Aparentaban ser la imagen de la felicidad. Unos padres ilusionados, volcados con su hija adoptiva. Pero ese amor incondicional acabó en la cuneta donde encontraron a Asunta, de 12 años, muerta. Costaba creerlo pero todas las sospechas apuntaban a Rosario Porto y a Alfonso Basterra.

El matrimonio sintió la rabia de una sociedad que asistía atónita a situaciones dantescas, como la declaración de Rosario ante el juez o actos incomprensibles, como la foto con el ataúd de su hija. En el juicio insistieron en negar los hechos pero ambos fueron condenados a 18 años de cárcel por asesinato.