Mougás, un curro como los de antes

Un total de 400 caballos marcados a fuego en una jornada con cientos de espectadores

12.06.2017 | 12:23
Momentos de marcado, doblegado y selección de potros durante la jornada. // Ricardo Grobas
Momentos de marcado, doblegado y selección de potros durante la jornada. // Ricardo Grobas

Cientos de personas disfrutaron ayer del tercer curro de la temporada, el celebrado en Mougás, que demostró que la ancestral tradición de la rapa se mantiene más viva que nunca. La cabaña se recupera tras cinco años de creciente caída por el decreto equino de la Xunta y la obligatoriedad del microchip, que llevó a numerosos ganaderos a vender sus reses. La bajada de precios de los dispositivos electrónicos ha contribuido a que muchos hayan vuelto a la actividad de la cría de caballos en libertad. Su empeño en conservar una costumbre heredada de sus abuelos y padres puede más que cualquier contratiempo administrativo finalmente. Ayer fueron unas 400 "burras" las desparasitadas y sometidas al milenario ritual de la rapa y el marcado a fuego. Todas quedaron listas para un caluroso verano en los montes después de una jornada de auténtica fiesta.

La jornada arrancó como siempre a primerísima hora, con la salida al monte de los ganaderos en busca de las reses para atraerlas al recinto. Mientras unos rastreaban la zona tras las "bestas" otros se iban acercando al espacio equipados para el acostumbrado picnic, que se desplegó una vez reunidos los caballos entre los muros. "A xente está volvendo a pasar o día do curro en familia no monte, coma antes", comentaban los ganaderos satisfechos. Ayudaba el sol radiante que lució desde la mañana y las temperaturas agradables hasta la tarde.

Tras la sobremesa llegaron juntos el trabajo y el espectáculo. Los mozos irrumpieron en el curro para someter a las "bestas" en torno a las cinco de la tarde. El guion no cambia. Comienza con el encierro en el reducido círculo de piedra. Allí se separa primero a los potros nacidos durante el invierno de sus madres para marcarlos a fuego y colocarles el microchip, de manera que quedan debidamente identificados con el símbolo de la ganadería de sus dueños. A continuación, llega el turno de los machos o "garañones", empeñados en competir por el liderazgo de la manada, y por último, se cortan las crines y se desparasita a las yeguas.

La intensa lucha cuerpo a cuerpo volvió a entusiasmar al entregado público, que se deshizo en aplausos y vítores hacia los intrépidos "aloitadores". Llamó la atención también de un científico de la Universidad de Texas, que recorre Europa para realizar un estudio sobre los animales salvajes del viejo continente. Fascinado se quedó tras conocer cada paso del curro, su tradición milenaria y su arraigo entre la población.

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