Brais Méndez y Javier Figueiredo echan la vista atrás y rememoran como desde niños fueron testigos de la violencia física y verbal que envuelve al fútbol. Figueiredo que empezó arbitar partidos con 16 años no olvidará nunca a la madre de un joven portero que le “llamó de todo durante un partido” por una decisión suya que ella consideraba injusta para su hijo. Al echar la vista atrás Brais Méndez pone el foco en los padres, “insultando a los árbitros, pidiendo a su hijo partir las piernas a los rivales”. El centrocampista de la Real Sociedad lamenta que ve a niños en los partidos “demasiado pendientes de sus padres, cuando solo deberían jugar y pasárselo bien”. “Mi sensación es que muchos padres hacen pagar a sus hijos su frustración de no haber sido jugadores”, apunta Brais Méndez.