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Ciclismo

Triunfo de Vingegaard en la primera llegada en alto de la Vuelta

El ciclista danés, dos veces ganador del Tour, se coloca líder de la carrera tras la segunda etapa

Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

Limone Piamonte

Los gritos de Axel Zingle ponían los pelos de punta. A 26 kilómetros de la llegada a Limone Piemonte todo se pudo ir a hacer puñetas para el Visma. En una rotunda el equipo al completo se fue al suelo, incluido Jonas Vingegaard, rasguño en el codo derecho, y el ciclista francés se llevó la peor parte. Se le salió el hombro y los médicos de la Vuelta se lo restablecieron sobre el capó del coche sanitario mientras Zingle chillaba de dolor. Continuó en carrera. Los ciclistas son de otra raza.

A 26 kilómetros el pelotón paralizó el ritmo para que Vingegaard y sus escuderos, y algunos más de otras escuadras caídos en una resbaladiza rotonda, pudieran reincorporarse porque todo el mundo sabía que la primera llegada en alto de la Vuelta se resolvería en un esprint apretado entre las figuras de la carrera. Y así fue. Así acabó la primera visita de la historia de la Vuelta a los Alpes, en este caso los Marítimos, en una estación invernal que se llama Limone Piemonte, donde se quejan de que con el cambio climático nieva más en el lado francés -un túnel sirve de frontera- que en el italiano.

La 'foto finish'.

La 'foto finish'. / La Vuelta

En Limone Piemonte nadie diría que hace una semana una ola de calor tremendo convertía a parte de Europa en un infierno. De repente, la niebla lo oscureció todo. Llegó el frío y el agua. Se mojaron los infinitos seguidores italianos que se citaron para ver algo que no fue una sorpresa, quizá lo esperado, Vingegaard ganó y ya es el líder de la Vuelta. “No quería coger tan temprano el jersey rojo”. Pero ya es el dominador de la general. Si no está Tadej Pogacar no hay duda de quién es el mejor en el tablero de juego del ciclismo.

¿Hasta cuándo estará de líder? Supone la jefatura de carrera un esfuerzo extra a los compañeros, para que se les salga algo más que el hombro maltrecho a Zingle. Pero Pogacar hizo algo similar el año pasado en el Giro. Ganó la segunda etapa, en el santuario de Oropa que casi fulmina a Miguel Induráin en el Giro de 1993, cogió la ‘maglia rosa’ y el resto de rivales a luchar bien pronto para ver quién acababa segundo.

Los rivales

Aquí, sin embargo, hay lecturas para creer en que no tendrá Vingegaard tan fácil el camino hacia la victoria final. Giulio Ciccone, el ciclista más en forma ha estado durante este mes de agosto, acude con arrojo y malas pulgas a la ronda española y el UAE con Juan Ayuso, mejor colocado que Joâo Almeida, todavía nada ha dicho al margen de lanzar extrañamente a Marc Soler para que tratara de ganar la segunda etapa contra el mundo y ante Vingegaard.

Y, sobre todo, porque el puerto fue un punto extra de confianza, valor y fe para Mikel Landa que no sabía si podía aguantar, tal como hizo, entre los mejores de la Vuelta.

Vingegaard se reivindicó a sí mismo porque no le gusta que le gane nadie, pero mucho menos caer ante cualquiera que no sea Pogacar. La historia recuerda que Jacques Anquetil sólo deseaba que el segundo fuese Raymond Poulidor y el abuelo de Mathieu van der Poel sólo quería perder ante el maestro Jacques.

La caída que afectó al Visma.

La caída que afectó al Visma. / La Vuelta

Todo se resolvió en los últimos 300 metros, los más duros, con el estruendo de la gente golpeando las vallas de la meta; el lugar donde Ciccone buscó una victoria en su Italia natal, lo que no permitió Vingegaard que deseaba el triunfo porque no había ganado nada desde que en febrero consiguió llevarse la última etapa y la clasificación final de la Vuelta al Algarve. Y han pasado muchos meses.

Acostumbrado a saborear los platos de la victoria en el Tour, como había pasado antes en el Critérium del Dauphiné, Pogacar no le dejó ni las migas del postre, ni lavar los platos de la cena, ni acercarse a otro podio que no fuese el de París, aunque sólo ascendiendo al segundo puesto del cajón definitivo del Tour.

Mirarse en el espejo

Un campeón necesita mirarse en el espejo, vestirse de líder -nunca había llevado el jersey rojo de la Vuelta en su tercera interpretación- y reponerse de los disgustos de esta temporada. Lideró la París-Niza, pero Almeida le birló la victoria en el último metro en la primera etapa de montaña. Al día siguiente se dio un castañazo, se fastidió una mano, abandonó la prueba, renunció a la Volta que lo esperaba con los brazos abiertos, y ya no compitió hasta el Dauphiné para encontrarse con el coco y ver que derrotarlo era una misión imposible.

En la Vuelta explotó de placer, aunque casi necesitase la sentencia de la ‘foto-finish’ para comprobar que había superado a Ciccone en la misma línea de meta. Llamó a casa y avisó a todos. Está en la Vuelta para ganarla y que los demás se preparen y se agarren fuerte al manillar de la bici para derrotarlo. Tarea, quizá no imposible, pero sí muy complicada.

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