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La aldea prerromana más bonita de Galicia según Viajar: un pueblo de 30 habitantes declarado Conjunto Histórico-Artístico

En el siglo XIX el poblado llegó a tener 300 habitantes

Este pueblo es el ejemplo de arquitectura prerrománica mejor conservado de Europa.

Este pueblo es el ejemplo de arquitectura prerrománica mejor conservado de Europa. / Envato Elements

La zona de Os Ancares es a la vez una de las zonas más transitadas y más desconocidas de Galicia. Su función como puerta de entrada al territorio gallego en el Camino de Santiago hace que miles de personas cada año pasen por allí, pero todavía está llena de tesoros ocultos que la mayoría de visitantes desconocen.

En esta región al este de la provincia de Lugo, haciendo frontera con León, encontramos un asentamiento que es todo un «viaje en el tiempo». El motivo detrás de este viaje son sus pallozas, unas edificaciones propias de los pueblos anteriores a la llegada de los romanos a la Península.

Piornedo, una aldea del municipio lucense de Cervantes, está considerada la aldea prerromana mejor conservada de Europa y «la más bonita de Galicia» según la revista Viajar. La historia de su conservación es la del ingenio de sus vecinas para conseguir que siga siéndolo durante muchos años.

Un Conjunto Histórico salvado por el centeno

Esta localidad, declarada Conjunto Histórico Artístico en 1931, llama la atención de los visitantes con sus 15 pallozas originales. Pero esa no es su única particularidad, estos edificios de origen celta se mantuvieron como viviendas habituales hasta los años 70.

Estas estructuras pueden medir entre diez y veinte metros, con planta ovalada o circular sobre la que se levantan muros de piedra y techos cónicos de paja. El diseño austero y simple oculta una gran pericia arquitectónica que se adapta al medio de forma sostenible. Las estructuras, como señala la publicación, también destacan por los materiales con los que están elaboradas

La estructura de los tejados evitan que cedan por acumulación de nieve.

La estructura de los tejados evitan que cedan por acumulación de nieve. / Óscar Doral / Concello de Cervantes

«El material con el que están construidas, el piorno, es el que da nombre al pueblo. Un tipo de matorral con flores de intenso color amarillo muy abundante en la zona y que desde la época de los romanos sirvió como techumbre para estas curiosas cabañas», explica la revista. Aunque este no es el único material, tambien se techaban con paja de centeno o con brezo, pero siempre con forma cónica para que la nieve del invierno resbale y no se acumule.

Con la llegada del siglo XX, fueron apareciendo en el pueblo nuevos materiales e ideas que desembocaron en el abandono de los edificios. Sin embargo, la presencia de estas casas de estilo neolítico mantuvieron viva esa sensación de que en Piornedo el tiempo se ha detenido.

Pero el tiempo sí que pasa y hace mella. Por eso las vecinas de la zona tomaron una decisión determinante: volver a plantar centeno para poder arreglar los techos. A través de esta media, la asociación 'Teitos de Piornedo' y sus 'teitadores' consiguen mantener las estructuras en pie con los materiales de la zona.

Las pallozas de Piornedo resultan dañadas por los temporales

Europa Press

Arquitectura inteligente rodeada de naturaleza

Para entender la pervivencia de estos edificios debemos entender la inteligencia con la que están diseñados. El techo inclinado evita que se acumulen el agua y la nieve, mientras que los muros de piedra conservan el calor de los hornos y el ganado que compartía la estructura.

Para optimizar la conservación del calor, estas casas no tienen una chimenea tradicional, sino que dejaban que el humo pasase a través del techo de paja sin tener que adaptar la estructura a los hornos.

La aldea está rodeada por los picos nevados de Os Ancares.

La aldea está rodeada por los picos nevados de Os Ancares. / Raquel Fernández Méndez / Concello de Cervantes

Otro elemento a destacar de la aldea son sus hórreos. Levantados sobre cuatro pilares de piedra, destacan por su forma cuadrada con cámaras de madera donde se guardaban alimentos, leña y aperos de labranza. Están coronados por tejados de paja de centeno a cuatro aguas, rematados con un topete protector. Junto al resto de edificios conservados de la localidad, completan el conjunto etnográfico.

Por si el conjunto no fuese suficiente, el pueblo se alza a 1.300 metros de altitud, rodeada por la sierra de Os Ancares, que en invierno llenan sus picos de nieve para regalar una estampa de arroyos y cascadas en los valles al llegar la primavera. Asimismo, quien se aventure por la zona, podrá encontrarse con ciervos, conejos, jabalíes y zorros.

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