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‘Noche toledana’ en urgencias de Lalín

Una ambulancia en el acceso al PAC de Lalín. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

La sanidad pública es más necesaria que nunca es una expresión muy común en tiempos convulsos por una pandemia sin precedentes. Y, efectivamente, así es. La gestión sanitaria ha experimentado cambios notables a consecuencia del coronavirus SARS-CoV-2 que pueden ser admisibles pero que ocasionan trastornos a profesionales y pacientes, ahora más pendientes del teléfono que de buscar una butaca libre en la sala de espera de su médico de cabecera. Solo un ojo clínico extraordinario permite a un médico realizar un diagnóstico certero sin tener delante al enfermo, pero hacerlo a través del hilo telefónico es casi una odisea. Para circunstancias excepcionales están las urgencias, de los que no siempre hacemos un uso correcto, con el consiguiente colapso de este servicio y, lo que es más serio, condicionar la asistencia a personas cuyo estado revista más gravedad.

Una simple cefalea o un catarro no son razones para acudir a un Punto de Atención Continuada (PAC), no obstante el temor a un contagio por el virus que nos descubrió que en China existía una ciudad llamada Wuhan, ha modificado forzosamente esta situación tanto para los profesionales sanitarios como para los pacientes. La pasada noche fueron varias las personas que en las urgencias del centro de salud de Lalín, con apariencia de sintomatología compatible con el coronavirus, las requeridas para someterse a un test de antígeno previo a la consulta con los facultativos de guardia. Después de aguardar en el exterior del edificio –así lo requieren los protocolos COVID-19– para realizar la prueba en la zona habilitada en el ambulatorio o en el vehículo del paciente, fueron informados que deberían regresar más tarde. El motivo: pasaban unos minutos de las 10 de la noche y el único profesional de enfermería [el otro había rematado su jornada laboral a esa hora] viajaba en ambulancia en un traslado al Complexo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS) con un varón de edad avanzada que presentaba una dolencia cardíaca severa y ante esta sospecha fue evacuado junto a un médico. El PAC se quedó con un solo médico y sin enfermeros. Ya de madrugada, el regreso del profesional permitió realizar los test para detectar posibles contagios y restablecer el área de enfermería del servicio de urgencias lalinense que, no conviene perder de vista, cubre también los municipios de Rodeiro, Agolada y Dozón.

También es una opinión generalizada, salvo en casos puntuales, descargar estas carencias en el sistema y exculpar a los profesionales y personas que las sufrieron anoche lo refrendan. El trato recibido también por parte de los celadores, fue excelente. Por eso la defensa de la sanidad pública y accesible es esencial también en estos momentos. La entrega de médicos y enfermeros que le tocó trabajar ayer en las urgencias de Lalín seguro que es muy semejante a la que nos toparemos otro día y esa confianza es un bálsamo para cualquiera. Y todo en una jornada sin descanso en la que los pacientes se agolpaban por momentos entre la minúscula sala de espera del PAC y la entrada principal al edificio y donde, según testimonios de algunos presentes, los sanitarios se remangaron para atender a dos infartados en una auténtica Noche toledana para ellos.

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