¿Quién es Viktor Kane? Un misterioso escritor «sin rostro» debuta desde O Morrazo con un thriller trepidante
La novela debut de este autor anónimo se titula Sin testigos y está disponible en Amazon
«Me atrae escribir personajes aparentemente normales porque creo que ahí reside el auténtico terror. En la vida real casi nadie parece el villano de su propia historia»

Recreación hecha con IA de Viktor Kane, escritor gallego. / Cedida
Una nueva carrera literaria acaba de despegar desde un rincón de O Morrazo. Un autor anónimo de la comarca, cuya identidad se oculta bajo el pseudónimo de Viktor Kane, estrena Sin testigos, un thriller psicológico protagonizado por el terapeuta David Salinas.
Detrás de una fachada de tranquilidad y autocontrol, este hombre oculta más secretos de los que nadie imagina. Sin embargo, las pesquisas de la periodista Nora Vidal darán un vuelco a su vida y le harán volver a encontrarse de frente con una serie de recuerdos que no son lo que parecía.
La novela, que ya está disponible a través de Amazon, busca provocar a los lectores y hacerles dudar de aquello que parece ser cierto (y no siempre lo es). Hablamos sobre ella con Viktor Kane, quien no desvela su rostro ni su nombre real para que solo Sin testigos ocupe el foco.
—No podríamos empezar con otra pregunta: ¿quién es Viktor Kane?
—Probablemente debería mantenerme en silencio. Es una frase que resume bastante bien quién es Viktor Kane. Casi podría decir que se ha convertido en la forma más honesta de responder cuando alguien intenta definirlo.
Si aun así tuviera que hacerlo, diría que Viktor Kane es mi mayor proyecto creativo. No nació como un simple pseudónimo ni como una estrategia para ocultar una identidad. Nació como una decisión artística muy meditada. Quería construir una identidad literaria capaz de existir por sí misma, donde las historias fueran siempre el centro de todo y el autor aceptara permanecer en un discreto segundo plano.
«Quería que el lector llegara a la novela sin prejuicios, sin etiquetas y sin ninguna expectativa que no naciera de la propia historia»
Durante años he tenido la sensación de que, en muchas ocasiones, conocemos demasiado de quien escribe antes de haber leído una sola página. Sabemos cómo habla, qué opina, qué come, dónde vive o cómo es su día a día. Todo eso acaba creando una imagen previa que, inevitablemente, condiciona la lectura. Yo quería experimentar justo con lo contrario. Quería que el lector llegara a la novela sin prejuicios, sin etiquetas y sin ninguna expectativa que no naciera de la propia historia. Por eso Viktor Kane no es una máscara. Tampoco un personaje. Es una identidad literaria creada para demostrar que una historia puede sostenerse por sí sola. Que un libro puede emocionar, inquietar o acompañar a alguien sin que importe quién aparece en la contraportada.
Además, Viktor Kane nunca estuvo pensado únicamente para firmar novelas. Desde el principio imaginé un universo narrativo que trascendiera las páginas de un libro. La forma de comunicar, el misterio que rodea al autor, las piezas audiovisuales, las noticias ficticias, las pequeñas pistas… Todo forma parte de una misma experiencia creativa. No busco alimentar el misterio por el misterio. Busco que el lector sienta que la historia empieza antes de abrir el libro y continúa mucho después de haberlo cerrado.
Si algún día el nombre de Viktor Kane llega a ser recordado, me gustaría que no fuera por quién hay detrás, sino por las historias que fue capaz de contar. Al final, ese siempre ha sido el verdadero propósito del proyecto. Viktor Kane no nació para ocultar a un autor. Nació para dar más espacio a sus historias.

«Sin testigos», la primera novela de Viktor Kane. / FdV
—Pero, en realidad, Viktor Kane no existe... ¿Por qué escribir tras un pseudónimo?
