GALLEGOS EN LA CIMA
Lucía latorre piñeiro

"Algo maravilloso de Seychelles es que nadie tiene prisa"

La bióloga gallega coordina un proyecto contra especies invasoras en el Vallée de Mei, declarado Patrimonio de la Humanidad

13.04.2014 | 02:51
"Algo maravilloso de Seychelles es que nadie tiene prisa"

A finales del sigo XIX, un general británico creyó encontrar el Jardín del Edén en el Vallée de Mai, en la isla de Praslin, e identificó el árbol del conocimiento con el coco de mer, una especie de palmera endémica de Seychelles cuya semilla, la mayor del mundo, alcanza los 20 kilos. En este bosque ancestral donde la presencia humana data tan solo de 1930 trabaja desde octubre la bióloga gallega Lucía Latorre -nacida en Lugo en 1981 aunque criada en Ourense- con el objetivo de proteger su biodiversidad frente a especies invasoras, una de las principales amenazas, y elaborar un plan de gestión para futuras generaciones.

Lucía puso rumbo al paraíso pocos días después de defender en Vigo una tesis en la que planteaba estrategias frente a las invasiones de especies animales en Cíes y Sálvora y también en las islas mallorquinas de Cabrera y Dragonera. En el archipiélago del Índico coordina un proyecto europeo dentro de la Seychelles Islands Foundation, la organización que gestiona la conservación del Valleé de Mei y también de la isla coralina de Aldabra.

La reserva, declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1983, ocupa el corazón del parque nacional de Praslin, cuya extensión es de 324 hectáreas. Es la única zona de Seychelles donde conviven las 6 especies endémicas de palmeras y también animales únicos como el loro negro, el ave nacional, el zorro volador -"un murciélago enorme de color naranja que vuela de día muy cerca de ti"- o la rana Gardiner, la más pequeña del mundo y que cabe en una uña.

El investigador que la precedió identificó las seis especies introducidas por el hombre más peligrosas para las palmeras o con mayor potencial de ser invasivas -kalis dipap, lagati, albizia, bwa zonn, santol y jackfruit son los nombres de estos árboles en criollo-.

"Es la primera vez que se desarrolla un proyecto así en el Vallée de Mer. Ahora tenemos que elegir qué especie hay que erradicar y es muy importante tener en cuenta todas las consecuencias que tendría cada una de nuestras acciones. Lo más importante es que estamos aquí para obtener información y también para enseñar a la gente y dejarles un plan de manejo", señala Lucía.

Además de estudiar toda la documentación existente, los biólogos realizan experimentos de campo para probar diferentes tratamientos: "Si cortas las especies peligrosas se abre un hueco en el dosel arbóreo por el que entra luz y este exceso puede ser contraproducente y acabar beneficiando a las invasoras. Sin embargo, existen bastantes indicios de que las enormes hojas de coco de mer sobre el suelo generan unas condiciones beneficiosas para su propia prole. Por eso valoramos la posibilidad de utilizar este método".

Lucía está disfrutando de una experiencia "increíble": "En el Facebook me reprimo para no dar envidia. La última vez que buceé me encontré a un tiburón. Es una de las zonas tropicales con mayor riqueza y un medio completamente distinto al resto en el que aprendes muchísimo. Una de las cosas maravillosas es que está tan poco estudiado que casi cada día surgen cosas nuevas. Y además me ha permitido combinar el trabajo científico y la gestión. En ecología es habitual que otra persona lleve a cabo tus propuestas o que ni siquiera se hagan. Aquí nuestro plan se va a aplicar y esto es muy gratificante".

Pero la bióloga no oculta que fue difícil adaptase a un estado de semiaislamiento en una isla formada por pequeñas aldeas muy diseminadas y sin transporte público. "Me estoy dando cuenta de lo cercanos y cariñosos que somos los gallegos y los españoles. Es difícil llegar a los expatriados y aquí no hay bares, la gente se junta en la calle o en la playa. También aprendes a tener muchísima paciencia y a adaptarte a lo que hay. Conseguir una almohada me costó tres días", comenta entre risas.

De los locales destaca su carácter tranquilo y afable. Aprecian a los investigadores -"Están muy orgullos de la joya que tienen y valoran mucho a los conservadores"- y su visión de la vida difiere de la occidental: "Algo maravilloso de Seychelles es que nadie tiene prisa. Disponen de todo el tiempo del mundo. Los primeros días me miraban porque andaba my rápido, como si estuviese en España".

Lucía no volverá a casa hasta el verano y tiene claro que "lo primero" que hará será comer jamón. Su trabajo en Seychelles se prolongará hasta 2015: "Permanecer en España es bastante utópico pero buscaré un destino más cerca de casa".

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