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Un cocido reservado 20 años antes

Un grupo de amigas comió en Casa Currás el día de la fiesta tras haber acordado una mesa con su propietario hace dos décadas

Arriba, las comensales con José Antonio González, en Casa Currás. Abajo, el grupo en un ápage celebrado años atrás.

Arriba, las comensales con José Antonio González, en Casa Currás. Abajo, el grupo en un ápage celebrado años atrás.

La oferta hostelera de la capital dezana resulta claramente insuficiente para dar de comer a los millares de personas que cada temporada del Cocido acuden a Lalín para degustar el plato rey de su gastronomía. Hay restaurantes que a finales de año ya tienen reservas hasta la primavera, aunque en todo caso de una u otra manera parece imposible tardar 20 años para conseguir una mesa en el municipio.

Esto no es necesariamente lo que le aconteció a un grupo de amigas de Lalín que comieron juntas el día grande de la fiesta, el pasado domingo, en el céntrico establecimiento Casa Currás, pero sí es cierto que esta reserva fue concertada dos décadas antes. Las comensales explican que en el año 2000 habían hablado con el hostelero José Antonio González de la posibilidad de que les garantizase un sitio para comer el cocido. Tras ver que era imposible garantizarles una mesa para la siguiente edición, bromearon con Currás acerca de cuándo tendría libre una mesa para ellas el día grande de la cita gastronómica. Ahí se percataron que el hostelero suele informar a sus comensales con un folleto de cuándo cae el Cocido durante muchos años y en el documento figuraba, como última fecha entonces, la cita de 2020. Fue entonces cuando, en medio de un ambiente distendido, le propusieron que les cerrase una reserva para dentro de veinte años. Y así se hizo. El domingo tuvieron que esperar hasta cerca de las 17.00 horas para que José Antonio González las acompañase a comer. Se trata de las amigas Blanca López García, Marisa Areán González, Carmen Docampo Sieiro, Mari Carmen Aparicio Rodríguez, Techín Casares Peláez y Maruchi González Alén, aunque esta última no pudo acudir. Otra inseparable amiga de la pandilla era Sofía Taboada Lorenzo, fallecida años atrás, que estuvo representada en la mesa por dos de sus hijas.

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