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Faro de Vigo

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Crisis en el PP

La caída de Génova deja al PPCV de Mazón desprotegido pese al volantazo de última hora

El presidente del PPCV, de los últimos en retirar su apoyo al presidente nacional, pierde la red que tenía en Génova

Pablo Casado y Carlos Mazón.

El viraje de voltereta es una técnica que se usa en natación, sobre todo en estilo libre, que permite mejorar los tiempos y el rendimiento de la persona nadadora. Un viraje óptimo puede mejorar un segundo en una prueba de cien metros y hasta quince en una de 1.500 metros. Y cómo en toda técnica es clave calcular el momento de dar giro. Ni demasiado pronto ni demasiado tarde. En política ocurre lo mismo. Es clave para la supervivencia, saber cuando uno debe cambiar de dirección a pesar de que al principio suponga nadar a contracorriente. Y ser de los primeros en hacerlo en la dirección correcta puede ser vital en el futuro. El viraje de lealtades en el PP de la Comunitat Valenciana se intuyó ya el viernes, pero se ha consumado este martes con un comunicado oficial (suscrito por el PP de la Comunitat Valenciana y de sus direcciones provinciales de Alicante, Castelló y València) en el que, en sintonía con los barones críticos con Pablo Casado, el aparato del partido abandona a su suerte al líder nacional para solicitar un congreso extraordinario.

Carlos Mazón, presidente del PPCV, no pasará a la historia, sin embargo, por ser el primero en desmarcarse de la dirección nacional. De hecho, según el cronómetro, lo ha hecho casi a la par de que otro de los grandes aliados de Casado y su número dos Teodoro García Egea, el murciano López Miras, lo hiciera. Con una diferencia, a Mazón le ha costado más verbalizarlo y, en sus declaraciones ante los medios de comunicación, ha evitado pedir directamente a Casado que se aparte. La suerte, sin embargo, al margen del dirigente valenciano, está ya echada para Casado, del que ya sólo se espera que dimita en las próximas horas despues de que Egea, su fiel escudero, haya anunciado su renuncia.

Ni Mazón ni su secretaria general, Maria José Catalá (tampoco los presidentes provinciales) tenían fácil desmarcarse de quienes han apadrinado a su favor la forzosa renovación en el PP valenciano, pero la situación les ha arrollado. En un principio, apostaron porque resistiría y salieron en defensa de su integridad, pero cinco días después le han dado la espalda. Está por ver si los vaivenes y la actitud dubitativa de la cúpula regional desde que el jueves estalló la guerra entre Mazón y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, pasa factura a la organización en términos orgánicos, pero lo que sí resulta evidente es que el PPCV, hasta ahora el niño mimado de Génova, se queda a la intemperie, al albur de una nueva dirección (casi con toda probabilidad capitaneada por el gallego Alberto Núñez Feijóo) con la que tendrán que empezar de cero para tejer complicidades.

Casado, Egea y López Miras constituían la principal red de seguridad de Mazón, cuyos contactos con otros barones, los llamados moderados, ha sido más bien limitada

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Mazón debe su ascenso en buena medida a su relación personal con Teodoro García Egea, quien más trabajó para defenestrar a Isabel Bonig, y en base a estos vínculos el presidente valenciano ha trabajado sus alianzas. Casado, Egea y López Miras constituían la principal red de seguridad de Mazón, mientras que los contactos con otros barones, los llamados moderados, ha sido más bien limitada: alguno que otro con Juan Manuel Moreno Bonilla a cuenta de la financiación autonómica y poco más. Bonig, por ejemplo, mantenía una buena relación con Feijóo, vínculo que no era prioritario para el jefe de la Diputación de Alicante.

No obstante, recién elegido en un congreso regional y tras unas primarias con un contrincante menor, nadie en el PPCV se atreve a aventurar un cambio de cartel electoral. Mucho menos, a una año y tres meses de elecciones. Ahora bien, puede que las elecciones de 2023 sean la única oportunidad para el dirigente alicantino, quien, quizás también, esté ahora más impelido que nunca a trabajar en la integración dentro de la organización. Ahora más que nunca tendrá que trabajarse el favor de la militancia y los cargos intermedios que, si bien lo arroparon en las urnas hace unos meses, lo hicieron también bajo una bendición que se ha evaporado.

Fuentes del PPCV admiten que la inminente salida de Casado, ya sea en las próximas horas o días, es un escenario adverso para el líder valenciano, pero, sobre todo, apuntan a la irrelevancia de la organización a la hora de tomar las decisiones importantes. De hecho, así ha sido en estos últimos días de infarto en los que Mazón, pese a sus vínculos con Casado y Egea, quedó fuera de una estrategia que, como se ha visto, ha resultado fallida.

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