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Crítica de cine

El arte puede salvar

Una escena de la película Hamnet

Una escena de la película Hamnet / FDV

Carmen Villar

Carmen Villar

La literatura hace magia. Unas palabras tras otras, danzando encadenadas, constituyen la materia prima que nuestra imaginación transforma en imágenes. La ventaja de leer es que la película la creamos nosotros. Pero no solo los lectores bebemos con avidez las letras: el cine se ha confabulado, desde aquel viaje a la Luna de Mélies, con esa arte hermana para atrapar ese misterio y darle forma.

Transformar palabras en imágenes es una forma de traducción. Si un director basa su película en una obra literaria que han leído, e imaginado ya, personas en todo el mundo, asume así la responsabilidad de que su “traducción” esté a la altura de las expectativas. Tratándose de “Hamnet” y de Chloé Zhao, la presión sube, porque la novela ha sido muy difundida y elogiada. Contar con la complicidad de la autora, Maggie O´Farrell, ha debido tranquilizar a Zhao, cuyo eficiente trabajo ha derivado en que la película se convierta, a su vez, en un potente altavoz para el libro. Eso sí, ambos formatos manejan de forma distinta el material, la pérdida de uno de los vástagos de Shakespeare, con narraciones que tienen más de suposición que de evidencias.

Jessie Buckley da vida a la esposa del dramaturgo y constituye el centro en torno al que gira la película. La actriz se merienda la pantalla a dentalladas, igual que al espectador, y posiblemente su papel en “Hamnet” le garantice un asiento de primera clase para el Oscar. No obstante, Zhao no quiere desperdiciar la baza de Paul Mescal, actor merecidamente de moda, dándole el cuerpo, y el alma, de Shakespeare.

El “Hamnet” de celuloide sobrevive a su predecesor de papel y tinta para erigirse en un ente autónomo que deslumbra por sí mismo. La película es vibrante, hermosa e intensa, un mérito que compete tanto a sus protagonistas como a la directora y a la cuidada perspectiva elegida, en la que ha concitado belleza, naturaleza, arte y emoción para elaborar un conjuro de amor.

Con todo, la emoción es la que lleva la batuta, aliada con un metódico afán por gustar, un ansia que vertebra todas las decisiones artísticas y técnicas, incluida una banda sonora que excita los sentimientos y, en sus compases más desmedidos, el lacrimal del espectador, a través de subrayados que benefician en especial a la gloriosa secuencia final. Ese colofón constituye la ceniza que queda después de que la sucesión de fuegos artificiales se apague.

El precio de firmar un producto que aspira a ganarse el beneplácito del gran público ha exigido de Zhao estilización y el sacrificio de parte de la autenticidad que emanaba de anteriores producciones, como “Songs my brothers taught me” o “Nomadland”, en las que domina un tipo de factura que encaja como un guante en sus manos. Aun así, y pese a las concesiones, “Hamnet” brilla, en especial la capacidad para compartir el misterio del poder liberador del arte, esa catarsis que sigue funcionando siglos después de que el concepto fuese “traducido” a una lengua.  

FICHA

Dirección: Chloé Zhao

Guion: Maggie O´Farrell y Chloé Zhao sobre la novela “Hamnet”, de Maggie O´Farrelll

Elenco: Jessie Buckley, Paul Mescal, Jacobi Jupe, Joe Alwyn, Emily Watson…

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