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Cristian Carrera: "Galicia ya es de las pocas comunidades donde se siguen haciendo esquelas"

"Empecé de funerario por casualidad, pero ahora ya es vocación y lo que me gusta hacer"

Cristian Carrera, en la oficina de la funeraria de Pontevedra en la que trabaja. // Rafa Vázquez

Cristian Carrera, en la oficina de la funeraria de Pontevedra en la que trabaja. // Rafa Vázquez

La exhumación de Franco fue coordinada por el dueño de una funeraria de Lugo que posee el título de tanatopractor. Un hecho que puso de actualidad una profesión poco conocida y que, de hecho, pocos pueden ejercer en Galicia como tal, ya que la mayoría de los trabajadores de funerarias de la comunidad carecen de la titulación. Cristian Carrera Pérez nació en Pontevedra en 1990, y ha vivido varios años en Vilagarcía. Estudió para auxiliar de Enfermería, y llegó al sector de las funerarias con 18 años. Actualmente, compatibiliza su trabajo en la funeraria Albia, de Pontevedra, con la preparación de los exámenes de la Xunta para obtener el título de tanatopractor.

-¿En qué consiste el trabajo de tanatopractor?

-En acondicionar a los fallecidos de la mejor forma posible para que sus familiares los recuerden tal y como eran. Lo primero que se hace es higienizar lo máximo posible al difunto, para después vestirlo, que es lo que nosotros llamamos amortajar. Por último, se acondicionan el rostro y las manos para que resulten lo más naturales posible.

-¿Qué puede hacer un tanatopractor que no pueda un operario sin esta titulación?

-Todo lo que tenga que ver con la adopción de técnicas especiales de conservación del cuerpo, como el embalsamamiento, así como la retirada de marcapasos o de prótesis. Esas funciones solo pueden ser ejecutadas por un tanatapractor o un forense. Si el cadáver va a salir de la comunidad autónoma de Galicia ya deberá ir embalsamado.

-Los tanatopractores son por lo tanto profesionales muy necesarios en el sector funerario. La exhumación de Franco dio a conocer un poco más esta titulación que, sin embargo, posee poca gente. ¿Es difícil obtenerla?

-La Xunta de Galicia convoca cada dos años unos exámenes para que las personas que trabajamos en el sector funerario podamos conseguir esa titulación sin tener que faltar al trabajo. Galicia es una de las comunidades que más facilidades está dando ahora mismo para obtener la titulación de tanatopractor.

-¿Cómo llegó usted al sector profesional de las funerarias?

-Llegué por casualidad, pero ahora ya es vocacional, y no lo pienso dejar durante muchos años, si Dios quiere. Es lo que me gusta hacer. Lo más gratificante de nuestra profesión es tranquilizar a las familias en los peores momentos, ofreciéndoles una buena imagen de sus seres queridos.

-¿Exige una preparación psicológica especial trabajar con cadáveres?

-Para mí, no, quizás porque soy una persona positiva. Pero a una persona negativa o que piensa constantemente en que lo que le ha pasado al fallecido también le podría pasar a ella, sí que la puede arrastrar.

-¿Cuáles son las cualidades humanas o técnicas que ha de tener un tanatopractor?

-El trato con los familiares del difunto es muy importante, así que el tanatopractor ha de ser una persona con empatía, y que sepa estar en su sitio. En cuanto a las técnicas, se necesita destreza manual. En nuestra empresa contamos con unos procedimientos ya prefijados que hay que seguir en cada caso para que todo salga bien.

-¿Alivia a quien ha perdido a un ser querido verle bien arreglado y vestido en el ataúd?

-En un primer momento, las personas se derrumban, porque lo ven como era, pero ahora sin vida. Es la primera vez que lo ven dentro del féretro, y supone para ellos como un choque con la realidad. Pero a la larga es positivo para ellos porque lo recuerdan vestido y preparado con dignidad.

-¿Ha cambiado en algo su forma de percibir y entender la muerte desde que trabaja en una funeraria?

-Sí, ahora vivo más al día. Antes no viajaba, y desde que trabajo en esto me gusta más viajar y ver mundo. Cada uno lo interioriza de un modo diferente. A mí, ahora, me gusta más vivir.

-¿Le cuesta explicar a sus nuevos conocidos en qué consiste su trabajo?

-A mí no. No tengo ningún problema en decir a lo que me dedico. Pero sí es cierto que detrás de mi respuesta vienen después muchas preguntas. La gente quiere saber qué hacemos, y lo primero que me suelen preguntar es si también maquillo.

-¿Hay en las funerarias tantas oportunidades de trabajo como se suele decir?

-El sector está ahora muy estabilizado en las comarcas de Pontevedra y O Salnés, y no hay esa demanda laboral que se cree. Pero sí es cierto que la tendencia es a que sea un sector que seguirá creciendo. Ahora se están haciendo tanatorios en Pontevedra y Meis.

-¿Ha cambiado mucho la forma de enfrentarse a la muerte en Galicia durante las últimas décadas?

-Poco a poco estamos cambiando, aunque Galicia sigue siendo una tierra muy arraigada a su cultura. Galicia ya es una de las pocas comunidades donde se siguen haciendo esquelas, y donde las familias aún te piden una misa de funeral con varios curas. Un ejemplo claro de como están cambiando las costumbres es que en el rural todavía es raro que se opte por la incineración, mientras que en las ciudades es mucho más habitual.

-Sin embargo, los tanatorios ya son hoy aceptados de forma casi unánime.

-Sí. Cuando yo empecé en la funeraria, hace diez años, el 25 por ciento de las velaciones todavía se realizaban en los domicilios. Hoy aún sigue habiendo alguna, pero a lo mejor el porcentaje es de un uno por ciento.

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