Crónicas galantes

Los puentes resisten al Gobierno

20.10.2015 | 02:12
Los puentes resisten al Gobierno

Tres años después de que anunciase el derribo de los "puentes" sobre aguas laborables, el Gobierno no ha tenido arrestos para ejecutar tan impopular demolición. Así lo revela el calendario -aún provisional- del próximo año, en el que el intervalo de festivos de la Inmaculada y la Constitución permitirá un macropuente con armazón de acueducto de una semana entera de longitud. Nada se puede hacer contra tradiciones tan establecidas como esta.

La idea, que llegó a ser acordada con patronal y sindicatos e incluso obtuvo el nihil obstat de la Iglesia, consistía en trasladar al lunes siguiente alguno de los festivos concurrentes en la misma semana.

De este modo, la actividad laboral no se alteraría -en según qué empresas- durante cinco, seis o hasta ocho días de vacación ininterrumpida. No es que nos fuésemos a convertir en laboriosos alemanes, pero al menos aumentaría la productividad del país en momentos de tanta necesidad como los de la crisis.

El mismo Mariano Rajoy que exhibió puño de hierro para rebajar sueldos, sustraer pagas extras y reducir derechos laborales, ha sufrido sin embargo temblores de pulso a la hora de dejar a los españoles sin puentes. Aunque el presidente citó la medida en su discurso de investidura y, en efecto, trató de materializarla pocos meses después, lo cierto es que los puentes siguen ahí. Incluido, como ya se dijo, el acueducto de la Inmaculada Constitución del próximo 2016.

Es natural, si bien se mira. La abolición de los puentes -esa ingeniería del ocio tan española- sería una apuesta igual de arriesgada que la de suprimir por decreto la costumbre de salir de vinos o la de las tapas. No se pueden atacar impunemente los hábitos que definen a un país.

Cuando se trata de feriar y vacacionar, aquí no hay moros ni cristianos. Los ateos más comecuras disfrutan sin escrúpulos de los puentes en honor a San José o del que propicia la Semana Santa; del mismo modo que las gentes de misa y observancia religiosa aprovechan el del Primero de Mayo para viajar.

La españolísima institución del puente permite incluso un raro maridaje entre lo religioso y lo profano en el que enlaza allá por diciembre la festividad de la Virgen y la de la Constitución cuando los azares del almanaque resultan propicios. Tal como sucederá, por ejemplo, el próximo año, dado que la primera de ellas cae en jueves y la segunda en martes.

Esta pasarela de diciembre sirve, entre otras cosas, para que el Estado y la Iglesia, separados por imperativo legal, vuelvan a confluir durante unos días gracias a la coyunda entre el festivo de Constitución y el de la Inmaculada. Tanto es así que algunos despistados podrían llegar a la conclusión, más bien excesiva, de que el santoral de la Iglesia incluye entre sus mártires a una imaginaria Virgen de la Constitución.

Amenazado de derribo por la crisis y por un Gobierno que hace cuatro años llegaba al poder con aires iconoclastas, el puente resistió a pesar de todo aquellos primeros embates. Finalmente, sus pilares han resultado ser lo bastante sólidos como para que la autoridad al mando desista de sus propósitos.

Se demuestra así que Rajoy exageraba un poco cuando hace algunas semanas definió a los españoles como "los alemanes del Sur". Hay puentes que conviene no cruzar: y menos en vísperas de elecciones.

stylename="070_TXT_inf_01">anxel@arrakis.es

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