De vuelta y media

La accidentada gestación de la Residencia de Estudiantes

05.05.2013 | 03:43
La Residencia de Estudiantes de la Caja de Pontevedra recién acabada y todavía sin urbanizar su entorno.
La Residencia de Estudiantes de la Caja de Pontevedra recién acabada y todavía sin urbanizar su entorno.

La Residencia de Estudiantes comenzó a fraguarse hace cincuenta años a modo de colegio menor. Tras seis años de gestación se convirtió en el primer gran proyecto que acometió la Caja de Ahorros de Pontevedra al amparo de su incipiente obra social.

Hoy casi la totalidad de sus acogidos son jóvenes universitarios. Sin embargo, el centro nació para albergar alumnos de toda la provincia, menores de 18 años y con escasos recursos económicos, que querían acceder a las enseñanzas medias, bachillerato, maestría y magisterio.

Hasta entonces sólo ayudas y subvenciones a instituciones asistenciales y comunidades religiosas habían acaparado las acciones benéficas de la CAP. Por ese motivo aquel proyecto marcó un antes y un después entre sus actividades no financieras.

A principios de 1963 la estrecha complicidad del presidente de la Caja, Prudencio Landín Carrasco (también presidente de la Diputación) con el alcalde de Pontevedra, José Filgueira Valverde, impulsó conjuntamente la puesta en marcha de un colegio menor y un nuevo edificio para la Escuela de Maestría. Poco después Enrique Lorenzo Docampo sustituyó en el cargo a Prudencio Landín, y también defendió con el mayor interés aquellos proyectos complementarios.

A "la urgente necesidad social de acoger, orientar y amparar a aquellos jóvenes pontevedreses que aspiran a una mejor formación y de la cual se ven privados por falta de medios o por carencia de centros" apeló la CAP para enmarcar su actuación.

La construcción de la Residencia de Estudiantes gozó de una excelente acogida y durante la ejecución de la obra recibió en 1967 la visita del ministro de Educación y Ciencia, Manuel Lora Tamayo.

Tan encantados como estaban con el proyecto, los responsables de la CAP se olvidaron, o hicieron que se olvidaban, de lo más importante: solicitar el permiso obligatorio del Banco de España y del Ministerio de Hacienda para acometer aquella obra benéfico-social.

Cuando se descubrió el pastel causó una gran conmoción entre sus máximos responsables y enseguida el presidente, Enrique Lorenzo, y el director, Gaspar Gil, fueron llamados a capítulo desde Madrid. En reuniones separadas, ambos tuvieron que verse las caras nada más y nada menos que con Mariano Navarro Rubio y Juan José Espinosa Sanmartín, los cargos supremos de dichos organismos.

El asunto tuvo su miga pero se resolvió favorablemente. "Con sus dotes de diplomacia y simpatía, consiguió en todos los casos hacer que la impresión no favorable de las autoridades mencionadas se atenuase grandemente". De esta guisa explicó luego el director al consejo de administración de la Caja la actuación del presidente ante ambos mandatarios.

Tan convincente estuvo Lorenzo Docampo en ambas entrevistas que el grave incidente se saldó con una simple amonestación, aunque con apercibimiento de sanción grave en caso de reincidencia.

Finalmente el propio ministro Espinosa Sanmartín firmó la autorización del centro el 21 de febrero de 1969, y su inauguración oficial tuvo lugar el 31 de octubre del mismo año. El alumnado y personal del centro abarrotaron el salón de actos de la Residencia de Estudiantes junto a las primeras autoridades locales.

Tras reinventarse a sí misma desde entonces, la Residencia de Estudiantes se encuentra hoy envuelta en una densa niebla que no permite vislumbrar su futuro con mucha claridad. Seguramente nunca como ahora su continuidad estuvo tan en el aire, salvo otro momento difícil que vivió en los años 80. Para bien o para mal, su suerte está unida a la fundación Novacaixagalicia, cuya trayectoria constituye otro enigma por el momento indescifrable.

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