15 de mayo de 2019
15.05.2019
VAL MIÑOR

El rey de las maquetas cuelga el serrucho

Tras reproducir más de veinte monumentos arquitectónicos, Feliciano Figueiró se despide de su hobby con una réplica de su casa de Camos

15.05.2019 | 00:53

Lleva dos décadas jubilado y jamás ha perdido el tiempo. Todas sus horas libres las ha pasado encerrado en la bodega confeccionando las réplicas de más de una veintena de catedrales y edificios emblemáticos de toda España.

No hubo catedral que se le resistiera. Feliciano Figueiró ha reproducido a escala más de una veintena de monumentos arquitectónicos de toda España a lo largo de las dos últimas décadas, desde que se jubiló como chófer de camiones. Pero los años no perdonan y "as facultades xa están mermadas", lamenta en el patio de su vivienda, en de la parroquia nigranesa de Camos. Ya ha cumplido ya los 81 y cree que ha llegado la hora de dejar la marquetería a gran escala. Después de elaborar con mimo y precisión tantos edificios emblemáticos y de donar muchos de ellos para su exposición pública, se despide de su gran afición con uno que lo es todo para él: su casa y su finca.

No dice adiós a sus herramientas del todo, ya que todavía hará "algún adorno para amigos ou familiares". Pero sí a las grandes obras. Y es que su método requería gran esfuerzo físico, mental y económico. Entre sus trabajos figuran reproducciones de las basílicas de Santiago, Burgos, León, Tui, la Sagrada Familia, la Almudena u otras joyas arquitectónicas como el monasterio de Oia, el Templo Votivo del Mar de Panxón, la iglesia de la Vera Cruz de O Carballiño, la Peregrina de Pontevedra..."Xa nin me lembro cantas pezas fixen", bromea. Y para no dejar atrás ni una minúscula balaustrada, ventana, vidriera o detalle, se desplazaba para visitar cada uno de los modelos y tomar cientos de fotografías que le servían de guía. "Agora xa non vou saír daquí. Non podo viaxar. Xa falla algo o pulso, esquezo algunhas cousas e fatígome bastante", explica mientras muestra la maqueta de su propiedad, con su vivienda, su hórreo, sus galpones, árboles, la piscina y hasta el coche. Todo sobre una plancha de madera de 1,20 metros de largo por 70 centímetros de ancho.

Esta última obra dará la bienvenida a partir de ahora a las visitas junto a la puerta de la casa. La colocará allí en sustitución de la primera, un barco que confeccionó allá por los años setenta del pasado siglo, cuando trabajaba a bordo de en un cablero inglés. Fue entonces cuando se inició en el gusto por la marquetería, aprovechando los tiempos muertos de travesía y sus dificultades iniciales para comunicarse al desconocer el idioma. Su gusto por el arte había empezado mucho antes y en la escuela "xa me gustaba moito pintar", recuerda. Pero entonces había que colaborar en la economía familiar y el trabajo le impidió desarrollar su talento antes.

Su pasión por el serrucho se vio interrumpida cuando regresó a Camos para emplearse como camionero en una empresa de pretensados, en la que se jubiló. Fue entonces cuando recuperó su afición y ha pasado los inviernos de los últimos veinte años metido en la bodega horas y horas para elaborar sus réplicas. Algunas siguen guardadas en el galpón y otras pueden verse en los mismos edificios a los que copian, como las catedrales de Santiago, Tui o el cenobio cisterciense de Oia.

Feliciano nunca ha cobrado un euro por hacerlas, pero sí exigía a los receptores de las maquetas que las cuidasen "porque lles colles cariño tanto tempo arredor delas". Unos han cumplido y otros no tanto. "Dame pena ver que o mosteiro de Oia está arrinconado sen luz e con humidades", se queja con la esperanza de que el recado llegue a quienes pueden hacer que luzca "como Dios manda".

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