencia linguística decisiva para mi vida. Era castellano hablante pero tenía, como pasivo, un buen gallego, que era lo que se hablaba en la taberna de mis padres pues los cientes eran maleteros, mozos de estación€ porque al lado teníamos la de Renfe. ¡Ah, la estación! En la memoria de mi infancia tengo unos gitanos que llegaron con un oso, pidieron alguien que lo montara y yo lo hice allí, en la explanada delantera, como recuerdo la primera vez que llegaron heridos de la guerra civil, estando ya mi padre preso, y los alinearon en camillas en el vestíbulo de la estación. Me asombraban los moros con sus pantalones bombachos y una culera muy grande respecto a la que se decía -era el decir popular- que en ella hacían sus necesidades. ¡Qué tiempos aquellos de los años 1935 y 36 en que jugué mucho a la pelota -incluso de trapo- en lo que es ahora el hotel Lisboa!".

"El hecho es que tras la triste experiencia de mi padre, volvemos a Ventosela y cuando llego a esa nuestra aldea, los chicos de allí no me reciben bien, primero porque soy hijo de rico aunque en realidad lo era de alguien que no era muy pobre y "carrexaba feixes de estrume" como ellos antes de ir a la escuela, y, segundo, porque calzando zuecos y con el pantalón remendado como ellos, debería hablar, como ellos, en el idioma de los remiendos y de los zuecos. Yo, desde muy pronto, traté traté de hablar gallego porque quería identificarme con aquellos chicos con los que iba a la escuela, jugaba a la pelota , descubría nidos en el monte los fines de semana, robaba higos al cura... Pero yo todavía tartamudeaba el gallego o hablaba un castellano con muchos galleguismos y eso para ellos era un poco ofensivo. ¡Cuidado. No porque fueran nacionalistas gallegos, que no sabían lo que era eso, sino que al reivindicar su idioma reivindicaban un idioma de clase, no el de la nación gallega, sí el de la nación sociológica de los pobres! Eso, la normalización de mi relación con ellos, lo fui consiguiendo a los poco meses".

"En a escuela soy un estudiante notable, sobre todo porque tenía más facilidad al leer libros escritos en el idioma que yo conozco bien, mientras que otros como Julio Gómez Freijido, quizás con más facultades intelectuales que yo, no destacaban tanto porque les faltaba el dominio del idioma que yo había aprendido en la escuela pública republicana en Vigo. Miro hacia atrás y me doy cuenta de que hay azares, anécdotas aparentes que luego te cambian la vida. Cuando tengo 14 años, aún en la aldea, un reconocimiento médico en la escuela decreta que tengo algo en el corazón, un error que lleva a mi madre a traerme a Vigo para que me reconozca Ramón de Castro, un gran médico al que, por cierto, quiso chantajear el jefe del campo de concentración de San Simón, que le pedía cada poco dinero para que no lo mataran por su "dudoso" pasado. Al final lo fusilaron, al extorsionador, los propios franquistas en el monte del Castro por meterse en cosas que no le correspondían. Ramón de Castro no vio nada en mi corazón pero mi madre, por si acaso, no me permitía trabajar apenas, levantarme tarde, comer mejor, no hacer esfuerzos deportivos€ hasta que un día oigo desde la habitación este diálogo entre mi padre y ella: "Benito ¿qué facemos co Suso? , preguntaba ella, y él respondía: "Como non vale para nada, que estudie". Claro, para mi padre, que había sido jornalero y pasado hambre, valer era trabajar duro en el campo y más teniendo las tierras que teníamos".

"Claro, mis hermanos se pusieron a trabajar en diferentes oficios y yo, como no valía para nada, me puse a estudiar allí, en Ribadavia, con don Bernardino Graña, el padre del poeta, y a él le debo mi inclinación a las Letras pues no solo fue mi profesor en el aula sino fuera, porque me dejaba libros, me orientaba en su lectura€ Por eso cuando vine a Vigo y al Instituto Santa Irene a hacer Sexto y Séptimo de Bachillerato, porque cerró la academia aquella y el mismo don Bernarndino se vino para Cangas, gozaba de un nivel de lectura superior a la media de mis compañeros vigueses.Pude trasladarme, por cierto, porque mi hermano tenía una taberna, Casa Julio, muy cerca de donde la había tenido mi padre y nacido yo, ahí en Urzáiz".

