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Faro de Vigo

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Perros de ciudad

Quejas vecinales, prohibiciones, multas, comida envenenada, nuevas instalaciones y asociaciones marcan en los últimos años el escenario creado por la proliferación de mascotas en el casco urbano estradense

El Concello decidió prohibir los perros en los nuevos jardines municipales. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Se dice que Madrid es la ciudad de los 282.315 perros, casi tantos como niños. El dato queda lejano pero viene perfecto para hablar de A Estrada, un pueblo en el que cada vez hay más mascotas. Así lo apuntan los adiestradores y veterinarios, los perros están de moda en la villa, una tendencia que ha ido generando un nuevo marco de convivencia entre vecinos y animales, a veces no tan fluido como sería deseable. Quejas vecinales, prohibiciones e incluso la aparición de comida envenenada han salido en más de una ocasión en los medios de comunicación. Por contra, han aparecido iniciativas como la creación de un parque canino, la puesta en marcha de varias asociaciones encaminada a cuidar de los perros abandonados y se ha notado una creciente concienciación por parte de los dueños por recoger los excrementos de los perros. Entre uno y otro lado A Estrada lucha por encontrar el mejor equilibrio.

Las garrafas proliferaron en muchas esquinas. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Paseando por A Estrada en estos días se puede encontrar en la calle Castelao una garrafa de agua con una cartel con mensaje: “Por favor, pis non”. La educada petición va dirigida a los dueños de los perros que acostumbran a mear en la esquina de acceso a unas galerías comerciales y de entrada a viviendas. No es algo nuevo. Durante mucho tiempo los comercios estradenses llenaron las esquinas de estas garrafas con las que disuadían a los perros de hacer sus necesidades a su puerta. Hoy todavía se pueden ver algunas, aunque lo cierto es que han ido desapareciendo poco a poco. A ello pudo ayudar el mayor civismo por parte de los propietarios de los perros. Hoy en día es habitual ver a los dueños paseando a sus perros con una botella en la mano, con la que riegan los puntos en los que los canes hicieron sus necesidades.

Esa concienciación también ha aumentado a la hora de recoger sus excrementos. Buena culpa de ello puede haber sido las diferentes campañas de protesta organizadas a lo largo de los últimos años por parte de los vecinos de determinadas zonas del casco urbano. Especialmente sonada fue la protagonizada por los comercios de la céntrica calle Justo Martínez, que salieron a la calle realizando una simbólica barrida para denunciar su mal estado constante por culpa de los excremento de los perros. No fueron sin embargo los únicos. Vecinos de otras zonas como la Avenida de Santiago o A Baiuca también que quejaron por este motivo. En todos estos casos la situación parece haber mejorado.

La falta de civismo por parte de los dueños también llevó al gobierno estradense a tomar ciertas medidas. El Concello cuenta con una normativa de multas en caso de que la policía vea a una persona que deje los excremento de su perro sin recoger, pero eso no ha amilanado a muchos. Un buen ejemplo fueron los nuevos jardines municipales. Inicialmente se abrieron a los perros pero unos meses después se instalaron carteles prohibiendo canes en la hierba para evitar que se llenasen de excrementos. El Concello también instaló puntos de recogida de bolsa de excrementos y creó un parque canino que sin embargo no ha encontrado una gran respuesta por parte de los vecinos, que lamentan precisamente su falta de limpieza y su escaso tamaño.

Acto de protesta en la calle Justo Martínez. | // BERNABÉ

El punto máximo y extremo en esta convivencia urbana entre vecinos y perros llegó con la aparición de comida envenenada en algunos puntos del casco urbano utilizadas como zona de paseo habitual. Algunos de los canes tuvieron que acabar en el veterinario para salvar su vida.

Todas estas situaciones ponen el cerco sobre el gran número de estradenses con perro en el casco urbano. Al citado crecimiento del civismo se une un mayor interés por buscar puntos de encuentro y esparcimiento en zonas cercanas al casco urbano. Es habitual ver perros juntos en puntos del parking de la plaza del mercado, en la carballeira cercana las casas baratas, en la zona de Figueiroa, la rúa do Muíño o en las inmediaciones del cementerio, entre otros. Además, también han surgido asociaciones que trabajan en ayudar a los perros abandonados y cada vez son más usuales las iniciativas encaminadas al entrenamiento y cuidado de los perros.

El civismo, la empatía y el respeto serán claves para conseguir que ambos bandos terminen encontrando ese punto intermedio en el que canes y humanos encuentren su relación ideal en A Estrada.

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