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ABRIMOS A MEDIODIA
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BEATRIZ AROSA

CADA DIA ME GUSTA MENOS MADRUGAR. COMO ME GUSTARÍA QUE ME TOCASE EL EUROMILLÓN!!

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EN REALIDAD, ESTE BLOG ESTÁ ABIERTO A TODAS HORAS, A TODAS LAS PERSONAS Y A TODAS LAS OPINIONES.


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  • 04
    Enero
    2016

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    SOCIEDAD vigo

    UNA DE BRAVAS SIN SALSA, POR FAVOR

    En la ciudad donde viví gran parte de mi vida había un viejo local con una buena carta de sabrosos bocadillos donde el propio dueño te tomaba el pedido, te lo hacía, te lo servía y te cobraba. Me encantaba porque no había problemas con nada. Que querías un bocata doble, pues doble, que querías solo medio bocadillo, pues medio, que lo querías pequeño pero con doble contenido, pues dicho y hecho, más pasado, menos pasado, con pepinillos, o con pimientos. Luego el dueño te cobraba lo que le parecía adecuado y todos tan contentos.

    UNA DE BRAVAS SIN SALSA, POR FAVOR

     

    Cuando me fui a vivir a Madrid donde eran mucho más frecuentes las franquicias o las grandes cadenas tipo McDonalds, Pans and Company y otros, aquel trato familiar y consentidor me pasó factura.

    Hablo de 20 años atrás y yo, que no estoy por la labor de tirar ni la comida ni el dinero, sentía que me miraban como a un bicho raro cuando pedía un corto de cerveza. “Un corto, dice usted? No, aquí no tenemos cortos, solo cañas”. “Pero una caña es mucho, no puedes ponerme media caña y cobrarme la mitad?” “No, aquí solo tenemos cañas” . Que sea una caña entonces.

    “Bueno, ponme también un pincho de tortilla con un trozo de pan” “No, aquí no ponemos pan con la tortilla” “Vale, pero me lo pones y me lo cobras” “No, aquí no ponemos pan con la tortilla” “Pero yo estoy viendo ahí una barra de pan, me das un trocito y me lo cobras y quedamos tan amigos”

    PUES NO. No había forma. Qué zoquetes son estos tíos, Dios mío, pensaba yo. Será que lo que pido es tan complicado???

    Recuerdo en otra ocasión en un restaurante bastante caro y lujoso en Buenos Aires. En la carta tenían una variada oferta de tortilla francesa, a saber, con jamón, con gambas, con queso, con chorizo… Yo no tenía el estómago para muchas fiestas aquella noche y opté por pedir una tortilla francesa sin más, o sea, sin nada. EN QUÉ MOMENTO!!!

    “Por favor, me traes una tortilla francesa?” “Sí, señora, con qué la quiere, con jamón, con chorizo, con queso, con gambas…?” “No, muchas gracias, sin nada, solo la tortilla” “Pero no va a poder ser, tiene que ser con chorizo, o con jamón…” Lo interrumpí “Vamos a ver, las tortillas ya están hechas?” “Claro que no, señora, se hacen en el momento” “Pues no entiendo cuál es el problema, no la rellenen con nada y ya está” “Ya, pero no, no puede ser, tiene que llevar chorizo, o jamón, o …”

    BASTA!!! Volví a interrumpir al camarero que recitaba la carta como si fuera un papagayo. “Tráemela con lo que te dé la gana a ti, ya está, me da igual” En fin, me la trajo con gambas y al carajo.

    UNA DE BRAVAS SIN SALSA, POR FAVOR

     

    Recuerdo más casos de rigidez extrema en diversos restaurantes pero me viene a la mente uno en una bocatería simple y llana, sin sofisticaciones.

    “Por favor, querría una cerveza con un bocadillo de lomo, pero me lo pones con mayonesa” “Uy, no va a poder ser, nuestros bocadillos de lomo no llevan mayonesa”

    Ya empezamos

    “Me lo imagino pero si eres tan amable, le echas un poquito de mayonesa, de ese botecito que tienes ahí o me das un sobrecito y ya se la añado yo” “Ya, pero es que nuestros bocadillos de lomo no llevan mayonesa”

    “PERO ES QUE A MI ME GUSTAN LOS BOCADILLOS DE LOMO CON MAYONESA!!! Es que nadie lo puede entender??? Que no estoy pidiendo que el lomo sea de cerdo criado con bellota madurada en otoño, en los verdes campos de Guijüelo, ni que el pan haya sido horneado en tres fases a distintas temperaturas para alcanzar su punto óptimo de textura y cocción. Solo quiero un MALDITO SOBRE DE MAYONESA”

    La verdad es que, en los últimos años, tal vez por la crisis que obligó a todo el mundo a ampliar sus mentes para poder aumentar sus ventas, he observado una relajación en estas “estrictas normas” por las que se regían estos locales. Y me parece muy bien.

     

    Aun así, cuando vuelvo a mi ciudad, me gusta ir al viejo local, donde el hijo de aquel buen hombre que me atendía hace muchos años sigue sus mañas y lo mismo te parte el bocadillo en tres, que le echa mayonesa o que te quita el pimiento y lo sustituye por un huevo frito y doble de queso. Así, sin parpadear.

     

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