Francisco canoniza a la beata María de la Purísima, fallecida hace solo 17 años

A la madrileña se le atribuye el milagro de la curación de un hombre en coma

19.10.2015 | 04:00

La beata española María de la Purísima, superiora general de la Congregación de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, fue canonizada ayer en una ceremonia que presidió el papa Francisco en el Vaticano y en la que también fueron convertidos en santos otros tres beatos de Italia y Francia.

El caso de la religiosa española es singular, pues su proceso de canonización ha sido más rápido del que suele requerir la Iglesia Católica: es santa solo 11 años después de comenzar la causa para proceder a su elevación a los altares y 17 después de su muerte.

María de la Purísima nació en Madrid el 20 de febrero de 1926 con el nombre de María Isabel Salvat Romero y falleció en Sevilla el 31 de octubre de 1998. El milagro que ayer sirvió para canonizarla fue la curación milagrosa obrada a un hombre que estaba en estado de coma y que despertó sin secuelas debido a su intercesión. Anteriormente, había sido declarada beata después de que el 27 de marzo de 2010, Benedicto XVI, firmara el decreto que reconocía un milagro de curación a una niña de Huelva, atribuido a la intercesión de la religiosa.

"Santa María de la Purísima vivió personalmente con gran humildad el servicio a los últimos, con una dedicación particular hacia los hijos de los pobres y enfermos", afirmó el papa Francisco durante el acto en el Vaticano, al que acudieron miles de fieles de todas partes del mundo.

Junto a ella, también fueron convertidos en santos otros tres beatos, el sacerdote diocesano italiano Vincenzo Grossi, fundador del Instituto de las Hijas del Oratorio (1845-1917), así como los laicos franceses Louis Martin (1823-1894), y su esposa, Maria Celia Guérin (1831-1877), padres de Santa Teresita de Lisieux (1873-1897). Los franceses Louis y María Celia fueron canonizados por la curación milagrosa de Carmen, una niña de Valencia que nació prematura en 2008 y ayer llevó hasta el altar las reliquias de los nuevos santos.

Asistió el ministro del Interior español, Jorge Fernández Díaz, el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el embajador ante la Santa Sede, Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga.

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