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La joya termal oculta del norte de Portugal: un palacio convertido en spa rodeado de cuarenta hectáreas de bosque

En el norte del país vecino encontramos una villa diseñada para ser un retiro de reyes que nunca llegaron a pisarla y que puede ser una escapada distinta para esta semana de lluvias

El impresionante palacio del norte de Portugal convertido en spa.

El impresionante palacio del norte de Portugal convertido en spa. / vidagopalace.com

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La lluvia de esta semana en Galicia parece haber puesto en pausa el verano y ha pillado a contrapié a quienes esperaban una última semana de vacaciones sin salir de la playa. Pero menos mal que nos queda Portugal, que dirían los de Siniestro Total.

Al norte del país vecino, en el norte y cerca de la también termal ciudad de Chaves, encontramos una pequeña villa diseñada para ser un retiro de reyes que nunca llegaron a pisarla y que se convierte en una alternativa perfecta a la playa para esta semana de lluvias. En este lugar la naturaleza y la arquitectura han transformado lo que un día era una aldea de labriegos en un destino valorado por su balneario público, un precioso bosque romántico y los templetes que lo salpican.

Hablamos de Vidago, un municipio a dos horas de Vigo popular por sus aguas. Pero si estás esperando termas como las de Ourense, Vidago no es lo que buscas. Levantada sobre un particular accidente geológico, en esta localidad los manantiales brotan por todas las esquinas, dejando fluir un agua fría, muy mineralizada y con burbujas; lo que le ayudo a lograr la fama que tiene hoy.

Agua, un palacio sin rey y prestigio internacional

El agua de estos manantiales fue lo que transformó Vidago en el siglo XIX. El lugar que durante siglos se había dedicado en exclusiva a trabajar la tierra aprovechó el creciente aprecio de la época por las cualidades terapéuticas de este tipo de agua para darle un giro a su historia.

En 1870 nace la Companhia de Águas de Vidago, inaugurando una trayectoria económica para la localidad que les llevaría a levantar el Grande Hotel cuatro años más tarde, en 1916 ordenaron construir un balneario y el conjunto de pabellones del parque termal. Para culminar la transformación se creó la popular marca Campilho, cuya fábrica todavía se puede visitar y que llevó las botellas de este preciado líquido más allá de las fronteras lusas.

A principios del siglo pasado también se ordenó la construcción de una estación terapéutica de lujo que terminaría de situar Vidago como destino vacacional de la realeza. La idea era que Carlos I, penúltimo rey de Portugal, la inaugurase en 1910, pero el palacio que mandó construir el monarca nunca albergó a un rey de Portugal. El Vidago Palace se abrió ya en la república, pasando de ser palacio a convertirse en el único hotel luso con ascensores y teléfono en las habitaciones, lo que sumado a sus impresionantes jardines, su arquitectura y el balneario; lo transformaron en un destino de referencia para la aristocracia europea.

Tras pasar años cerrado, el palacio reabrió en 2010 como hotel de cinco estrellas conservando la estética aristocrática de principio del XX, así como con un nuevo spa termal y Club House diseñados por el popular arquitecto portugués, Alvaro Siza; autor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la USC o del Museo de Arte Contemporáneo de Serralves, en Oporto.

Un bosque romántico de 40 hectáreas

Si no te atrae el spa o el precio de las habitaciones se sale del presupuesto, los alrededores del hotel hacen que la visita valga la pena por sí mismos. El parque de Vidago es uno de los mejores exponentes de la arquitectura romántica portuguesa del siglo XX: cuarenta hectáreas de bosque que entremezcla alamedas, caminos, senderos, fuentes y las espectaculares buvettes.

Los templetes del parque de Vidago se sitúan sobre los manantiales que brotan de la tierra.

Los templetes del parque de Vidago se sitúan sobre los manantiales que brotan de la tierra. / Wikimedia Commons

Estas buvettes son templetes levantados sobre los manantiales. Un juego paisajístico conformado por dos edificios —uno de estilo Art Nouveau y otro más neoclásico— pensados para descansar durante el paseo y beber del manantial; ocultos entre grandes magnolias, camelias, secuoyas, cedros y pinos. Todo ello rodeado por un lago y las fuentes termales.

El parque puede visitarse sin estar alojado en el hotel pagando 2,50 euros por persona o gratuito hasta los 12 años. Parte del precio de la entrada se destina a los Bombeiros Voluntários de Vidago. Los horarios del parque son de 08.00 a 19.00 horas de mayo a octubre y de 08.00 a 18.00 horas de noviembre a abril.

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