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Faro de Vigo

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El festival de Poseidón

El abogado y escritor vigués Jacobo Iglesias ofrece una crónica sobre el SON Estrella Galicia Posidonia, que traslada a Formentera la fórmula "secreta" y reducida del Sinsal San Simón

Alondra Bentley, en el Posidonia. // Cedida

Cuando despertamos, la posidonia todavía estaba allí. Bien podría servirnos el famoso microrrelato de Augusto Monterroso para resumir el espíritu ecológico del festival de música SON Estrella Galicia Posidonia, que se celebró del 11 al 13 de octubre en Formentera. Y es que la posidonia, aunque tenga nombre de estándar de jazz, es algo mucho más importante, pues estamos ante el ser vivo más grande y longevo del planeta, una planta submarina cuyas hojas en forma de cinta forman una gigantesca pradera de ocho kilómetros entre Ibiza y Formentera, y que tiene aproximadamente 100.000 años de edad. Su nombre procede del mismísimo Poseidón, el dios griego de los mares, y su importancia es vital para el ecosistema de las islas al servir de hábitat para cientos de especies. Desde hace algún tiempo, la posidonia vive amenazada por el fondeo recreativo, los vertidos y la pesca de arrastre ilegal. El festival SON Estrella Galicia Posidonia destina un tercio de su recaudación al proyecto Save Posidonia.

La posidonia siempre ha estado ahí, sumergida en las profundidades, observando el devenir de la música a través de los siglos, y ahora contempla, con cierto escepticismo, la eclosión de festivales veraniegos. A buen seguro que con este se habrá llevado una sorpresa. Como todos y cada uno de los que estuvimos allí.

Además de la ecológica, otra de las características del festival es su secretismo y su reducido formato para 350 personas. Solo hasta que uno entra al festival y le hacen entrega del welcome pack, junto con una ramita de romero, conoce en qué lugar de la isla estarán los escenarios y quién va a tocar en ellos. Pero sabiendo que el evento está comisariado por Sinsal uno acepta con gusto ese misterioso cartel con la absoluta seguridad de que no le defraudará.

El festival arrancó el viernes en un atardecer a pie de playa en el restaurante Es Cupiná. La noruega Otha con su pop electrónico fue la encargada de abrir esa secreta caja de Pandora que era el cartel. Y, poco a poco, se fue ganando al público esa joven e introvertida nórdica, casi naíf, tan tímida y discreta en gestualidad como poética y talentosa en melodías.

A continuación, subió Baiuca al escenario con su música electrónica de raíces gallegas, que trajo una buena dosis de morriña a los muchos gallegos que estábamos entre el público. Lo que hace Baiuca no lo había conseguido hacer nadie: mezcla el folclore de Galicia con música electrónica a partir de percusiones y ritmos gallegos sampleados. Baiuca, además, se acompaña de flautas y cunchas que él mismo toca en directo en lo que podríamos denominar una fabulosa sesión de electrocuncha. Hace falta tener talento y valor para tocar las vieiras en directo en una sesión techno. Detrás de nosotros, la posidonia se bamboleaba al son de las cunchas, orgullosa de ver, por vez primera, un instrumento del mar en una sesión electrónica.

Pero el festival SON Estrella Galicia Posidonia es mucho más que un secreto cartel de músicos: hay caminatas por la isla, charlas especializadas sobre flora y fauna, desplazamientos a los mejores locales de Formentera como el Gecko o el Blue Bar, comidas y cenas preparadas por chefs gallegos con estrella Michelin y, por supuesto, todas las cervezas Estrella Galicia que quieras y puedas beberte.

"El más guay en el que he tocado"

El segundo día tocó madrugar. El grupo se dividió como una hidra de cuatro cabezas para realizar, cada uno, un recorrido por los lugares más hermosos de la isla. Estas caminatas terminaban con un pequeño concierto sorpresa de formato acústico, ya fuera en medio de un bosque, dentro de una cueva o entre unas dunas, como ocurrió con Alondra Bentley, elegante songwriter de voz exquisita. "Es el festival más guay en el que he tocado nunca", llegó a decir Alondra mientras unas lagartijas pitiusas corrían entre sus pies y los del público, sentado en la arena del Parque Natural de Ses Salines. Y es que el festival y sus emplazamientos sorprenden tanto al público como a los propios músicos.

La noche del sábado el festival se trasladó hasta Pilar de la Mola. Abrió boca Amir Mohamed, alias Oddisee, uno de los grandes raperos norteamericanos de la actualidad que suaviza sus politizadas y crudas letras con tintes de soul y góspel, y que mantuvo una gran conexión con el público al que hacía cantar en inglés constantemente. La segunda actuación de la noche corrió a cargo de la banda holandesa Arp Frique, tal vez el único pinchazo del festival. Una banda en la que destacaba su joven bajista y que consiguió enganchar al público con algún tema funky, pero cuyo guitarrista y líder pecó de cierto histrionismo en algunos momentos. La noche, que coincidía con las fiestas del Pilar, terminó bien entrada la madrugada tras una buena sesión de techno y una expedición en autobuses para bajar a los arcanos de la última noche del verano en Formentera.

Y casi como si hubiera estado preparado, el domingo a las tres de la tarde, en el último concierto, el festival llegó a su apoteosis con la actuación de Charlotte Adigéry en el mítico Blue Bar de Formentera. Pisando la misma arena de la playa de Migjorn, Adigéry fue subiendo de tono su gran concierto de pop electrónico de raíces caribeñas hasta llegar a un éxtasis final con el público que la estaba rodeando mientras ella, subida a una pequeña mesa, parecía una ninfa del mar invocando a Poseidón a unirse a la fiesta. La comunión fue tal durante los últimos quince minutos que la cantante belga terminó el concierto al borde de las lágrimas mientras el público se acercaba a felicitarla y abrazarla.

Degustar platos elaborados por chefs con estrella Michelin, ir a un concierto de Alondra Bentley, Oddisee o Baiuca, pasar la tarde en el Gecko o el Blue Bar o simplemente darse un baño en octubre en cualquier playa de Formentera, constituirían, por separado, un acontecimiento en nuestras vidas. Imaginen por un segundo que todos esos elementos se presentan al mismo tiempo y durante tres días seguidos. Eso es el festival Posidonia SON Estrella Galicia Posidonia, un festival que nos deja una sensación de déjà vu, pero no precisamente porque hayamos visto una cosa parecida sino porque es el festival con el que todos hemos soñado alguna vez, y por eso, al vivirlo, lo reconocemos y sentimos que ya hemos estado allí alguna vez, en nuestros sueños.

La música seguirá reinventándose a lo largo de los siglos, cientos de festivales veraniegos adoptarán formas nuevas, y la posidonia, si la cuidamos y protegemos, seguirá ahí, sumergida en las profundidades del Mediterráneo, bamboleándose al son de una música callada y eterna, soñando con un ritmo de vieiras de Baiuca, soñando con festivales como este.

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