El cielo de la urbe olívica, cuando se acuesta un astro mientras el otro trasnocha, es casi siempre un espectáculo. Pero en el ocaso de este lunes y en la madrugada del martes, tanto el sol como la luna se gustaron más de la cuenta. No sólo porque el satélite terrestre esté a unas horas de situarse lo más cerca que puede de nuestro planeta, fenómeno conocido como "superluna" -más grande y brillante de lo habitual-, si no porque la esfera solar cubre su entorno de colores anaranjados y rojizos hasta tal punto que su puesta sobre la ría de Vígo casi convierte ese plato de agua, en un espejismo dunar que nos traslada al desierto. Estas imágenes de vídeo captan esa saturación de colores cálidos cuando la estrella que da luz al planeta se esconde tras las Cíes y la luminosidad plateada de un astro que, por definición, es opaco y sin luz propia, aunque no lo parezca.