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Faro de Vigo

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Vilagarcía aminora el último drama en aguas de Mauritania al salvar a cien inmigrantes de un destartalado "cayuco"

Cayuco hacinado, auxiliado por la Guardia Civil. | // FDV

El drama en las costas mauritanas es imparable por las travesías inhumanas que las mafias de la inmigración ilegal organizan en el Mediterráneo. En las últimas horas, la Guardia Civil volvió a amortiguar uno de los habituales sucesos tras socorrer a un cayuco con más de 100 pasajeros a punto de hundirse tras una larga singladura en la que al menos 17 personas murieron y fueron arrojadas por la borda.

En varios foros se explica que más ese numeroso grupo de personas, posiblemente de Senegal o Gambia, fueron salvados in extremis porque un mercante que navegaba por la zona se encontró con la frágil embarcación, y pudo dar aviso a tiempo a la tripulación del buque oceánico de la Guardia Civil, destinado en Mauritania, y que hasta ayer dependía del destacamento que mandaba el comandante Pablo Lorenzo Formigo, quien tras su reciente ascenso tuvo que cesar como jefe del cuartel de Vilagarcía.

Recientemente, en una entrevista con FARO, el comandante Formigo explicaba la tremenda labor humanitaria que los 28 agentes del instituto armado realizan en sus misiones de control fronterizo, con una actividad que ciertamente ha salvado muchas vidas aunque los naufragios, las terribles condiciones en que emprenden larguísimas odiseas a través de la costa africana, suelen acabar en tragedia.

Otro momento de la intervención en aguas del Mediterráneo FDV

Y eso es lo que ocurrió este viernes con el gigantesco cayuco que ya navegaba a la deriva cuando pudo ser auxiliado por la embarcación española.

En los foros se subraya que si no fuese por el descubrimiento del mercante y la ayuda del buque oceánico “habrían muerto todos” pues la embarcación iba sin ningún tipo de rumbo.

“A saber a dónde iban a ir a parar..., hasta que falleciesen todos”, explican en uno de los comentarios a este tipo de publicaciones en internet.

Tragedias habituales

Y es que como subrayó en su día el comandante Lorenzo Formigo, las condiciones en las que viajan los inmigrantes ilegales desde África entrañan un enorme peligro pues las embarcaciones se cargan más allás de sus límites con el fin de hacer más rentable cada uno de los viajes programados.

Así en los barcos, la mayoría de madera y con una motorización de escasa potencia, suelen hacinar a decenas de personas, la mayor parte jóvenes, que tienen que soportar una larga travesía casi sin moverse del asiento que ocupan. Y es que en la embarcación también debe quedar hueco para el combustible necesario, los alimentos y el agua.

Unos viajes que los inmigrantes pagan gracias al sudor de sus familias que son las que suelen reunir el dinero del pasaje, entre 500 y 2.000 euros, que pagan a las mafias organizadas y que precisamente son las que persiguen las autoridades destinadas en la frontera.

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