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Un corral cara al Sol

El lalinense José González Otero fabrica un gallinero con apertura fotovoltaica

José González, ayer, contempla como una gallina sale del corral inventando por él.   | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

José González, ayer, contempla como una gallina sale del corral inventando por él. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

El lugar de Agruchave, en la parroquia lalinense de Donramiro, es donde José González Otero da rienda suelta a su imaginación y a su pericia como experto en electromecánica. El último artilugio procedente de esta particular factoría es un gallinero cuya entrada se acciona con la luz solar. “Estuve muchos años en Venezuela, unos 60, y allá nos intentaban robar de noche las gallinas. Entonces ya pensaba en hacer algo así para impedirlo. Estudié electromecánica y la verdad es que estas cosas siempre se me dieron bastante bien”, explica este jubilado que ahora reparte su tiempo en crear artilugios útiles e innovadores.

El corral diseñado por González posee un sistema de funcionamiento muy sencillo pero, a la vez, eficaz. Su inventor subraya que “el gallinero tiene un motor del limpiaparabrisas de un coche para abrir la puerta. Le hice un circuito con un relé asociado a un transformador pequeño que transforma la corriente de 200 a 12 voltios, y la verdad es que trabaja perfectamente”. Lo que más llama a la atención del invento es la facilidad con la que el portal de acceso sube o baja en función de la luz que reciba. “El sistema de apertura es totalmente fotovoltaico mediante una célula fotoeléctrica. El gallinero se abre con el sol y por la tarde-noche, cuando oscurece, se cierra”, añade

José González lleva ya fabricados una media docena de gallineros “solares” y ha conseguido que varios de sus vecinos le compraran hasta cuatro debido a su éxito. El inventor de Donramiro presume de que “ya los tengo por ahí funcionando. La gente está encantada con esto porque de esta forma no tienen que levantarse para atender el gallinero ni nada por el estilo. No falla nunca”.

Venezuela

Este lalinense emigró a Sudamérica, donde durante seis décadas se labró un porvenir para él y los suyos, aunque hace un tiempo que se vio obligado a regresar por la situación que vive la zona. “En Venezuela trabajaba en una compañía de aire acondicionado. Yo compraba los componentes y fabricaba las máquinas de aire. Volví de Venezuela hace más de dos años. Allí dejé el taller y la casa. Todavía está sin vender nada de todo aquello. La situación está muy mal y hay que esperar. Tengo un familiar que quedó allá para ocupar todo aquello, cuidarlo y pagar los impuestos”, asegura. Mientras todo esto sucede, José González sigue poniendo a prueba su imaginación, como cuando se le dio por fabricar espantapájaros mecánicos para ahuyentar a las aves de los cultivos.

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