Mohamed, de 11 años, no dudó ni un segundo. Su madre se había mareado, él estaba en la cama y escuchó un golpe. Salió y la vio tirada en el baño. Enseguida llamó al 112. Su entereza al teléfono y la forma en la que dio la información a los operadores del Servicio de Emergencias de Madrid no pasa desapercibida. Además, tranquilizó a su hermano de 6 años que estaba con él. Todo un ejemplo de madurez.