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Sin cerebro, pero con arte

Espantapájaro en una finca de Couso. Bernabé/Javier Lalín

Espantapájaro en una finca de Couso. Bernabé/Javier Lalín

Por muy agradable que sea escuchar el canto de los pájaros para dar la bienvenida al día, sin necesidad de que el corazón llegue alguna mañana a la boca por el tronar del despertador, encontrar arrasado el esfuerzo de una cosecha porque varias bandadas se hayan dado un festín, resulta un poco menos placentero. Desde tiempos remotos, los espantapájaros se convirtieron en un aliado para quienes riegan la tierra con el sudor de su frente. Abundan las referencias en la literatura y el cine, siendo una de las más conocidas aquel entrañable hombre de paja que ansiaba pedir un cerebro al Mago de Oz.

El concepto es sencillo. Simplemente se busca a alguien que sustituya al ser humano en la labor de hacer guardia para que los pájaros no se acerquen a sus semillas o sus frutos. Es por ello que estos elementos acostumbran, por tradición, a adoptar la figura humana, como si se quisiese hacer creer a las aves que quien trabajó la tierra está pendiente de conservar intacta su cosecha. Sin embargo, desde hace un tiempo no es tan habitual encontrar los clásicos espantapájaros custodiando los cultivos. Técnicas como cintas o discos que reflejen la luz del sol al ser mecidas por el viento o, incluso, la emisión de sonidos han sustituido a los míticos y extravagantes vigilantes de paja.

Con humor

Con la siembra de algunos cultivos recién hecha, en algunas fincas de las comarcas el buen humor de los agricultores –profesionales o aficionados– ha recuperado en algunas plantaciones esta simpática figura. Algunos ejemplos recientes pueden encontrarse estos días cerca de la carretera que une A Estrada con Santiago o muy cerca del centro urbano de la capital de Tabeirós, en una de las fincas próximas al vial que sube hacia la Praza de Galicia. Uno de los modelos viste túnica anudada con fajín de leopardo, lleva guantes, fular y cubre sus rizos con un sombrero. Otro luce sonrisa abierta y cuerpo rechonchete, con pantalón de funda y camiseta vistosa.

En Ventoxo (Forcarei) los seguidores de Mari Carmen Pereira Cabanal están deseosos de saber qué se le habrá ocurrido en esta ocasión para ahuyentar a los pájaros, si bien esta vecina no tiene el ánimo de otros años para aprovechar la ocasión para hacer gala de un buen humor que hacía que los coches parasen la marcha para contemplar su puesta en escena. Los espantapájaros no tendrán cerebro, poro hay quien les pone mucho arte.

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