Es una pregunta que me hacen mucho y creo que parte de una idea que, en mi caso, no es del todo cierta. Viktor Kane no existe para ocultar a alguien. Existe porque la historia necesitaba que existiera. Cuando empecé a dar forma al proyecto tuve claro que no quería separar únicamente mi vida personal de mi faceta como escritor. Quería crear una identidad literaria con entidad propia, capaz de sostener una forma diferente de contar historias. Podría haber publicado Sin testigos con mi nombre real, pero no habría sido el mismo proyecto. La novela necesitaba a Viktor Kane porque ambos nacieron al mismo tiempo.
«No me interesa alimentar el misterio por el misterio. Me interesa que Viktor Kane tenga sentido como proyecto creativo»
Vivimos rodeados de información. Antes de leer un libro sabemos cómo es el autor, qué opina, qué publica en redes sociales o incluso cómo habla. A veces todo eso enriquece la lectura; otras, la condiciona. Yo quería ofrecer una experiencia distinta. Que el lector llegara a la primera página con la única referencia de la historia que estaba a punto de descubrir. El anonimato, en realidad, nunca fue el objetivo. Es una consecuencia natural de haber creado una identidad literaria que debía sostenerse por sí sola. No me interesa alimentar el misterio por el misterio. Me interesa que Viktor Kane tenga sentido como proyecto creativo y que las novelas sean siempre lo primero que el lector recuerde.
—¿Conoceremos algún día quién está detrás de este alter ego?
Creo que esa es una respuesta que todavía no tengo. Y, sinceramente, me gusta que sea así. Nunca he concebido el anonimato como un destino permanente ni como un juego para mantener la incógnita. Si algún día llega el momento de que Viktor Kane y la persona que hay detrás se encuentren públicamente, será porque el propio proyecto lo pida, no porque exista una obligación de hacerlo.
Ahora mismo siento que Viktor Kane todavía tiene mucho que decir por sí mismo. Quiero que crezca por sus historias, por los lectores y por las emociones que sea capaz de despertar. Si ese día llega, será porque revelar esa parte aporte algo al proyecto. Si no aporta nada, probablemente yo permanezca en silencio.
—Acabas de sacar tu primera novela, Sin testigos. ¿Qué te inspiró para empezar a escribirla?
La inspiración de Sin testigos nació muchos años antes de empezar a escribirla. Empecé a escribir con 16 años. Como muchos autores, soñaba con terminar esa gran novela que imaginaba desde hacía tiempo. Esa historia sigue existiendo y todavía no ha llegado el momento de compartirla. Es un proyecto muy especial para mí y quiero publicarlo cuando sienta que realmente está preparado.
Mientras tanto, sentí la necesidad de demostrarme algo. Quería comprobar si era capaz de construir una novela completa, con una estructura sólida, personajes complejos y un thriller que mantuviera al lector en tensión hasta la última página. Así nació Sin testigos y, casi al mismo tiempo, Viktor Kane.
La novela también parte de una pregunta que me ha acompañado durante mucho tiempo: «¿y si puedo conseguirlo?». No solo escribir un libro, sino emocionar, sorprender y conectar con personas que no me conocen de absolutamente nada. Creo que esa pregunta ha estado presente en cada página que he escrito. Curiosamente, el proyecto que nació como el primer paso de un camino acabó convirtiéndose en el inicio de algo mucho más grande de lo que imaginaba.
—Debutas con un thriller psicológico. ¿Qué te aporta este género como escritor, qué te permite explorar?
Me gusta el thriller psicológico porque me permite explorar algo que me fascina desde hace mucho tiempo: lo frágil que es la verdad. Solemos pensar que conocemos a las personas, que entendemos lo que ha ocurrido y que nuestras conclusiones son firmes. Pero basta con descubrir un detalle nuevo para que toda esa realidad se desmorone y empecemos a verla desde una perspectiva completamente distinta.
El crimen, en mis historias, nunca es el verdadero protagonista. Es el punto de partida. Lo que realmente me interesa es observar cómo reaccionan las personas cuando sus certezas empiezan a romperse, cuando ya no saben en quién confiar o cuando descubren que quizá llevaban equivocados desde el principio. Me atrae escribir personajes aparentemente normales porque creo que ahí reside el auténtico terror. En la vida real casi nadie parece el villano de su propia historia. Todos creemos tener razones para actuar como lo hacemos, y explorar esa complejidad psicológica me resulta mucho más interesante que cualquier escena de violencia.
