21 de abril de 2008
21.04.2008
EL NUEVO DIRECTOR GENERAL TRABAJABA COMO ASESOR EXTERNO DESDE EL PASADO VERANO
 

El tiempo de los tecnócratas

21.04.2008 | 02:00
Antonio Chaves.

El nombramiento de Antonio Chaves como director general del Celta certifica el poder en la sombra del consejero Ángel Piñeiro y la influencia de "J&A Garrigues".

Antonio Chaves, una figura siempre en segundo plano en las fotografías de los últimos meses, avanza hacia la trinchera principal como nuevo director general del Celta. Su nombramiento refuerza y certifica el poder de Ángel Piñeiro, un consejero tan amante del anonimato como influyente. Ambos representan el poder de la joven tecnocracia en Praza de España.
Chaves apura sus días como abogado de `J&A Garrigues´, bufete al que pertenece Ángel Piñeiro. El grovense se instalará en su despacho celeste en quince días, a más tardar. Romperá el vínculo profesional con `Garrigues´, pero su filiación no admite dudas. Ya fue Piñeiro el que lo introdujo en el Celta como asesor externo el pasado verano. Participó al principio en cuestiones como la redacción de los contratos futbolísticos. Tras la marcha del anterior director general, Xavier Martínez Cobas, cobró peso y ha participado últimamente en algunas reuniones de la Liga Profesional y la Federación Española.
Su experiencia en el mundo de la pelota, con todo, resulta bastante limitada. Se ciñe a lo que haya podido vivir estos meses. Cuentan de él que es tan inteligente como trabajador. Licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago, con un máster en Derecho en Internet y Comercio Electrónico, el treintañero Chaves responde al perfil "JASP". Es un técnico, un ejecutivo de sólidos conocimientos teóricos pero sin las cicatrices que los pasillos del fútbol dejan en la piel y la astucia que se adquiere entre los lobos, lo que Alfredo Rodríguez, otro de sus antecesores, aprendió con los años.
Con Chaves se inaugura un nuevo estilo en la era Mouriño, que tantas veces ha modificado sus apuestas. Poco tiene que ver este fichaje con el de Xavier Martínez Cobas, un hombre que imprimía filosofía y conocía todos los entresijos de la sociedad viguesa y gallega. Está por ver qué autonomía se le concede al que en teoría será el número uno en el escalafón profesional de la institución. La gestión económica está bien cubierta por María José Herbón, la gerente, con la que la directiva se siente plenamente satisfecha. Chaves puede limitar su función al trasiego rutinario o adquirir un peso que ahora mismo no tiene.
Otro objetivo
La directiva, a la hora de sustituir a Cobas, se fijó como objetivo contratar a un director general "puro", de empresa. Que tampoco es Chaves. Su elección responde en parte a la negativa de otros candidatos y en parte a la jerarquía que Ángel Piñeiro, el gran valedor del joven, tiene a ojos de Mouriño. El consejero más esquivo con los focos reaparece en la actualidad a través de este personaje interpuesto.
"J&A Garrigues" colabora con Carlos Mouriño en varios negocios. Ahí nació una sólida relación entre el presidente y Ángel Piñeiro, que se enroló en la directiva pero a condición de no aparecer en el escenario público por principios internos de su bufete. Una pretensión vana e incluso ingenua, ya que el Celta es una casa de cristal sometida a un permanente escrutinio. Piñeiro ha llegado a abroncar a un fotógrafo que pretendía retratarlo en Balaídos. La única vez que adoptó cierto protagonismo fue en la asamblea de accionistas, donde ejerció como secretario y ciertamente de forma conciliadora.
Piñeiro prefiere el papel de `eminencia gris´ a espaldas de Mouriño. El consejo actual está atomizado. Varios practican el absentismo o anhelan desertar cuando se les abra la puerta. Otros aguardan algún giro del destino que modifique su rol. El presidente cuenta con Ricardo Barros y Antonio Rosendo como soportes visibles, también por amistad e implicación en la vida del club, pero es Piñeiro al que más presta atención. A sus consejos, sus susurros, sus estrategias. Y Piñeiro mueve pieza con el nombramiento de Antonio Chaves. No están de moda los viejos zorros ni los dirigentes renacentistas; no se requiere ideología ni gente amamantada en el césped. Es el tiempo de los tecnócratas. Ya se verá si la pelota se deja domesticar por ellos.

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