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Fandiño, tocado por el buen ojo de Ernesto Falcón

Es una de las promesas de la élite de las dos ruedas

Rubén Fandiño con Ernesto Falcón en 2014. | // FDV

“Si lo supiera, ponía la meta 50 metros más atrás”. Así lo recordaba Rubén Fandiño, de boca de Ernesto Falcón, quien se lo confesaba nada más haber cruzado el final aquel 13 de junio de 2021 en la última etapa de la Ruta do Albariño, cuando el cambadés fue batido en un apretado esprín en el último golpe de riñón por Samuel Fernández (MMR Academy asturiano). Un Ernesto Falcón que, reconocía aquel día: “Estando en casa, me pierde un poquito el corazón y me queda la espinita de que Rubén Fandiño no hubiera ganado, consciente del gran chaval y ciclista que tenemos en ciernes”. Un día antes, el propio Falcón lo advertía en Meaño: “Sigue a ese chaval, que apunta alto”, decía apuntando con el dedo a Fandiño, que por entonces lucía el maillot del Bathco cántabro. Años antes, en 1999, profetizaba el gran futuro de Gustavo César Veloso que, con entonces tan solo 19 años, ganaba en septiembre de aquel año el “I Gran Premio Ciclista Concello de Meaño”.

En 2014, Ernesto Falcón ya consideraba a Fandiño como promesa de las dos ruedas. | // FDV

Rubén Fandiño se iniciaba en el ciclismo con tan solo 7 años, de manos de su padre, muy aficionado al deporte de la bicicleta, y que lo enroló en el Muebles Compostela para tomar contacto a través de las yincanas para niños. “Me hizo especial emoción -recuerda hoy Rubén Fandiño- cuando en 2014 recibí un trofeo de manos Ernesto Falcón por haber sido el mejor cambadés en una yincana que se había celebrado en el marco del “Gran Premio Ciclista do Albariño”. Su madre Nelly Fernández, rememora que “el trofeo que le entregara aquel día Ernesto Falcón, que era entonces un niño de apenas diez años, le supuso llegar a casa tan contento como si le hubiera tocado la lotería”.

El ciclista cambadés, subido al podio. | // FDV

Rosa Prado, viuda de Ernesto Falcón, recuerda su ilusión con Rubén Fandiño: “A menudo me decía cuando Rubén era todavía un niño: A este chico le veo mucho futuro en el ciclismo’, y se afanaba en animarlo y darle consejos cada vez que le veía”. Un consejo que incluso buscaba el propio Rubén Fandiño cuando tenía en manos el meterse en una u otra escuadra. “Lo de Ernesto -agrega Rosa Prado- era una ilusión muy grande con los niños, verlos crecer compitiendo sobre la bicicleta, él solía hablarme todo el tiempo de ellos, de su progresión; de hecho, cuando Veloso estaba surgiendo, yo le escuchaba porque Ernesto era el que hablaba con pasión conmigo y allí donde iba”.

“Ernesto no fue ciclista -rememora-, pero aún estando solteros tenía una ilusión enorme por este deporte: dirigía equipos, era árbitro en carreras, luego vicepresidente en la Federación Galega, vocal en Madrid… Yo me adapté a esa pasión y pasábamos una semana sí y otra también en la carretera para estar apoyando y cumpliendo en un sitio y otro”.

Cambados se apresta así, en honor a su memoria, a recuperar el Club Ciclista Cultural de Cambados, que prepara la organización del que será “LII Gran Premio Ciclismo do Albariño-Memorial Ernesto Falcón Padín”.

El discípulo Rubén Fandiño, que había sido ganador en categorías alevín, infantil y cadete en la prueba del Albariño, se proclamó campeón gallego cadete en 2019 y junior en 2021. Tras su paso por el Bathco cántabro en junior, regresa en este 2022 a Galicia para afrontar el salto a Sub-23. “En este primer año -explica- a los nuevos el Súper Froiz nos lleva tranquilos, arropados, incidiendo mucho en los entrenamientos, saliendo menos a competir, porque en Sub-23 las pruebas son mucho más exigentes: más kilómetros, pelotones más grandes, ritmo más alto y con puertos más largos, por lo que requiere tiempo para acostumbrarnos”.

“En el circuito de la Copa Galicia que corrimos el pasado 13 de junio -explicaba- tuvimos que subir tres veces consecutivas al Lago Castiñeiras desde Rande, que se hacía un puerto largo y muy duro para los que somos nuevos en la categoría”. Y, precisamente, los puertos es algo que le cuesta a un Fandiño más dotado para el rodaje y el esprín. Con vistas a mejorar su condición física para afrontarlos, apunta que “siguiendo las directrices del club, tanto en entrenamiento individuales como de equipo, estoy incidiendo mucho en subirlos a ritmo desde abajo, aprender a llevarme al límite”.

Armenteira y Castrove se convierten en su alto fetiche: “tanto subiendo desde Barrantes como desde Poio -reconoce- es muy exigente, no ofrece momento de descanso y esa es una de rutas que entreno a menudo”.

Primeras pedaladas con el Súper Froiz

En su estreno esta primavera con el Súper Froiz ha disputado ya sus primeras carreras. De ellas, el mejor resultado, la décimo sexta plaza alcanzada en la segunda etapa en una prueba de dos días en Valladolid. La espinita, el no poder haber disputado hace unos días la “IX Ruta do Albariño”, que se circunscribió solo a junior: “Me hacía especial ilusión poder correr en Cambados -admitía-, y tener ocasión para resarcirme de aquel segundo puesto en recuerdo de Falcón”. “Ernesto -agrega- era esa persona que siempre estaba ahí, animándome muchísimo y aconsejándome allí donde me veía. Mismo en Cambados, cada vez que se cruzaba con mi madre, parloteaba un buen rato con ella para alentarme y animarla para que la familia estuviera ahí apoyándome”. Por delante, este domingo 3 de julio, el ciclista de Castrelo disputará en tierras vascas la clásica Beasain sobre una ruta de 140 kilómetros. Luego, el sábado día 9, cita para una prueba en Redondela. Y en el horizonte de julio, su foco apunta a la Vuelta a Madrid, que correrá con el Súper Froiz.

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