Si tuviera que resumir qué busco con mis novelas, diría que quiero recordar al lector que la verdad rara vez es tan sólida como creemos. A veces no cambia porque aparezcan nuevas pruebas. Cambia simplemente porque aprendemos a mirar desde otro lugar.
—¿Qué fue lo más complejo de escribir Sin testigos?
Conseguir que todo funcionara como un único mecanismo. En un thriller psicológico no basta con tener una buena idea o un giro sorprendente. Cada detalle tiene que estar colocado en el lugar exacto para que, cuando el lector llegue al final, sienta que todo encaja y que las respuestas siempre estuvieron delante de él.
«Me atrae escribir personajes aparentemente normales porque creo que ahí reside el auténtico terror. En la vida real casi nadie parece el villano de su propia historia»
Reescribí la novela muchísimas veces. Hubo momentos en los que dudé de escenas, de personajes, del ritmo e incluso del propio desenlace. Creo que esas dudas forman parte del proceso de cualquier escritor, pero en mi caso tenían un peso añadido: no había un equipo editorial detrás revisando el manuscrito, marcando el camino o corrigiendo errores.
Al apostar por la autoedición, asumí cada parte del proceso. No solo escribí la novela. También tuve que aprender sobre corrección, maquetación, diseño, publicación, marketing y promoción. Ha sido un camino de muchísimo trabajo, pero también me ha permitido comprender todo lo que hay detrás de un libro mucho más allá de las páginas que acaba leyendo el público.
Quizá por eso siento un cariño especial por Sin testigos. No representa únicamente una historia. Representa años de aprendizaje, de ensayo y error, de dudas y de constancia. Mirando atrás, creo que el mayor reto no fue escribir la novela, sino no dejar de creer en ella cuando todavía solo existía para mí.
—¿Hubo algún momento en que la historia, protagonizada por David Salinas, ese psicólogo que parece tener todo bajo control, tomase un rumbo inesperado incluso para ti mientras la escribías?
—Sí, y creo que es una de las cosas más bonitas que tiene escribir una novela. Aunque la historia estuviera muy planificada, hubo personajes que acabaron encontrando un lugar mucho más importante del que tenían al principio. Carla, por ejemplo, fue uno de ellos.
Cuando empiezas a convivir con una historia durante tanto tiempo, llega un momento en el que los personajes dejan de ser únicamente una función dentro de la trama. Empiezas a comprender cómo piensan, qué sienten y qué decisiones serían realmente capaces de tomar. Si intentas obligarlos a actuar de una forma que no les corresponde, el lector acaba notándolo.
En Sin testigos hubo personajes que crecieron de manera natural porque entendí que todavía tenían mucho más que aportar a la historia y, sobre todo, al lector. Algunos acabaron ocupando un papel muy distinto al que imaginé cuando empecé a escribir. Creo que esa capacidad de sorprender incluso al propio autor es una de las razones por las que disfruto tanto escribiendo. No porque la historia deje de estar bajo control, sino porque descubres que todavía puede ofrecerte algo que no habías visto.
—En la novela juegas con el concepto de la memoria y lo «poco fiables» que son nuestros recuerdos. Cuéntanos más sobre esta idea.
—Creo que tendemos a confiar demasiado en nuestra memoria y, sobre todo, en nuestras conclusiones. Todos construimos una versión de la realidad con la información que tenemos en ese momento. El problema es que esa realidad puede cambiar por completo cuando aparece un solo detalle nuevo. Esa idea me fascinaba mucho antes de empezar a escribir Sin testigos.
Vivimos rodeados de opiniones. Juzgamos a personas, situaciones o decisiones con una rapidez enorme, convencidos de que conocemos toda la historia. Sin embargo, basta con descubrir una pieza que desconocíamos para que todo ese juicio se venga abajo. Quería trasladar esa sensación al lector. Que, a medida que avanzara la novela, sintiera cómo cada nueva revelación modificaba su forma de interpretar lo que ya había leído. No porque la historia cambiara, sino porque cambiaba su perspectiva sobre ella.