"Termino el Bachillerato en 1948, como alumno aplicado en el mundo de las Letras, beneficiado por la formación de don Bernardino, y confieso que nunca había oído hablar de Castelao ni había visto un libro en gallego. Incluso tuve en mis comienzos una relación negativa con Castelao. La primera vez que fui a una manifestación fue contra él, en el año 1946, y lo cuento por vez primera. Ese año, en la ONU, se decreta el bloqueo contra Franco, y se produce la primera gran manifestación en su apoyo en la Plaza de Oriente de Madrid y en otras ciudades de España más pequeñas. A mí me traen de mi instituto Santa Irene a la Puerta del Sol con mis compañeros, a protestar contra un" extraño" gobierno de la República en el exilio en París, que eran malos españoles, etc. Recuerdo una pancarta que decía "Giral, Giral, lo vas a pasar mal". Y había otra, la primera en gallego en la época de Franco, que decía: "Aquí, como en Ribadeu, cada ONU paga o seu", burlándose de la ONU. Solo años después supe que Castelao era ministro de aquel gobierno por Galicia. Y Carrillo, sin cartera por el PCE."

"Me voy a Madrid a estudiar Filosofía y Letras porque en Santiago no existía la especialidad de Filología Románica, que era la que estaba más en la línea de mis inclinaciones. Tuve la suerte de tener dos grandes profesores, Rafael Lapesa en Gramática Histórica, y Dámaso Alonso en Lingüística Románica. Me alojé los 5 años de carrera en una casa particular del barrio de Chamberí, en la calle Santa Engracia, tiempo en que aún hay cascotes de la guerra en la Ciudad Universitaria.No tuve actividad política en la Universidad . La primera oposición al franquismo por parte de los estudiantes fue en 1956 del Partido Comunista y yo ese año estoy haciendo las oposiciones a cátedra de Lengua y Literatura Española, que voy a ejercer en la Escuela de Magisterio de Santiago. La única politización que yo tenía entonces es externa a la Universidad, mi contacto anterior en una tertulia galleguista en Madrid con Ben-Cho- Shey, quien me lleva a Ramón Piñeiro, luego a Fermín Penzol y a la editorial Galaxia€ Nada que ver con el marxismo".

"¿Cómo llegué yo al marxismo? Mi izquierdismo nace en el curso 57-58 y mi adhesión al marxismo se debe no al PCE, sino a dos artículos de Antonio Machado publicados en un libro clandestino que compré en la librería del judío Eduardo Hernández, en Compostela. Yo colaboraba en el periódico La Noche con artículos en que pedía el compromiso del escritor, el realismo... lo que se podía escribir en aquel tiempo en los parámetros de la izquierda, pero no ingreso en el PCE hasta el 1 de mayo de 1962, en Lugo. Yo creo que fui el primero en el ámbito intelectual de la Galicia de aquel tiempo con una cierta relevancia pública. Muy poco después entran el oftalmólogo Antón Beiras, Celso Emilio Ferreiro y Alexandre Cribeiro, aunque eso lo recuerda mejor que yo Carlos Núñez, porque hay alguien más que se nos olvida siempre. En la clínica de Beiras se constituye el comité intelectual del PCE, aunque yo no supe hasta después que en él estaba Celso Emilio, Fernando Alonso Amat y los antes mencionados. Yo estaba en Lugo desde 1960 y el año anterior había estado en Palencia, que es donde nació mi hijo Cuchús . Sara ya nace en Lugo".

"En 1962 el PCE me invita a ir a Moscú (donde entonces estaba Carlos Núñez en la escuela del partido) a un congreso por la paz que inauguró Kruschef, lo que aún no me explico porque yo estaba muy verde políticamente, y con una formación teórica marxista muy pequeña. Recuerdo que en mi pasaporte falso figuraba como Alonso Quijano y que me decepcionó, en algunos aspectos, la URSS. A mí lo que me interesaba era el hombre nuevo, sin codicia, sin egoísmo€ una visión humanista del marxismo que yo pensaba que se estaba consiguiendo allí. Es verdad que lloré un día que pasé por la Plaza Roja con José Agustín Goytisolo y Ricard Salvat pero ese mismo día me comprometí conmigo mismo a que nunca me dejaría seducir por el capitalismo. Si antes era anticapitalista, ahora lo soy aún con más intensidad porque es lo más inicuo que pueda darse, y no digamos en el presente que está readoptando su faz más torva, más cruel, sanguinaria, belicista...."

