Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Arranca la dura campaña del 28-A

Sánchez convoca unas elecciones polarizadas en torno a Cataluña y los pactos de PP y Ciudadanos con Vox

Sánchez, en la comparecencia en la que anunció la convocatoria de elecciones generales. // Efe

Sánchez, en la comparecencia en la que anunció la convocatoria de elecciones generales. // Efe

"Llámenme clásico, pero sin Presupuestos no se puede gobernar". Ocho meses y trece días después de tomar posesión como presidente del Gobierno, Pedro Sánchez anunció ayer la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales el 28 de abril. Lo hizo 48 horas después de ver cómo, huérfano del voto de los secesionistas catalanes, que el pasado 1 de junio le auparon a La Moncloa, el Congreso rechazaba sus cuentas para 2019.

Sánchez compareció pasadas las diez de la mañana para lo que se había anunciado como una declaración institucional sin preguntas, más tarde se presentó como una declaración institucional seguida de cinco preguntas y, al final, quedó en un mitin de casi cuarenta minutos.

En su transcurso, el presidente hizo balance de los logros de su Ejecutivo -resumidos en 13 leyes y 25 decretos- y arremetió contra la derecha que lo ha derribado mediante un ejercicio de "crispación", después de haber "bloqueado" su labor de gobierno gracias a la mayoría de PP y Ciudadanos en la Mesa del Congreso. "La derecha que defiende una España en la que solo caben ellos", la de "la foto de la plaza de Colón". Sin olvidar a los secesionistas, que "han impedido los presupuestos más sociales de la década", porque, aventuró, defienden una autodeterminación que niega los derechos sociales.

Pero, sobre todo, la derecha. Una derecha que "no ha atendido a razones" y que ha estado "alejada de los parámetros del sentido común y de la moderación". Una derecha a la que acusó de "plantear debates absurdos e infantiles" al atribuirle "pactos ocultos" con los independentistas. Atribución a las que Sánchez respondió ayer, con declarado sarcasmo, preguntándose si la coincidencia de PP, Cs y secesionistas en rechazar las Cuentas responde también a pactos inconfesables.

Una vez asumida la derrota, Sánchez infirió la conclusión: o gobernaba con los presupuestos prorrogados de Rajoy, que "incumplen las exigencias sociales" del país, o se inclinaba por la creencia de que "España no tiene un minuto que perder" y necesita "avanzar". En consecuencia, explicó, ha decidido no enrocarse y dejar la solución "en manos de las españolas y los españoles", que "decidirán el futuro de España con su voto en las urnas". Y lo que decidan, concedió, "siempre, siempre, siempre será un gran acierto".

De esta manera, antes aun de disolver las Cortes, que cesarán su actividad el próximo cinco de marzo, Sánchez echó a andar la campaña electoral y le imprimió el tono de dureza que, poco después, reprodujeron y amplificaron los líderes del PP, Pablo Casado, y de Cs, Albert Rivera, en sus valoraciones del discurso presidencial.

En efecto, la campaña de las elecciones del 28 de abril, que en los diez primeros de sus catorce días de duración coincidirá con las festividades y el asueto de la Semana Santa, tendrá fragor de tamborrada y será cualquier cosa menos amable.

A tenor de lo escuchado ayer a los cabezas de fila de las grandes formaciones, los disparos de esta guerra de palabras irán en dos direcciones. La derecha los dirigirá contra el independentismo catalán y contra cuantos propugnen (PSOE, Unidos Podemos, PNV) que el diálogo es la única solución posible a la crisis territorial que agita a España. Hay que "elegir entre un partido que negocie con Torra o uno que aplique el 155", sentenció Casado en su intervención de ayer.

Compartir el artículo

stats