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Arde París

Los Miserables

A la izquierda, Djibril Zonga y Damien Bonnard, en "Los miserables".

Cantaba Cohen que los pobres siguen siendo pobres. La historia, y el cine, le dan la razón. Casi 200 años después, el suburbio de "Los miserables" de Victor Hugo le sirve al director Ladj Ly, quien creció allí, para cosechar en una obra homónima los frutos de la desesperanza. Ly presenta la película, gran premio del jurado de Cannes, como un aviso que "La haine" anticipaba: basta una chispa para que todo arda. Pero "Los miserables", más allá de su compromiso social y su llamada a educar, además de plantear una reflexión acerca de la identidad, es cine del mejor, y ese grito de socorro está avalado por buenos actores, una historia vigorosa, una tensión creciente y un ritmo que no deja margen para dudas.

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