DTO ANUAL 27,99€/año

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Un viaje desde el Medievo a ojos del padre Sarmiento

La importancia de las fortalezas medievales o las devociones centran la primera jornada del curso de la USC

Una de las charlas celebradas ayer en el pazo de Vista Real. // Iñaki Abella

Una de las charlas celebradas ayer en el pazo de Vista Real. // Iñaki Abella

Los castillos no solo eran fortificaciones para evitar ataques, sino también núcleos desde los que se irradiaba, y sobre todo, se demostraba poder. Los ejemplos en la comarca de O Salnés, según el profesor Carlos Galbán, doctor en Historia por la Universitat de Barcelona, son bastante abundantes, aunque cabría destacar dos fortalezas clave: las Torres do Oeste y Lobeira.

Sin negar su evidente fin militar para frenar las incursiones de vikingos y sarracenos, lo cierto es que fortalezas como estas dos edificaciones que servían más para "dominar el territorio y administrarlo; son un referente del poder en una sociedad muy jeraquizada, ya que se trata de los puntos donde se encarcela, donde se encuentra la corte o se celebran los juicios", explicó Galbán durante su intervención.

Que hoy se crea que su existencia se debía "a que la Edad Media era una sociedad belicosa per se es un error que se comete demasiado a menudo, simplemente se trataba de una sociedad con un esquema muy diferente al actual".

Galbán se refirió a las Torres do Oeste cuyo fin era mucho más complejo que cerrar la puerta de entrada a Santiago desde la ría de Arousa. "Las Torres eran una base naval y un punto de defensa importante, pero también una corte señorial, donde el obispo pasaba largas temporadas, por lo que se combinaba el ideario militar con el lujo de una residencia", señaló.

En el caso de la fortaleza de Monte Lobeira y su ataque por parte de los Irmandiños, Galbán también desmontó el mito de la rebelión del pueblo contra los nobles. "Las hermandades eran algo mucho más complejo que eso, más bien lo que buscaban era una reordenación de la sociedad y estaban formadas por un conglomerado de burgueses, nobles y pequeños hidalgos que buscaban poder", explica. En el caso de una fortaleza como Lobeira, "las funciones iban mucho más allá de las militares, se trataba incluso, de aparentar, de ver y que te viesen".

Por su parte Natalia Conde Cid, doctora en Historia da Arte por la Universidade de Santiago de Compostela, se centró en las devociones y creencias en el Medievo y cómo fue evolucionando durante aquellos siglos, centrándose en aquellas que se conservan en las iglesias de Barrantes o de San Martiño de Meis.

Otra de las ponentes de ayer fue la historiadora vilanovesa Alicia Padín, que realizó un recorrido por el viaje Sarmiento hizo en 1745 por O Salnés. Sarmiento entró en la comarca por la capilla de A Lanzada, uno de los lugares que más le llamó la atención, no solo por su ubicación, sino también por tener noticias de la aparición de nueve sepulcros y sus restos. Padín explicó que Sarmiento sí pudo ver el antiguo pórtico de la capilla, que fue expoliado a mediados del siglo XX y del que apenas quedan restos.

Otro punto que también llamó la atención del religioso fue la torre de Cálago, en Vilanova de Arousa. Cuando Sarmiento pasó, la antigua iglesia sede encontraba todavía en pie y pudo visitarla, además de hacer referencia al doble uso de la torre, como campanario del templo y como torre de vigilancia de la ría de Arousa.

San Martiño de Sobrán, San Pedro de Fontecarmoa y el campanario de Bamio fueron otras tres paradas obligatorias para el religioso antes de encaminarse hacia Santiago de Compostela.

En la jornada de hoy se analizarán las rutas como elementos dinamizadores del patrimonio cultural.

Compartir el artículo

stats