Mientras descargan el pescado dos rapaces sobrevuelan el muelle. Son águilas americanas del desierto cuya efectividad con la disuasión de las gaviotas ha dejado por los suelos la de la tecnología punta. “El Puerto tenía drones, pero las gaviotas que empezaron teniendo curiosidad acabaron por atacarlos”, dice con orgullo el joven cetrero Daniel Martínez. Desde las cinco de la mañana recorre el Puerto Pesquero con su compañero Iván Domínguez y ‘Shakira’ y ‘Fraga’, dos águilas de Harris que evitan que las gaviotas entren en la lonja y “coman, pisen, caguen y contaminen el pescado”, explican.

Usan esta especie exógena porque caza en grupo y reconoce un líder, a diferencia de las ibéricas, lo que facilita su entrenamiento. Sus vuelos resultan disuasorios para las gaviotas, porque “lo más práctico y natural es la cetrería, ya que el único miedo con el que nace una gaviota es al ave de presa”, aclaran. Adiestradas para capturarlas, los cetreros las liberan de las garras de las águilas porque “su instinto es matarlas”, pero no es el objetivo.