"Yo me había casado, en 1957, con Emilia Pimentel, madre de mis tres hijos, Emilio, Jesús y Sara, de la que me divorcio en 1984. Inicio una relación con una ex alumna del Colegio Universitario de Vigo, Victoria Álvarez Ruiz de Ojeda, máxima autoridad en la biografía de Rosalía de Castro. Nos casamos poco después. Mi primera cátedra de instituto fue en Palencia, entre 1959 y 60, donde tuve como alumno a una de las mentes privilegiadas de la España del siglo XX, el filósofo comunista Francisco Fernández Buey, alumno después de Manuel Sacristán en Barcelona. El doctorado lo obtendría en 1966 en Salamanca, con una tesis sobre Curros. En Lugo estoy entre 1960 y 76, con mucha actividad pública y bastante en el partido, aunque yo, que quizás fuera la voz intelectual más conocida del mismo, no dirigía la acción cultural, sino el doctor Manuel Peña-Rey. Con el Partido es cierto que tuve algunos problemas pero vuelvo a tener el carné del mismo y sigo cotizando dentro de mis limitaciones económicas, que son muchas."

"Vine para Vigo, allá por 1976, y me hago profesor titular de Literatura Española en el CUVI, luego paso a ser titular de Literatura Gallega y después gano oposiciones a cátedra de esta última asignatura. Fui el primer catedrático de Literatura Gallega, a los 62 años; antes lo fue Carballo Calero pero de Linguística y Literatura Gallega. Es curioso pero fue a los 62 años cuando fuimos catedráticos de Universidad Otero Pedrayo y Carballo Calero, porque antes estuvieron sancionados, y yo porque a esa edad difícilmente obtendría en el franquismo una cátedra siendo un marxista declarado. Suspendieron a Castilla del Pino o a Manuel Sacristán; siendo marxistas -no comunistas- solo recuerdo que ganara con Franco un oposición a cátedra, Xosé Manuel Beiras".

"Fui presidente de la Real Academia Galega por la dimisión del anterior presidente, Méndez Ferrín, lo que crea una situación anómala en la misma. Hay un grupo bastante minoritario que quiere continuismo en la línea de Ferrín y otro, menos minoritario, que habla conmigo en varias ocasiones. Acepté esa responsablidad por militancia marxista, ante una situación que tiene que ver con el bien público, hasta el punto de que mis nuevas ocupaciones hicieron poner mi vida patas arriba, al tener que aparcar los cinco libros que todavía quería escribir y que quizás ya no tenga tiempo para publicar. Son obras ya programadas, sobre temas que van desde Gramsci a Tomás Navarro y Antonio Machado".

"Desde mi ingreso en la RAG traté de hacer ver que el gallego no es idioma de un grupo político, no es de ese sector en el que, por cierto, hay voces para los que yo soy una especie de anticristo españolista, sino que debe ser el idioma de toda la sociedad gallega. Traté de hacer ver que había que trabajar académicamente para una sociedad que sienta orgullo por su idioma. Que el idioma gallego se perpetuará en la medida en que lo asuma una parte importante de la sociedad gallega; que si se trabaja con otras categorías o premisas, todo será negativo para el mismo. No me presenté a la reelección porque tengo bastantes problemas en este momento de mi vida, personales y económicos incluso, y quiero intentar que mi trabajo literario me produzca algunos ingresos para resolver la presente situación".

Xesús y Marx

  • En la Universidad, de estudiante fui un pánfilo total. En la Facultad de Filosofía y Letras no había ninguna inquietud política. No intervine en ningún acontecimiento, ni siquiera literario, que tuviese un cierto perfil político. Lo primero que sucedió allí tuvo lugar en el Congreso Nacional de Estudiantes del año 56, cuando emergió por primera vez en la Universidad el Partido Comunista: Tamames, el inefable Sánchez Dragó, Múgica€ Pero yo ya me había licenciado y hacia mis primeras oposiciones a Cátedra.El marxismo se me empezó a aparecer en el año 57, y no leyendo El Capital, ni a Marx y Engels. Un día entré en una librería donde se vendía literatura pornográfica y política en la trastienda. En un volumen de la editorial Losada encontré dos textos de Antonio Machado que no conocía. Después de leerlos, pensé: Hay vida después de esta monotonía del franquismo y de esta oposición en la que yo estoy".

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