Así es la aldea más portuguesa y con la arquitectura más curiosa de Portugal: casas entre rocas gigantes y una curiosa tradición
Aunque Oporto y Lisboa son dos lugares ideales para visitar, los pueblos que salpican el paisaje luso nos muestran la esencia del país

La aldea más portuguesa de Portugal. / Viajar / Rolandocb_efectodron / ISTOCK
Visitar Portugal es una de las actividades favoritas de los gallegos. Ya sea por su tradición, su amor por la gastronomía o por contar con algunos de los mejores espacios naturales de Europa, ambos destinos comparten una historia y una esencia similar, lo que anima a muchos los gallegos a aprovechar la primavera y la cercanía de las tierras lusas para hacer escapadas por Portugal.
Aunque Oporto y Lisboa son dos lugares por los que es todo un placer callejear y dejarse atrapar por sus atractivos, Portugal empieza cuando ves una iglesia encalada entre casas de piedra y una carretera hecha de adoquines. Son los pueblos de este país, ya sea junto a un imponente mar abiertoo colgados sobre montañas verdes y grises, los que muestran al visitante atento los mayores encantos del país vecino.
Si existe un pico más alto que el resto y una fosa más profunda que ninguna otra, también hay una aldea considerada como «la aldea más portuguesa de Portugal». Ubicada en la región de Beira, este pueblo de cuento destaca por sus casas que nacen como setas a la sombra de grandes rocas de granito y por contar con una tradición muy particular que tiene que ver con arrojar cosas desde una muralla.
La propaganda que se volvió realidad
Esta idea de la aldea más portuguesa del país no surgió del acervo popular, sino que viene de un concurso. En 1938, Monsanto —por si todavía el lector no había adivinado el nombre con las pistas ya dadas—fue premiada con ese título en una competencia organizada por el Secretariado de Propaganda Nacional que destacaba a la aldea o territorio que menos hubiera sucumbido a las influencias externas y mejor conservase su esencia tradicional.
El origen fue propagandístico, pero la realidad es que ha servido para que en el pueblo se instale un aprecio por la protección de su patrimonio y por salvaguardar la identidad que en su momento le granjeó el título. Como curiosidad, en lo alto de la Torre de Lucano —torre del reloj local— todavía se exhibe el gallo de plata que se les obsequió para certificar su victoria en el concurso. Desde 1995, Monsanto también forma parte del conjunto de «Aldeas Históricas de Portugal».

Las casas de Monsanto parecen surgir de debajo de las piedras. / Viajar / nessaflame / ISTOCK
Pero Monsanto, dentro del distrito de Castelo Branco en la zona interior del país, es mucho más que un pueblo bonito; es una de las estampas más pintorescas de Portugal. El motivo está en la roca, o en este caso en las rocas. Y es que las casas de Monsanto parecen salir de debajo de los grandes pedruscos de granito que se pueden ver por todo el pueblo.
El aspecto característico de esta villa viene dado porque, en lugar de adaptar el terreno a las construcciones, decidieron adaptar los edificios al paisaje en el que se enmarca: el Batolito Granítico de Penamacor. Allí, a 758 metros de altitud sobre la ladera de Cabeço de Monsanto, la arquitectura tradicional de la aldea se fusiona con la roca para equilibrar la naturaleza con la civilización.

Las rocas sirven como techo y parades de apoyo para los edificios. / Viajar / Celli07 / ISTOCK
Estas monumentales moles de granito funcionan como techo y paredes de apoyo para los edificios, lo que también condiciona el entramado de las coquetas calles, creando una subida serpenteante por hasta alcanzar el castillo que corona el pueblo, de origen templario.
Este castillo se remonta al siglo XII y está en gran parte derruido —sufrió la explosión de un polvorín en el siglo XIX—, pero todavía conserva algunas torres y parte de sus murallas. Desde estas podremos disfrutar de una vista privilegiada de la llanura que rodea al monte.

Desde la cima del pueblo se celebra cada año una de las celebraciones más particulares de Portugal. / Viajar / RolfSt
Es precisamente desde estas murallas donde se celebra cada 3 de mayo una de las tradiciones más particulares de Portugal: los vecinos de Monsanto lanzan desde estos muros cántaros de barros adornados con dibujos florales. Se trata de la Festa das Cruzes o do Castelo, una celebración que recuerda la resistencia de la aldea en un asalto del que ya nadie acierta a concretar su origen. También forman parte de esta celebración las marafonas, muñecas de trapo que acompañan la subida de los vecinos hasta la cima del pueblo.
Después del paseo cuesta arriba por la localidad, los restaurantes y tabernas del pueblo te acogerán de buena gana para que puedas disfrutar de platos de cuchara típicos de la zona que te harán sentir como en casa o alguna de las preparaciones de cabrito o borrego que tan bien se dan en esta región de la península ibérica.
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