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Ciclismo

El Tourmalet: ya estamos de Vuelta

Hoy ningún médico de equipo se movería por las calles de Utrecht con una nevera portátil a cuestas como hizo Eufemiano Fuentes en un traslado de la carrera allá por 1991

Presentación de equipos de la Vuelta, en Utrecht.

Hubo un tiempo en el que no todo era de color ‘rojo’ en la Vuelta. Ni por asombro nadie se imaginaba -y de hecho tampoco se lo planteaba- llevar la ronda española a los Países Bajos cuando nadie hablaba de los Países Bajos y todo el mundo decía Holanda. Absolutamente nadie podía pensar que una ciudad llamada Utrecht acogería un 19 de agosto de 2022 la salida de la Vuelta. ¿Utrecht? ¿De qué sonaba? ¿Del tratado del siglo XVIII cuando se entregó Gibraltar a Inglaterra o el Rosselló a Francia y la siempre olvidada Menorca a los británicos?

Ni siquiera esa preocupación (por supuesto más por Gibraltar que por el Rosselló) pudo plantear llevar la Vuelta a España a tierras neerlandesas para convertir a una de sus ciudades, la cuarta del país después de Amsterdam, Rotterdam y La Haya, en el centro del universo ciclista por unos días.

Y es que el jueves solo hacía falta ver cómo estaba Utrecht, sobre todo por la tarde, con los helicópteros sobrevolando la ciudad por cuestiones de seguridad, y con los laterales de los canales abarrotados de público, que aplaudía el paso de los corredores que en vez de montar en bici iban en barcas para pasear por la ciudad, con sus uniformes ciclistas, casi todos blancos, tras la presentación de equipos; otro acto que enseguida se convirtió en una cita multitudinaria.

Los recuerdos de 1991

Hace 31 años, en la primera Vuelta que cubrió este periodista, la prueba partió desde Mérida. Y la verdad, porque decir lo contrario sería engañar, hubo mucha gente para dar la bienvenida a la prueba por tierras extremeñas, casi siempre, excepto estos dos últimos años y alguna pequeña excepción por el camino, una tierra olvidada por la carrera… y por más circunstancias de la vida. Era todavía una época lúcida de la prueba, que añoraba la ausencia de Perico y que confiaba en que su relevo, un corredor navarro llamado Miguel Induráin, se reivindicase y demostrase que servía para una carrera de tres semanas un poco antes de iniciar su exitoso camino por el Tour.

Induráin no ganó porque apareció un corredor catalán, Melcior Mauri, que dio tal sorpresa que incluso su director, Manolo Saiz, nunca confió en su victoria. Fue una Vuelta, al viejo estilo, que casi siempre acababa en capitales de provincia y que hizo, desde València, una visita a Mallorca. Curioso, por cierto, fue el retorno de la isla a Barcelona. En el avión, con la mayoría de los ciclistas y unos cuantos periodistas, viajaba Eufemiano Fuentes, por aquel entonces médico del conjunto del ONCE. En el vuelo solo hubo un tema de conversación. ¿Qué llevaba Eufemiano Fuentes en la nevera portátil de la que nunca se desprendía y que viajó a los pies de su asiento? Hoy, seguramente, al aterrizar en El Prat, la Guardia Civil habría tenido un poco de trabajo.

La unidad móvil de José María García

Fue la Vuelta marcada por la nieve. En aquella época la carrera empezaba a finales de abril para terminar a mediados de mayo, justo una semana antes de que comenzase el Giro. Y, claro, siempre había que estar pendiente del tiempo, como de la nevada que cayó en los Pirineos y que obligó a cancelar la etapa reina, entre Andorra y el Val d’Aran, clave luego en la sentencia de la carrera.

Tal fue el miedo a que no volviera a nevar, por ejemplo en Valdezcaray, que José María García, periodista radiofónico que controlaba todo lo que se pudiera controlar de la Vuelta, envió a una de sus unidades móviles a la cima de la estación de esquí riojana para informar en los boletines durante toda la madrugada de la situación meteorológica, que si hacía frío, que lo hacía, que si había niebla… aunque afortunadamente, y pese a unos cuantos copos, no hubo necesidad de suspender la cronoescalada programada.

Induráin acabó en Madrid en segunda posición, por detrás de Mauri y por delante de Marino Lejarreta, pero demostró que sí servía para una carrera de tres semanas, tanto que a continuación de aquella cita por la ronda española ganó cinco Tours y dos Giros.

Las terrazas de Utrecht

Hoy, esas estrellas de los años 90 ya van camino de los 60 años o los han superado como Lejarreta. Hoy, nadie se pasearía con una nevera portátil por las calles de Utrecht para amargar de forma injusta la fiesta neerlandesa. Hoy solo se ven terrazas, que se llenan de gente cuando la lluvia da una tregua, donde se saborea todo tipo de cervezas. Son terrazas que han sido adornadas con banderines que llevan la bandera española. Hasta suena música flamenca en una ciudad que se ha llenado de estudiantes adolescentes, los que el lunes debutan en la universidad y que llevan varios días de ‘adaptación’ en Utrecht, donde están los principales centros educativos del país. La ‘adaptación’ es una fiesta que dura una semana y que ahora, como un premio extra, hasta ha servido para que ellos y 600.000 personas más disfruten un viernes cualquiera del parto de la Vuelta.

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