Al final, Sin testigos no habla solo de la memoria. Habla de lo frágil que es la verdad cuando depende de la información que creemos tener. Muchas veces no cambian los hechos. Cambia el lugar desde el que los observamos. Y, cuando eso ocurre, todo adquiere un significado diferente.
—¿Qué conversación te gustaría provocar entre los lectores?
—Me gustaría que, al cerrar la novela, el lector sintiera la necesidad de hablar con alguien. No solo para comentar el giro final, sino para volver sobre la historia y preguntarse en qué momento empezó a interpretar las cosas de una forma equivocada. Creo que los mejores thrillers no terminan en la última página. Empiezan una conversación. Me encanta cuando una novela obliga a dos personas a debatir, a defender interpretaciones distintas o incluso a descubrir detalles que el otro había pasado por alto.
Evidentemente, espero que Sin testigos sorprenda. Ese era uno de mis grandes objetivos desde que empecé a escribirla. Pero me haría todavía más ilusión que, después de esa sorpresa inicial, el lector sintiera curiosidad por saber quién es Viktor Kane y qué otras historias tiene por contar. Sería la mejor señal de que la novela ha conectado con él.
—Además, has optado por la autoedición para sacar al mundo Sin testigos. ¿Qué ventajas encuentras en esta vía de publicación?
—La mayor ventaja ha sido la libertad. Desde el primer momento tuve claro que Viktor Kane no era solo un nombre en una portada, sino un proyecto creativo con una identidad muy definida. La autoedición me ha permitido tomar cada decisión sin renunciar a esa idea: desde la novela hasta la forma de comunicarla, la imagen del proyecto o la relación con los lectores. Pero también sería injusto hablar solo de las ventajas. La autoedición es un camino mucho más duro de lo que muchas personas imaginan.
Escribes una novela y, cuando la terminas, descubres que el trabajo acaba de empezar. Tienes que aprender sobre edición, diseño, publicidad, redes sociales, distribución, campañas de marketing, medios de comunicación… y, además, asumir que muchas veces el esfuerzo no se traduce inmediatamente en resultados. Ese proceso también me ha enseñado muchísimo. Hoy valoro mucho más todo el trabajo que hay detrás de un libro, porque he tenido que vivirlo en primera persona. Es un mundo apasionante, pero también muy exigente, y creo que existe una imagen bastante idealizada de lo que significa ser escritor.
«La autoedición es un camino mucho más duro de lo que muchas personas imaginan»
Hay quien piensa que escribir un libro es suficiente para que una editorial llame a tu puerta, que venderá miles de ejemplares o que el reconocimiento llegará solo. La realidad es muy distinta. Es un camino de muchísima constancia, aprendizaje y paciencia. Aun así, si volviera atrás, elegiría el mismo camino. Porque Viktor Kane necesitaba nacer exactamente así.
—¿Nos toparemos con más libros de Viktor Kane en el futuro? ¿Planteas seguir por la senda del thriller psicológico?
—Sin ninguna duda. Sin testigos es solo el comienzo de un camino que espero recorrer durante muchos años. Viktor Kane nació con la intención de contar muchas historias, no solo una, y todavía siento que tengo mucho que escribir.
El thriller psicológico seguirá siendo el corazón del proyecto porque es el género que mejor me permite explorar la complejidad humana y esa fragilidad de la verdad que tanto me interesa. No descarto experimentar algún día con otros matices o combinar géneros, pero siempre habrá un componente psicológico muy presente. Es donde más cómodo me siento como escritor.
Además, ya estoy trabajando en una nueva novela. Se titula Novia, esposa, otra y, aunque todavía es pronto para hablar demasiado de ella, puedo decir que volverá a poner al lector en esa posición que más me gusta provocar: la de creer que entiende lo que está ocurriendo… hasta descubrir que la historia aún guardaba mucho más. Probablemente, yo permanezca en silencio. Viktor Kane no. Todavía le quedan muchas historias por contar.
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