Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Historias irrepetibles

La derrota que acompañó a Criquielion

El ciclista belga, recordado por la caída en el Mundial de 1988 que se celebraba al lado de su casa, murió esta semana

Criquielion, tras caerse en el Mundial de 1988.

Criquielion, tras caerse en el Mundial de 1988.

En Bélgica, el país en el que los grandes ciclistas rivalizan en popularidad con los futbolistas y donde el valor de una propiedad puede aumentar por su proximidad al recorrido de sus grandes clásicas, hubo un tiempo en que todos miraban a Claude Criquielion con los ojos llenos de esperanza. Aquel muchacho nacido en Lessines en 1957 asomó en la gran competición cuando los belgas buscaban alguien que llenase la ausencia de Eddy Merckx. Un estigma con el que es complicado cargar y que puede consumir la carrera de un joven talento. No fue el caso, pero es verdad que a Criquielion le pasó factura en su comienzos hasta que la crítica belga entendió que estaba ante otra clase de corredor, rápido y resistente, que encontraría acomodo en las pruebas de un día. El problema es que con apenas 22 años había firmado un noveno puesto en el Tour de Francia (nueve veces conseguiría estar entre los diez primeros) y un tercero en la Vuelta a España, lo que disparó la ilusión en torno a su figura. Pero pronto se comprobó que le faltaba un punto de resistencia en la altísima montaña como para aspirar a un triunfo en las pruebas de tres semanas y así se dedicó a construir un notable palmarés como clasicómano. Dos Flecha Valona, un Tour de Flandes, la Clásica de San Sebastián...durante más de diez años su rueda fue una de las referencias en esta clase de pruebas.

Criquielion, por esas giros un tanto caprichosos que tiene el deporte, acabaría pasando a la historia por una derrota, por una imagen. Todo sucedió en el Mundial que se celebraba en Ronse, a solo quince kilómetros del pueblo en el que se había criado. Criquielion ya había logrado un Mundial en ruta en 1984 en Barcelona, pero desde que Ronse fue designada sede para la edición de 1988 en su cabeza no existía otra cosa. Entrenó durante meses en el recorrido de la prueba, que ya conocía de sobra, hasta tener en su cabeza los detalles de cada uno de sus kilómetros. Se sentía preparado para ganar en cualquier situación, para responder a cualquier emboscada. Por si fuera poco, la organización eligió una llegada en una amplia y larga recta con una ligera pendiente que se adaptaba de forma perfecta a sus condiciones en caso de que llegase a la meta con compañía. La carrera siguió el guión casi perfecto que habían diseñado los belgas. Criquielion rompió la carrera en un circuito exigente, pero se llevó una compañía algo molesta para jugarse los garbanzos: el italiano Maurizio Fondriest. Entraron los dos juntos en el último kilómetro, midiéndose, extremando la vigilancia, reservando fuerzas para el esfuerzo final. Ninguno de ellos quería lanzarse antes de tiempo. Eso dio tiempo a que otro aventurero, el canadiense Steve Bauer, se hiciese espacio entre las motos que seguían a los dos líderes y se juntase con ellos cuando faltaban apenas ochocientos metros para el final. Otro mal compañero de viaje. En la larga recta de meta Criquielion, de pie en la bicicleta, daba la impresión de ir sobrado de fuerzas. Parecía el director de la obra que se estaba celebrando ante una multitud que se había reunido en el centro del pueblo para asistir a la victoria de su vecino. Esperó el belga a que alguien agitase el árbol, responsabilidad que asumió Bauer con un ataque potente a trescientos metros de la meta. Criquielion se fue con facilidad a su rueda mientras Fondriest dio la sensación de ir con el depósito de gasolina mucho más justo. El belga había comenzado a rebasar al canadiense cuando este le cerró y con un golpe de codo le envió junto a las vallas. Allí tocó la base de una de ellas y se estampó contra el suelo. Bauer se resintió del golpe y Fondriest, casi sin querer, se vio en la meta con los brazos en alto convertido en el nuevo campeón del mundo. Entonces llegó la imagen que al día siguiente se vería en todas las televisiones del planeta y llenaría las portadas de los diarios deportivos. Criquielion caminando hacia la meta mientras arrastra la destrozada bicicleta. Con el dedo en alto como reclamando lo que consideraba suyo. A su alrededor, el silencio de quienes contemplaron asombrados la escena. Una mezcla de desconcierto e indignación que convirtió Ronse en un gigantesco funeral.

Aquella derrota le marcó. Ya tenía 31 años y en el tramo final de su carrera decidió gastar lo que fuese necesario por defender su honor. Por eso no dudó en llevar la cuestión a los tribunales y durante años litigó en busca de un poco de justicia. Era complicado que le dieran la razón porque el accidente formaba parte de la carrera. Bauer ya había sido descalificado y era imposible darle el triunfo de una carrera que no había ganado. Perdió varios miles de euros en una pelea completamente estéril, pero que demostró su carácter guerrero, su espíritu duro y obstinado. Un año después sumó su último gran triunfo en una Flecha Valona, pero su carrera había comenzado a declinar. Ya nunca se curaría sus dos grandes heridas: el Mundial de 1988 y el hecho de no haber podido ganar nunca la Lieja-Bastogne-Lieja, la gran clásica belga y que amaba como todos sus paisanos.

En 1991 dejó el ciclismo y trabajó como director deportivo en diversas formaciones. Más tarde incluso asomaría la cabeza por el mundo de la política. Hace cinco años trató de ganarse un puesto como diputado, sin suerte, y se instaló en el ayuntamiento de Lessines como concejal de Juventud y Deportes. Allí estaba cuando esta semana sufrió una crisis cardiaca de enorme gravedad que acabó con su vida cuando solo tenía 58 años. Y Bélgica, un país donde se venera a los ciclistas como dioses, lloró su pérdida con sinceridad. Criquielion posiblemente hubiese cambiado toda su carrera porque alguien le permitiese atravesar la línea de meta de Ronse con los brazos en alto y no arrastrando la bicicleta con cara de haber sufrido el golpe más duro de su vida.

Compartir el artículo

stats