María Zamora nos cita por la mañana en su hotel, justo antes de irse a la isla de Toralla donde ella y su equipo están ultimando las localizaciones de Romería, el final de la trilogía en la que Carla Simón cuenta su historia. La productora, aunque es valenciana, se mueve convencida por la ciudad: su compañero de vida y socio de la distribuidora Elástica Films, Enrique Costa, es vigués. De hecho, ya tienen planeadas aquí sus vacaciones de verano. Con Carla Simón lleva trabajando ocho años -ella impulsó su ópera prima Estiu 1993-, y es precisamente de la directora catalana de quien recoge el testigo del Premio Nacional de Cinematografía.
Zamora es un agente de cambio. Se preocupa de seleccionar películas independientes, muchas hechas por mujeres y sobre mujeres, y consigue que triunfen en una industria todavía masculinizada. Ella, junto a directoras como Simón, moldea el futuro del cine español y lo hace, sin pasar desapercibida, arrasando en las entregas de premios. El pasado lunes, mientras ambas localizaban en la lonja de O Berbés, recibió la llamada del ministro de Cultura, Ernest Urtasun, en la que le comunicó que había ganado el importante galardón.