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Delfina Rodríguez, con sus dos hijas, Delfina y Marina, en una de sus últimas fotografías juntas.

"Nos dijeron que no pasaba nada y nuestra madre murió por COVID"

En marzo de 2020, hacía ya casi cuatro años que Delfina Rodríguez estaba ingresada en la residencia DomusVi de Barreiro. A sus 83 años de edad y con un elevado grado de dependencia debido a su demencia, no podía valerse por sí misma. Sus dos hijas, Marina y Delfina, acudían a diario cuando salían de trabajar para estar con ella y darle la merienda y la cena. Ambas estaban muy unidas a su madre. Cuando empezaron a llegar las primeras noticias del coronavirus, “nos dijeron que al principio iba todo bien”, recuerda Marina Pérez, una de las hijas. Pero todo cambió cuando las autoridades sanitarias ordenaron blindar las residencias de mayores para evitar riesgos. Fue entonces cuando empezaron las llamadas diarias de angustia para saber cómo estaban los mayores.

En marzo de 2020, hacía ya casi cuatro años que Delfina Rodríguez estaba ingresada en la residencia DomusVi de Barreiro. A sus 83 años de edad y con un elevado grado de dependencia debido a su demencia, no podía valerse por sí misma. Sus dos hijas, Marina y Delfina, acudían a diario cuando salían de trabajar para estar con ella y darle la merienda y la cena. Ambas estaban muy unidas a su madre. Cuando empezaron a llegar las primeras noticias del coronavirus, “nos dijeron que al principio iba todo bien”, recuerda Marina Pérez, una de las hijas. Pero todo cambió cuando las autoridades sanitarias ordenaron blindar las residencias de mayores para evitar riesgos. Fue entonces cuando empezaron las llamadas diarias de angustia para saber cómo estaban los mayores.

“La enfermera que cuidaba a nuestra madre nos informaba de su estado, pero nunca nos habló del virus, nunca nos dijeron que estaba contagiaday nos decían que estuviéramos tranquilas, que no pasaba nada”, recuerda Marina. La incertidumbre de esos días fue enorme y la angustia de la familia se disparó. Hasta que un día recibieron una llamada, pero ya no de DomusVi Barreiro, sino del hospital Álvaro Cunqueiro, para informarles que su madre estaba ingresada en estado grave y aislada con coronavirus. “Nos ofrecieron ir a despedirnos de ella. Yo no pude porque pertenezco a un grupo de riesgo, pero fue mi hermana, a la que le dejaron entrar tras ponerse toda la protección: gafas, EPI, mascarilla, etc. Pese a que al siguiente día tuvo un signo leve de mejora, acabó falleciendo el 30 de marzo tras cuatro días ingresada”, recuerda Marina. Se cree que Delfina fue la primera persona de una residencia de mayores de Vigo que murió por coronavirus. O al menos una de las tres primeras. El geriátrico de Barreiro fue el más afectado en un principio tras un brutal brote que afectó a más de la mitad de sus 150 residentes y provocó la muerte de al menos doce de ellos. “No nos parece normal lo que sucedió, y lo peor es que se veía venir porque veías cosas que no funcionaban como deberían. Había veces que íbamos a ver a nuestra madre, antes de la pandemia, y la encontrábamos empapada de sudor y sin estar atendida. Curiosamente las residencias de mayores que sí que tomaron medidas cuando empezaron a ver lo que venía con el virus no tuvieron un descalabro como DomusVi Barreiro o DomusVi Aldán. Mi madre era muy dependiente por la demencia, pero si no fuera por el virus hubiera vivido mucho más”, asegura Marina. Por eso todavía piden explicaciones un año después de lo ocurrido en el geriátrico de Barreiro y que finalmente acabó con la vida de Delfina. Sospechan además que fue otra persona la que introdujo el COVID en la habitación de Delfina, que con su elevado grado de dependencia no se podía mover de esa habitación.

La despedida final

La despedida final de su madre también fue especialmente dolorosa para esta familia. Por aquel entonces ya estaban fijadas las restricciones en los funerales y tanatorios y tuvieron que despedir el féretro de forma íntima, durante “cinco minutos y salimos”. Marina, por tanto, estuvo varias semanas sin ver a su madre: desde que se prohibieron las visitas a la residencia por los primeros casos de COVID, y tampoco pudo acudir al hospital al ser una persona vulnerable para evitar exponerse al virus.

“Fueron días de mucha angustia, nos sentíamos muy impotentes porque no entendíamos lo que estaba pasando y no podíamos hacer nada, leíamos noticias en la prensa que nos preocupaban... Realmente creo que en la residencia se pudieron hacer mejor las cosas”, asegura un año después Marina Pérez.

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