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Esta Nochebuena, lo echamos a suertes

Las restricciones complicarán las reuniones en torno a la mesa para las familias más numerosas

Los Rivadulla-Fernández, un matrimonio de Liñares (A Estrada) con 11 hijos, 22 nietos y dos bisnietos.

Los Rivadulla-Fernández, un matrimonio de Liñares (A Estrada) con 11 hijos, 22 nietos y dos bisnietos.

Las cinco hermanas Torres se resignan a no cenar juntas el 24.

Los nietos de la familia cruceña Mosquera Blanco, con 11 hijos.

Menos mal que queda algo de humor, aunque sea negro. Ello explica que estos días se estén haciendo virales mensajes que bromean sobre la disciplina que impondrá la pandemia a la mesa de Navidad. La situación es dramática. A estas alturas de la película, eso es de dominio público; tan evidente como el hecho de que las fiestas más entrañables y nostálgicas del año no se parecerán en nada a las que conocemos.

Como todo lo que rodea a la COVID-19, el panorama navideño es todavía un misterio. Desde la presidencia del Gobierno se apuntó estos días la posibilidad de que las comidas familiares para la Navidad se limiten a seis personas, mientras que desde la Xunta de Galicia se dejó caer la opción de que los niños computen de un modo diferente en esta suma. Quedan muchas incógnitas por despejar, y no solo en el número de comensales autorizados para estas veladas, como puede ser el caso de las restricciones de movilidad que podrían operar para estas fechas. Quienes lo tienen todavía más complicado para reunirse en torno a la mesa en Nochebuena, Navidad o Fin de Año son las familias numerosas y, sobre todo, aquellas que entran dentro de la categoría especial por estar integradas por padres con cinco o más hijos. En el caso de que solo se permita la reunión de media docena de personas, algunos progenitores no tendrán más remedio que sortear a qué hijos de toca compartir su mesa. Tan triste como cierto.

Los Rivadulla Fernández no se aburren en sus comidas familiares. El matrimonio que conforman Lino y Carmen (Liñares, A Estrada) tuvo 12 hijos. Perdieron a una de ellos y dedicaron su vida a sacar adelante a los otros 11 con el sudor de su frente. A todos ellos les han brindado en vida la mejor de las herencias: la unidad familiar. No hay mayor riqueza. Cada Nochebuena se reúnen en torno a la mesa los padres, sus 11 hijos con sus respectivas parejas, 22 nietos y dos bisnietos. Casi nada. El año pasado fueron 51. “Estamos muy unidos. Nuestros hijos son prácticamente como hermanos”, explica Luis Rivadulla. Ayer mismo tuvo ocasión de compartir con su madre la tristeza de las fiestas que se avecinan. “No habría problemas de desplazamiento porque estamos todos por aquí, menos una hermana que está en Ourense, pero no podremos juntarnos”, lamenta. Su fecha es el 24 de diciembre. Ningún hijo falta esa noche. “Hay un pacto no escrito de que el día de Nochebuena está reservado. y lo mantuvimos cuando nos casamos”, indica Rivadulla. “Es una cosa fantástica, una maravilla, ser una familia tan unida y ver cómo nuestros padres están felices de reunirnos a todos, con los esfuerzos que pasaron”, expone.

Potazas de chocolate y rosca

Este año los Rivadulla Fernández asumen que tocará celebrarlo solo con los que viven en la casa familiar y auguran que lo mismo sucederá en Reyes. “Ese día nos juntamos para merendar. No te imaginas las potazas de chocolate y rosca. Mi madre siempre tiene Reyes para todos. La verdad es qué no sé cómo hace. Yo pienso que empieza a ahorrar en enero”, bromea Luis.

En el libro de familia de los Mosquera Blanco, de Vila de Cruces, figuran también 11 hijos. Todos muy seguiditos. La mayor tiene 45 años y el benjamín de la casa, 33. Los dos primeros nacieron en el mismo año. La Nochebuena es también la fecha más especial para todos ellos. Y, por si fuesen pocos en casa, siempre la han compartido con la familia de los también cruceños Julio Mosquera y Moncha García. Entre padres, hijos y nietos (ocho y uno en camino), no bajan de los 30 comensales. Preparan entre todos la cena y disfrutan de la visita anticipada de Papá Noel, pasando después una larga velada de juegos, de mesa e improvisados.

Sin embargo, también este año les tocará realizar un sorteo extraordinario de Navidad, muy distinto y menos ilusionante que el del 22 de diciembre. Nadie ha querido sacar el tema todavía, apostando por esperar a ver si las autorizaciones de movilidad les permiten estar cerca –los hijos están repartidos por Cruces, Pontevedra, Santiago o Suecia– en estas fechas señaladas o por saber cuántos podrán compartir mantel. En todo caso, son conscientes de que, por muy permisivas que sean finalmente las normas, tienen muy complicado reunirse como han hecho siempre, por lo que auguran que no les quedará más remedio que repartirse entre las distintas festividades.

Mantienen la esperanza

“Todavía no lo asimilé”, reconoce Sali Torres, una de las cinco hijas que tuvieron los estradenses Remigio Torres y Carmen Nogueira. Reconoce que todavía mantienen la esperanza de poder sentarse juntos a la mesa el 24 de diciembre. “Vamos a tener que hacer un concurso. Bromeamos con que habrá que hacer dos bandos: los mejores y los más regulares”, ríe. Las cinco hermanas –con sus respectivas familias– no entienden unas fiestas separadas. “Tenemos todavía la esperanza, como esto cambia de un día para otro... Va a ser algo que nunca pasó y es muy triste. Ya es triste diariamente, en estas fechas todavía peor”, expresa Sali. No tarda en procurar consuelo: “Tenemos que ser conscientes de que vendrán muchas más Navidades. Hay que sacrificar una para poder estar juntas muchas más”, dice. Fieles a su buen humor, las Torres no pierden el ánimo y están ingeniándoselas para poder celebrar, como hacen todos los años, el amigo invisible. “Este año la ilusión hace más falta que nunca, aunque tengamos que dejar el regalo en un portal”, apunta.

En Soutelo de Montes, las hermanas Gloria y María Elena son dos madres con ocho hijos. Así conciben su familia algunos de sus vástagos. “Nos criamos todos juntos”, explica una de los cinco hijos de Gloria. Cualquier domingo son mínimo 16 a la mesa. Fin de Año y Reyes son sus fechas preferidas. “Este año vamos a jugar a la eliminatoria. Empezaremos a practicar los fines de semana”, bromean. Se han planteado incluso reservar mesas –aunque tengan que ser separadas– en algún bar, dado que en Forcarei la hostelería continúa abierta.

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