Francisco V. Vázquez, operado cuatro veces en el Cunqueiro con el Da Vinci: «Con el robot se pasa un par de días en el hospital y ya»
El Chuvi ha alcanzado el hito de las cien cirugías robóticas, y Francisco, un paciente veterano, destaca los beneficios de la cirugía asistida por robot, como las rápidas recuperaciones

Francisco, en el hospital, horas antes de su cuarta operación en el Da Vinci. / Alba Villar
Francisco Valentín Vázquez, de 75 años, recibía ayer sábado el alta, solo 48 horas después de que le metieran en quirófano para operarle el hígado. Son las ventajas de la cirugía robótica: recuperaciones más rápidas. Y eso, este experimentado paciente ya lo sabía. De hecho, cuando el doctor Sergio Estévez Fernández le informó de que lo tendría que operar por cuarta vez, él le pidió que volviera a ser con el robot. ¿Por qué? «Porque los postoperatorios no son como los de antes, se pasa un par de días en el hospital y ya. El futuro va por ahí», respondía la tarde anterior a ingresar. No sin motivo, el Chuvi acaba de alcanza el hito de las cien cirugías robóticas de hígado y páncreas.
Francisco es un veterano de los quirófanos. Al menos, lleva seis cirugías. La primera, de niño, en el Hospital de La Paz, en Madrid, por una grave afección en el oído. Tras librarse con medicación de entrar en quirófano por un embolismo en el corazón, llegó su primer cáncer. De amígdalas. Se lo extirparon.
Seguido de cerca con pruebas PET-TAC, en 2022 le detectaron el primer tumor en el hígado. Fue uno de los primeros pacientes en operarse con el robot Da Vinci, según recuerda él. «Era una novedad», señala y rememora como el doctor Sergio Estévez Fernández, al que considera su «ángel de la guarda», le explicó que iba «a venir un equipo de un hospital pionero de Barcelona a asesorarle con el manejo durante la operación».
A pesar de ser los inicios, a Francisco no le dio respeto ser operado con un robot. Le había oído hablar bien de él a su hija, enfermera especializada en cáncer de mama en Cataluña.
Salió bien, pero luego apareció otro pequeño en el páncreas. «Una cosa insignificante de todo», asegura. Volvió a meterse bajo la araña de brazos articulados del Da Vinci.
La tercera vez en ese quirófano, explica, fue con un caso más complejo. «Estaba entre dos arterias principales del cuerpo y el doctor Estévez, que habla con mucha franqueza conmigo, me dijo me iban a preparar también para abrirme, por si en medio de la operación con el robot veía que podía dañar una arteria, porque me moriría de una hemorragia en la mesa», relata. Esta cirugía también acabó bien y sin tener que abrir el abdomen.
Así que Francisco se enfrentaba esta semana a la cuarta operación en el robot con la tranquilidad del que confía plenamente en su doctor y conoce las ventajas de las nuevas tecnologías. Y también salió bien.
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