
Marta G. Brea
La cola del hambre lejos de menguar crecen en la ciudad
La calle Urzáiz es una de las más frenéticas de la ciudad, sobre todo en Navidad. Cada día pasan cientos de personas que ojean, compran, van y vienen. Pero en medio del trasiego hay una hora en la que dos mundos contrastan. En la calle Cervantes se inicia una cola que gira la esquina y sube hacia arriba. Son decenas de personas que esperan para poder comer caliente. Otros hacen una fila alternativa para llevarse alimentos que cocinar a sus familias. Dependen de la caridad, aunque muchos en el pasado también formaban parte de esa gran masa de personas que circulaba sin plantearse si pasaría hambre alguna vez. Y es que desde las Misioneras del Silencio advierten de que cada vez hay más pensionistas que requieren sus servicios. Son personas que se ven por primera vez en la vida en una situación así. Lo mismo con los extranjeros, que tienen que acogerse a ayudas mientras esperan que arranque una tediosa burocracia. Más información



