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Encapsulados

A un año de su muerte se exponen en Madrid las obras más representativas del artista de "pop soul" Darío Villalba

Encapsulados

Cuando la vio por primera vez, Andy Warhol definió la obra de Darío Villalba (San Sebastián 1939-Madrid 2018) como "pop soul", un pop del alma. Esa alma es, en la obra del artista español, un alma dolorida, atormentada, enferma, solitaria, demente. Curiosamente, Villalba había decidido dar un giro a su obra creativa después de contemplar en Nueva York, en los primeros años sesenta, las producciones del artista del Pop art en la galería Leo Castelli. Warhol se refería, cuando los definió como "pop con alma", a los encapsulados rosas que dieron a Villalba un reconocimiento internacional a raíz del Premio Internacional de Pintura de la Bienal de Sao Paulo de 1973. A ese galardón iba a sumar, entre otros, el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1983 y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2002. Cinco años después, en 2007, el Museo Reina Sofía celebró en Madrid la mayor retrospectiva de su obra. La exposición que ahora llega a la Sala Alcalá 31 de Madrid recoge en su título aquella expresión del artista norteamericano: "Pop Soul. Darío Villalba. Encapsulados & Otros".

Pop art en cápsulas

Una de las aportaciones más originales de Darío Villalba al arte contemporáneo son sus encapsulaciones o crisálidas. Se trata de la introducción en cápsulas transparentes de sus pinturas y de sus fotografías pintadas, con las que el artista pretende apresar el tiempo. En sus propias palabras, los encapsulados son "juguetes patológicos para adultos". Villalba comenzó a experimentar en los años sesenta con la fotografía y la pintura para descubrir cómo se pinta con imágenes fotográficas. Su técnica consistía en utilizar la fotografía como una tela, un soporte en el que el artista recogía las pulsaciones anímicas del espíritu totalizador de la pintura a través de intervenciones sobre sus superficies con trazos, brochazos, huellas de barniz y veladuras, fragmentando y descontextualizando las imágenes oroginales. Eran fotografías que él mismo hacía con su inseparable Pentax Instamatic, o que encontraba en archivos, revistas y tiendas de segunda mano. Se trataba, cuando la inició Villalba, de una técnica insólita, que resultó ser la más apropiada para congelar lo instantáneo, para eternizar lo efímero. Decía Calvo Serraller en la reseña de una exposición de Darío Villalba en la galería Salvador Díaz de Madrid en 1997, que en la obra de Darío Villalba el fotógrafo que hay en él retiene y da sentido al tiempo, mientras que el pintor utiliza la fotografía para destruir ese mismo tiempo: "el fotógrafo es un creador espontáneamente moderno, mientras que el pintor es prehistórico, un superviviente que procede de las zonas más arcaicas, de la noche de los tiempos".

Darío Villalba había presentado sus primeras "encapsulaciones" en el pabellón español de la Bienal de Venecia de 1970. En España la galería-garaje Vandrés de Madrid, de Fernando Vijande, las acogía por primera vez en 1974. Eran entonces únicamente imágenes en blanco y negro ampliadas, intervenidas con pintura y enmarcadas (encapsuladas) en cajas de metacrilato transparente. Espacios que acogen a personajes marginados en estados límite (enfermos, presidiarios, locos) cuya contemplación produce "un escalofrío en la médula", según manifestó el crítico de arte Pierre Restany cuando las contempló por primera vez. Se trata, para el crítico Jaime de los Santos, de "encapsular cuerpos para ofrecernos almas". Para Villalba el encapsulado consiste en retratar la miseria humana en su estado más puro.

A los primeros encapsulados rosa siguieron los encapsulados en negro de figuras desvalidas, solitarias, que producen en el espectador sentimientos emocionales. Aquí se han reunidos nueve de sus encapsulados rosa y doce en blanco y negro, además de otras piezas relacionadas con el tema de la piel, al que dedicó muchas de sus obras, y a sus emblemas.

Un artista internacional

Darío Villalba murió en Madrid el 16 de junio de 2018, cuando controlaba personalmente con la comisaria María Luisa Martín los preparativos de esta exposición que ahora puede verse en Madrid. Había nacido en San Sebastián y, como le ocurriera a Chillida con el fútbol, también dedicó su tiempo juvenil al mundo del deporte, en este caso el patinaje artístico, con el que llegó a representar a España en las Olimpiadas. Estudió en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, de la que muchos años después, en 2002, llegó a ser nombrado académico. Formado en la Institución Libre de Enseñanza, tuvo desde muy joven la oportunidad de viajar y conocer las corrientes internacionales del arte gracias a la carrera diplomática de su padre, sobre todo durante su estancia en Nueva York. En España admiró la obra de los artistas de El Paso, aunque nunca llegó a identificarse totalmente con sus postulados. El descubrimiento del Pop Art le llevó a crear una obra inspirada en sus propuestas pero con un lenguaje muy personal basado en una nueva utilización de la fotografía en la pintura, no para reflejar la publicidad y la sociedad de consumo en los medios de comunicación de masas sino para mostrar las miserias del ser humano y "nombrar lo innombrable".

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