Su menú en las cárceles tailandesas va a ser "el mismo que el de toda la población tailandesa: arroz de primero, arroz de segundo y arroz de tercero", pero podrá comprar algunos alimentos en el economato de la prisión con un límite mensual. Son detalles que explica Javier Casado, de la asociación +34, que ayuda a los 908 presos españoles en el extranjero y a sus familias. Habla de la situación de las madres en casos como el de Sancho: "Llora desde que coge el teléfono porque se le cae el mundo encima". Además de los déficits nutricionales, sufren problemas de hacinamiento, no tienen agua potable y las duchas son muy pocas para una población numerosa. Y eso que su prisión actual, la de Koh Samui, está en mejores condiciones porque pertenece a una isla pequeña y tranquila. "Va a experimentar la dureza de la situación cuando lo trasladen a Bangkok", afirma Casado, previsiblemente cuando acabe la instrucción y la condena sea firme. Pero por encima de todas estas carencias, lo peor va a ser la soledad, según Casado, porque es casi imposible aprender el idioma. Su consejo a todos los presos es acatar las normas -de los funcionarios y de los otros presos- y hacerse una rutina diaria: actividad física, lectura, escribir cartas"... Una condena de la que ha hablado el portavoz de Amnistía Internacional, Ángel Gonzalo. Sancho se enfrenta a la pena de muerte, acusado de asesinato con premeditación. Según Gonzalo "hoy en día hay 195 condenados a muerte en Tailandia, eso sí, la última ejecución de la que tenemos noticia es de 2018. Por lo tanto, es un país que mantiene la pena de muerte, pero no la aplica de manera asidua, lo que supone un rayo de esperanza".