españa chile

19.06.2014 | 01:22

inmovilismo

No es amigo Del Bosque de grandes revoluciones y tampoco lo fue anoche frente Chile, un equipo de hormigón armado, fiero, tácticamente impecable, que enseguida olfateó el olor a muerto y se tiró a la yugular.

Xavi Hernández (al que muchos dan ya como jubilado) y Gerard Piqué fueron los hombres señalados por el técnico español, que dio el testigo a Pedro Rodríguez y a Javi Martínez. Pero los cambios no mejoraron a España. La Roja entró en el partido con un nudo en el estómago, con los nervios a flor de piel, como si tuviese la sensación de que su destino en el partido estaba escrito de antemano. Y no tardó en derrumbarse. Bastó una grosera pérdida de balón de Xabi Alonso (infamante de nuevo ayer) para que Chile armara con velocidad la contra y el valencianista Vargas pusiese en franquicia a los chilenos a los 19 minutos de partido. La Roja acusó el golpe. Se mostró incapaz de franquear la defensa adelantada desplegada por Sampaoli y cuando logró acercarse a los dominios de Bravo y armar algún disparo se topó con un muro infranqueable. Los hechos han acabado por demostrar que la culpa del zarandeo sufrido ante Holanda no era de Xavi ni de Piqué, sino de un grupo en decadencia. Ha sido un fracaso coral.

casillas

La puntilla a la selección se la puso Aranguiz, al filo del descanso, en esos que se suele llamar minutos psicológico, con la inestimable colaboración de Iker Casillas. El tantas veces salvador se convirtió en este campeonato en involuntario verdugo. Su desastrosa actuación ante Holanda se vio prolongada ayer con un defectuoso despeje de puños a un duro lanzamiento de falta de Alexis que recogió Aranguiz y colocó de un uñazo lejos del alcance del cancerbero español. No estuvo bien el portero madridista, a quien evidentemente le ha pasado factura en el Mundial su suplencia en el club, pero una mala tarde frente a Holanda no era razón suficiente para defenestrarlo y Del Bosque, en una decisión coherente pero finalmente errada decidió mantenerlo hasta el final. Murió con las botas puestas.

diego costa

Era sobre el papel el arma secreta con la que contaba la selección española para marcar la diferencia en este Mundial. El recambio de Fernando Torres y David Villa, dos artilleros que habían dado muchas tardes de gloria al equipo nacional pero que llegaban como tantos otros a Brasil con evidentes síntomas de agotamiento. El problema de Del Bosque es que el delantero de Lagarto no fue ni la sombra del goleador que ha deslumbrado a medio mundo estos últimos meses en el Atlético de Madrid. Quizá no se ha adaptado al estilo de juego de la selección, que casa mal con sus condición de veloz contragolpeador, o seguramente se ha visto afectado por la presión de haberse convertido en el enemigo número uno de su propio país. El caso es que el experimento de Costa no ha funcionado y la prueba es que España apenas si ha sido capaz de convertir un gol, de penalti, en los dos partidos que ha disputado hasta la fecha. Claro que Torres tampoco mejoró en exceso sus prestaciones y Cesc, que en el pasado resultó todo un acierto como falso nueve, casi no ha tenido minutos y Villa ni siquiera ha podido estrenarse.

reacción tardía

Los cambios introducidos por de Bosque en el segundo tiempo (sobre todo Koke por Xabi Alonso) mejoraron las prestaciones de la selección, que durante algunos minutos agarró al toro por los cuernos, hizo fluir la pelota y generó, gracias al inmenso talento de Iniesta, un par de ocasiones de gol diáfanas que habrían podido meterla en el partido. Aunque Costa y Busquets perdonaron lo imperdonable, durante un breve instante dio la impresión de que España podía reaccionar. Pero Chile, que se dedicó tras el intervalo a conservar, no ofreció resquicios y el paso de los minutos hizo el resto.

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